El valor añadido y las prioridades

“No importa que continúes en la casa o que renuncies a ella para irte a la selva: tu mente te acosa. […] Si renuncias, no harás otra cosa que sustituir […] el ambiente de la casa por el de la selva. Pero siempre tropezarás con los obstáculos mentales, que incluso se incrementarán muchísimo en el nuevo medio. Cambiar el medio no sirve de nada. […] ¿Por qué cambiar de medio? Puedes realizar ahora tus esfuerzos, cualquiera que sea el medio.” – Ramana Maharshi
Con estas palabras, el maestro de la escuela Advaita, Ramana Maharshi, puntualizaba algo muy importante: que no importa el lugar en donde uno esté, porque si hay obstáculos, están en uno mismo. A veces pensamos que si abandonáramos la civilización seríamos más felices y mejores, pero esto no es necesariamente cierto.

Son nuestras estructuras psicológicas, aquellas a las que estamos tan aferrados, las que configuran las percepciones y maneras de vivir. Lo que percibimos como externo a nosotros es interpretado por los filtros psicológicos -que son nuestras unidades de medida-, y reaccionamos ante ello. Entonces, la pregunta es: ¿quién en mí, qué estructura egoica, se enfurece, se entristece, desea o rechaza?

Lo que hacemos normalmente es rechazar y culpabilizar al medio en el que vivimos, sin interiorizar en el porqué de tomar tal actitud. Si vemos que algo en nuestro mundo inmediato puede cambiar a mejor, es correcto actuar para generar un cambio; y nuestra participación será más abarcadora e íntegra si lo hacemos desde la comprensión de las situaciones, sean cualesquiera que sean. 

Cuando se dicen cosas como estas, surge el pensamiento inmediato de: “es muy fácil decirlo, pero tendrías que verte en esta situación”. O también: “eso está muy bien, pero ¿cómo se hace?”

Un llamado a la Conciencia I; Jeanne de Salzmann

Fragmentos del capítulo "Un llamado a la Conciencia" de la obra La Realidad del Ser de Jeanne de Salzmann.

la realidad del ser: el cuarto camino de gurdjieff-jeanne de salzmann-9788484453499        1. La nostalgia del Ser

El hombre sigue siendo un misterio para sí mismo. Siente nostalgia del Ser, nostalgia de lo duradero, de la permanencia, de lo absoluto. Sin embargo, todo lo que constituye su vida es temporal, efímero, limitado. Aspira a un mundo que lo sobrepasa. Presiente que le podría ser dado participar en él.

El hombre busca una idea, una inspiración, que podría ayudarlo a moverse en esa dirección Esa idea surge en él como una pregunta: “¿Quién soy yo?”… “¿Quién soy yo en este mundo?” Si esa pregunta llega a ser suficientemente viva, puede dirigir su vida. Él no puede responder. No sabe con qué responder. No tiene ningún conocimiento propio que le permita estar frente a esa pregunta. Pero siente que tiene que acogerla. Se pregunta lo que él es. Ése es el primer cambio en el camino. Quiere abrir los ojos. Quiere despertar.

   2. La fuerza de la vida

Uno quiere vivir, estar en la vida. Desde mi nacimiento, algo en mí busca afirmarse en el mundo exterior. Quiero devorar el mundo. No quiero ser devorado. Quiero ser siempre el primero, y muy pronto encuentro la resistencia del mundo. A partir de allí, ese impulso fundamental de autoafirmación asume formas muy curiosas; por ejemplo, la autocompasión o la negación a manifestarse.

Las relaciones humanas I: ¿Cómo son nuestras relaciones con los demás?

Nota: Este artículo ha sido revisado y ampliado para ahondar en las cuestiones que trata esta serie

¿Realmente nos planteamos qué y cómo son las relaciones humanas? ¿De qué manera interactuamos con los otros? ¿Cómo nos afecta e influye en los demás la manera en que nos comunicamos?

Erik Johansson ©
Es indudable que todos estamos conectados. En el nivel más inmediato, los seres humanos estamos relacionados y conectados en todo momento. Todo tipo de ondas y energías son información per se, y tienen un contenido y una influencia constante en aquello que le rodea, que al mismo tiempo es a lo que pertenece. Podemos verlo más claramente si abordamos la cuestión de los campos mórficos de Rupert Sheldrake y el inconsciente colectivo postulado por C.G. Jung. En un artículo anterior abordamos tal interconexión:
 Todo ser humano influye y es influido por los demás; este hecho nos indica que, dependiendo de nuestra actitud volitiva, potenciamos, menguamos, generamos o anulamos situaciones. Cuando tenemos noción de esto, nos damos cuenta de que la adquisición de conocimiento y el desarrollo de nosotros mismos equivalen a participar en la realidad de forma activa y consciente. Esto nos convierte en responsables, en interparticipantes activos de todo lo demás. No me estoy refiriendo a la participación política o ciudadana, sino que más ampliamente estoy hablando de lo que engloba dicha participación; el desarrollo de nuestra conciencia, que abarca la relación con nosotros mismos, con los demás, con el ambiente, con lo inasible, etc. Irradiamos lo que somos; nuestro estado anímico es contagioso. Una persona con depresión puede contagiársela a otras que convivan con ella, por ejemplo. Emitimos ondas, energía, y ello conlleva que se expanda e imbuya a nuestro entorno inmediato. Somos decodificadores de la realidad, y según nuestro Conocimiento decodificamos con menor o mayor nitidez lo que vivimos interna y externamente.

Cada vez que interactuamos con los demás, el intercambio de energía que se genera produce en cada uno cierto cambio y reacción que afecta a nuestra psicología y energía. Las implicaciones de por qué hay cambios y reacciones en nuestras interacciones humanas van por dos caminos: uno, por el de sí mismo, y el otro, por nuestro interlocutor.

Buscando la salida de la cueva

Hay un aspecto vital a tener en cuenta cuando tomamos la determinación de andar el Camino. Este punto tan importante es el de reconocer y vivir conscientemente el estado de estridencia interna en el que vivimos para aprender a ver lo que es beneficioso y perjudicial para nosotros. En el momento en el que conseguimos ubicarnos en un estado de atención durante la meditación u otros métodos, vemos con claridad que andamos sin rumbo de un lado a otro de forma inconsciente.

Sin darnos cuenta vivimos sometidos por los estímulos del exterior, dejándonos guiar por sus influencias, ya sean de amigos, familiares o el estado. A eso añadamos la esclavitud interna de creer en lo irreal y vivir fuera del ahora.

Es como si anduviéramos dentro de una cueva sin un haz de luz con el que guiarnos para encontrar la salida. Nos damos golpes sin ver por dónde caminamos. De vez en cuando oímos un sonido –un estímulo externo- y lo seguimos, con la esperanza de hallar el exterior. Pero ése sonido nos provoca mayor confusión y chocamos más fuertemente con las paredes de roca, las estalagmitas y las estalactitas. Desorientados, tenemos miedo de dar un paso en falso, y sin voluntad, llenos de temor, quedamos paralizados hasta que se oye un nuevo sonido, provocando una nueva y sufriente carrera hacia ningún sitio. De vez en cuando, vislumbramos un pequeño haz de luz, pero acostumbrados a la oscuridad, nos ciega y nos da miedo ir hasta él. Confiamos más en la oscuridad y los sonidos confundidores que de la luz. Ésa luz es la salida real de la cueva, pero habituados a tal condición oscura y confusa, no la reconocemos, y llegamos a pensar que es perjudicial para nosotros.

El terrible enemigo de la identificación

Fragmentos de la obra En busca de lo milagroso, de P.D. Ouspensky.

"«La identificación» es un rasgo tan común, que en la tarea de la observación de sí es difícil separarla del resto. El hombre está siempre en estado de identificación; sólo cambia el objeto de su identificación.

"El hombre se identifica con un pequeño problema que encuentra en su camino y olvida completamente las grandes metas que se propuso al principio de su trabajo. Se identifica con un pensamiento y olvida todos los demás. Se identifica con una emoción, con un estado de ánimo, y olvida otros sentimientos más profundos. Al trabajar sobre sí mismas, las personas se identifican hasta tal punto con metas aisladas que pierden de vista el conjunto. Para ellas los dos o tres árboles más cercanos llegan a representar todo el bosque.

"La identificación es nuestro más terrible enemigo porque penetra por todas partes. En el mismo momento en que creemos luchar contra ella seguimos siendo víctimas de su engaño. Y si nos es tan difícil liberarnos de la identificación, es porque noidentificamos más fácilmente con las cosas que más nos interesan, a las que damos nuestro tiempo, nuestro trabajo y nuestra atención. Para liberarse de la identificación el hombre debe entonces estar constantemente en guardia y ser despiadado consigo mismo. Es decir, que no debe tener miedo de desenmascarar todas sus formas sutiles y escondidas.

"Es indispensable ver y estudiar la identificación a fin de descubrirla en nosotros mismos hasta sus raíces más profundas. Pero la dificultad de la lucha contra la identificación se acrecienta aún más por el hecho de que cuando la gente la nota, la mira como una cualidad excelente y le concede los nombres de «entusiasmo», «celo», «pasión», «espontaneidad», «inspiración», etc. Consideran que realmente no pueden hacer un buen trabajo en cualquier terreno sino en estado de identificación. En realidad esto es una ilusión. En tal estado el hombre no puede hacer nada sensato. Y si la gente pudiera ver lo que significa el estado de identificación, cambiaría de opinión. El hombre identificado no es más que una cosa, un trozo de carne; pierde hasta la poca semejanza que tenía con un ser humano. En el Oriente, donde se fuma el hashish y otras drogas, a menudo sucede que un hombre se identifica con su pipa hasta el punto de considerarse a sí mismo como una pipa. Esto no es un chiste, sino un hecho. Se toma efectivamente una pipa. Esto es la identificación. Pero para llegar a esto no son necesarios en lo más mínimo el hashish o el opio. Miren a la gente en las tiendas, los teatros o restaurantes. Vean cómo se identifican con las palabras cuando discuten o tratan de probar algo, sobre todo algo que no conocen. No son más que deseo, avidez, o palabras; de ellos mismos no queda nada.

"La identificación es el principal obstáculo para el recuerdo de sí. Un hombre que se identifica es incapaz de recordarse a sí mismo. Para poder recordarse a sí mismo, primero es necesario no identificarse. Pero para aprender a no identificarse, ante todo el hombre debe no identificarse consigo mismo, no llamarse a sí mismo «Yo», siempre y en todas las ocasiones. Debe recordar que hay dos en él, que hay él mismo, es decir Yo en él, y el otro con el cual debe luchar y al que debe vencer si quiere lograr algo. Mientras un hombre se identifique o sea susceptible de identificarse, es esclavo de todo lo que puede sucederle. La libertad significa ante todo liberarse de la identificación.”

Alegoría de la caverna de Platón

El filósofo griego Platón narró en el libro VII de la Repúblicauna de las alegorías más conocidas de la filosofía. Trata sobre la posición del ser humano respecto al conocimiento y su percepción de la realidad.

"Después de eso –añadí– represéntate la naturaleza humana en la siguiente coyuntura, compara nuestra naturaleza respecto de su educación y de su falta de educación con una experiencia como ésta. Imagínate una caverna subterránea, que dispone de una larga entrada para la luz a lo largo de ella.

En ella están desde su niñez unos hombres con las piernas y el cuello encadenados, de modo que deben permanecer allí y mirar sólo delante de ellos, imposibilitados como están por las cadenas de volver la vista atrás.

Pon a su espalda la llama de un fuego que arde sobre una altura a distancia de ellos; y entre el fuego y los cautivos un camino eminente franqueado por un muro, semejante al biombo que los titiriteros levantan delante del público para mostrar, por encima del biombo, los muñecos y las maravillas que disponen. 

–Ya me imagino eso –dijo. 
– Imagínate ahora que, del otro lado del tabique, pasan sombras que llevan toda clase de utensilios y figurillas de hombres o animales, hechos en piedra y madera y de diversas clases; y entre los que pasan unos hablan y otros callan. 
–¡Extrañas imágenes describes, y extraños son esos prisioneros!. 
–Pero son como nosotros. Pues en primer lugar, ¿crees que esos hombres han visto de sí mismos, u otros, algo que no sean las sombras proyectadas por el fuego en la parte de la caverna que tienen frente a sí? 

Retorno al Conocimiento VII: Vivir de instante en instante

Lo único real es el instante. No es un segundo, ni una milésima, ni una millonésima de segundo; el instante no tiene medida de tiempo porque se sucede continuamente. Cuando vivimos de instante en instante no hay historia personal ni memoria acumulada que nos conduzca, porque el estado de atención va más allá de nuestro convencionalismo psicológico.

En nuestro estado habitual de sueño, en el que nos regimos por unas u otras características psicológicas, consideramos que las cosas han de ser de una manera determinada, que se ha de actuar siempre igual ante las mismas situaciones. En esta continuidad, lineal y repetitiva, no vivenciamos la Realidad, ya que la hemos sustituido por la degustación de las sensaciones y las recreaciones psicológicas. Es así cómo vivimos en una burbuja particular, la cual protegemos para que no estalle.

Vivir en el instante es la practica de la flexibilidad, porque las normas por las que se gobierna el ego no aparecen, y si lo hacen no se manifiestan tan fuertemente, puesto que la atención consciente del instante permanece. En el instante se es flexible porque se actúa según la necesidad del momento y la situación.

En el instante hay claridad, es el wu wei del Tao. Se actúa sin imponer la voluntad ni el deseo. Es adaptación, comprensión de lo que va más allá de las apetencias, las sensaciones y los fenómenos. No hay complicación, sino diligencia. Hay saber-hacer, no vanas esperanzas. Hay movimiento sin espera de resultados.  

En el instante a instante una pregunta es una respuesta, y esto lo vivimos en los koan. No hay respuesta a la pregunta, sino naturaleza de la pregunta, que es en sí una respuesta. De instante en instante podemos conocer la naturaleza de aquello que vivenciamos, sin elucubraciones ni deducción alguna. Es participación, conocimiento. Participación del origen, participación de lo que somos, conocimiento de lo que es y lo que no es. No hay pretensión ni necesidad de saborear una sensación, emoción o pensamiento. No hay esfuerzo, pero sí fortaleza; no hay llenado, pero se está lleno.


El instante Es. 

Retorno al Conocimiento VI: La historia personal, la incertidumbre y la impermanencia

Vivimos buscando certezas y nos identificamos con nuestra historia personal a cada momento, cuando la incertidumbre y la impermanencia son la única realidad. Aceptar esta situación nos permite vivir de instante en instante.

Vamos a dar un pequeño repaso resumiendo lo que hemos abordado hasta ahora para ubicarnos más adecuadamente en los temas que estamos tratando en esta serie de artículos.

El enfoque moderno de la espiritualidad está ligado a la idea científico-capitalista de progreso y beneficio. Tal consideración nos lleva a la búsqueda de metas y logros constantes, a respuestas inmediatas y a la potenciación de estados psicológicos que pueden ser perjudiciales si no los gestionamos adecuadamente. Intentamos afianzar todo lo que aprendemos de una manera que acomode nuestra vida, utilizando egoístamente los conocimientos adquiridos para que no haya sobresaltos en nosotros. Una actitud típica venida de la codicia por obtener comodidad psicológica y etiquetas fijas en todo y todos.

Las dinámicas egoicas, la ignorancia de lo que somos y la estrecha visión que tenemos de la realidad nos mantiene en un sueño que todos compartimos.

Este sueño –representado bajo diferentes símbolos y alegorías a lo largo del tiempo-, nos mantiene bajo el imperio de un sistema que rige los ciclos de vida del planeta. Esto es llamado Ley General en la Tradición ortodoxa oriental. La Ley General es necesaria y divina. Permite que la vida siga. Para ello, varias leyes dentro de esta gran ley nos someten. El hambre, la necesidad de procrear, el miedo, etc., son algunas de sus manifestaciones.

Esta ley se manifiesta en forma de diferentes influencias, llamadas influencias A, las cuales se muestran en forma de idiosincrasias culturales, por ejemplo, en el condicionamiento de la experiencia puramente subjetiva, etc. Estas influencias tienen la función de mantenernos en el lugar que nos corresponde según la Ley General, que es la de servir al conjunto.

En el momento en que un individuo, por alguna causa, experimenta que hay algo más allá de lo conocido, comienza a abrírsele una puerta hacia otro tipo de vida que, según la Tradición, es llamada Ley de Excepción. En este punto puede empezarse un trabajo serio sobre sí mismo, el cual requiere esfuerzos constantes, pero no forzados, porque todo aquello que se fuerza demasiado suele acarrear el resultado contrario al que esperábamos o pretendíamos llegar. Es un camino de constancia y paciencia.

Imaginemos que nos disponemos a emprender una caminata.

Retorno al Conocimiento V: Una primera ubicación

Como ya hemos comentado hasta ahora, las interacciones e interrelaciones de todo lo que existe son constantes e ininterrumpidas. En un capítulo anterior describimos el tipo de influencias o elementos que constituyen la manifestación de la Ley General en nuestro mundo interior y exterior; estos elementos son las influencias A. Respecto al trabajo interior, podemos decir que las influencias A son el ruido que distorsiona el sonido de lo Real, ya que su cometido es otro. Su función consiste en mantener a los seres humanos dentro de la Ley General, y por naturaleza son opuestas al Camino, que está fuera de su jurisdicción.

Por ello, como también ilustré, aquel que trabaja sobre sí penetra en la Ley de Excepción; y es llamada de esta manera porque no es común que se dé este hecho.

¿Y cómo conseguimos que las influencias A dejen de someternos como lo hacen?

Búsqueda y tendencias

Existen otro tipo de influencias de carácter consciente, y su naturaleza es la de la Conciencia misma: real, perenne, conectada y participante de la Realidad. Estas son las influencias B.

Las influencias B las encontramos en la enseñanza interior de religiones como el cristianismo –tanto la mística cristiana como la Tradición Ortodoxa Oriental-, el islam –el sufismo, su corazón-, el zen, el taoísmo, ciertas escuelas filosóficas, las escuelas de Misterios, algunas escuelas de los nativos de América, etc. También, en la actualidad, podemos encontrar influencias conscientes en películas y libros modernos.

Sabiduría sufi: ¿Contra quién es la batalla?

Extraído de: http://sabiduriasufi.blogspot.com.es/

La verdadera Yijad, la Yijad-al-Akbar (la gran lucha) se realiza dentro de nosotros mismos. No es contra el otro, aunque piense distinto o sea distinto o actúe diferente. Es la lucha para encontrarnos a nosotros mismos. Un guerrero sabe que para ganar la batalla se debe conocer al enemigo. ¿Contra quién estás peleando.

Solo cuando conoces bien a tu enemigo le puedes vencer. Nuestro enemigo somos nosotros mismos.

El nafs (el ser terrenal o ser bajo, la personalidad falsa) que hemos fabricado con el miedo, la arrogancia, la avaricia y el enojo. Sabiendo que hay algo mal, pasamos al segundo paso – vigilancia y la compilación de información y conocimiento acerca del enemigo. Debemos empezar por un programa de auto vigilancia continua. ¿Quién eres? ¿quién crees que eres? ¿quién pretendes ser? ¿qué mascaras traes y por qué? ¿qué te hace mover, actuar, reaccionar...hacer? ¿estás haciendo o reaccionando? ¿por qué quieres lo que quieres? El Sufismo es la esencia de la religión. Islam significa Sumisión a Dios. El Sufismo guía al practicante a la realidad de eso.

La altura del cielo, el espesor de la tierra; Liu I-Ming

El cielo en su conjunto es extremadamente alto. Abierto, redondo, inconmensurable, ilimitadamente vasto. Todo lo cubre, todo lo contiene, crea millones de seres sin esperar ninguna recompensa. Permite que los propios hombres decidan entre ser respetuosos y falsos, solidarios y hostiles. Ya sean buenos o malos, atractivos o repulsivos, ya sean violentos y tercos o dóciles y obedientes, se les permite que lo sean sin ser forzados a nada.
La tierra tiene un gran espesor. Es humilde, está debajo de todo, todo lo soporta y a todos los seres alimenta. Puede soportar incluso el peso de grandes montañas, y puede tolerar incluso la fuerza erosiva de las grandes aguas. Tolera ser atravesada por plantas y árboles, y se somete al pisoteo de los pájaros y las bestias. No le importa ser degradada por la polución.
 Al observar esto me doy cuenta de que este es el Tao de la imitación del Cielo y de la Tierra. Si los hombres pueden tener una mente abierta y ser magnánimos, ser receptivos a todo, compadecerse de los ancianos y de los pobres, ayudar a aquellos que se encuentran en peligro y socorrer a aquellos que estén atravesando por problemas, entregarse sin esperar una recompensa, no guardar nunca rencor, contemplar a los demás y a sí mismos con imparcialidad, y comprender que todo es unidad, entonces podrán ser compañeros del cielo.
Si los hombres pueden ser flexibles y complacientes, humildes, tener autocontrol, mantenerse completamente libres de toda agitación, liberados de toda volatilidad, no enfadarse ante las críticas, ignorar los insultos, aceptar todas las dificultades, las enfermedades y los desastres naturales, y no mostrar la menos señal de ansiedad o de resentimiento cuando se enfrenten al peligro o a la adversidad, entonces podrán ser compañeros de la Tierra.
Cuando el hombre posee la nobleza del Cielo y la humildad de la Tierra, se hace partícipe de los atributos del Cielo y de la Tierra, y se perpetúa junto con ellos hacia la eternidad.

Simbología: La escalera

Escalera. 1. La escalera es el símbolo de la progresión hacia el saber, de la ascensión hacia el conocimiento y la transfiguración. Si se eleva hacia el cielo, se trata del conocimiento del mundo aparente o divino; si vuelve a entrar en el subsuelo, se trata del saber oculto y de las profundidades de lo in consciente. La escalera blanca representa a veces la alta ciencia; la escalera negra, la magia negra. Como la à escala, simboliza la búsqueda del conocimiento exotérico (la subida) y esotérico (la bajada) (HAMK, 6).
2. Los egipcios conocen igualmente este símbolo de la ascensión. Las pirámides son ya una analogía de la escalera; lo que es particularmente evidente en el caso de las pirámides escalonadas. Otras obras plásticas representan a las almas de los difuntos subiendo una escalera de siete o nueve peldaños, para rendirse ante el trono de Osiris y sufrir la prueba de la psicostasia. Se representan barcas que llevan en el centro, a guisa de mástil y velamen, una escalera de siete o nueve peldaños, que «simboliza la última y definitiva ascensión del alma hacia las estrellas, en las cuales se confundirá al unirse a la luz de Ra; son las Barcas de la Escalera del Cielo, símbolos de la ascensión del alma» (CHAM, 139,171).

3. La escalera es un símbolo ascensional clásico, que designa no solamente la subida en el conocimiento, sino una elevación integrada de todo el ser. Participa de la simbólica del eje del mundo, de la verticalidad y de la espiral. Cuando tiene una forma espiraloide, atrae particularmente la atención sobre el foco del desarrollo axial, que puede ser Dios, un principio, un amor, un arte, la conciencia o el yo propio del ser que está en curso de ascensión y que se apoya entera mente en este foco, alrededor del cual dibuja sus volutas. Como todos los símbolos de este tipo, la escalera reviste un aspecto negativo: es el descenso, la caída, el retorno a la tierra e incluso al mundo subterráneo. Pues la es calera enlaza los tres mundos cósmicos y se presta tanto a la regresión como a la ascensión; ella resume el drama entero de la verticalidad.

Fuente: Diccionario de los símbolos, Jean Chevalier.

Dhammapada: Capítulo I, Los Versos Gemelos

El Dhammapada o Dharmapada es un escrito sagrado budista atribuido a Buda.
La palabra “Dhammapada” se halla compuesta por los términos “Dhamma” y “Pada”. Éste último equivale a “sendero”, mientras que “Dhamma” (en sanscrito,
“Dharma”), posee un significado del cual difícilmente pueda hallarse un equivalente en castellano u otra lengua occidental. A modo de aproximación se puede decir que Dhamma es “rectitud”, “verdad”, “virtud”, “sabiduría”, “religión”. De allí que Dhammapada se lo traduzca a veces por “El Sendero de la Virtud” o “El Camino de la Verdad”.

 CAPITULO I 

LOS VERSOS GEMELOS

1. Las condiciones en las cuales nos
hallamos actualmente son el resultado de
nuestros anteriores pensamientos. Si una
persona habla o actúa motivada por un mal
pensamiento, el dolor irá tras ella, como la
rueda del carro tras la pezuña del buey que
lo arrastra.
2. Las condiciones en las cuales nos
hallamos actualmente son el resultado de nuestros anteriores pensamientos. Y si una
persona habla o actúa motivada por un buen
pensamiento, la dicha le seguirá en todo
momento, como la sombra compañera sigue
a un viajero.
3. “¡Me ha insultado, me ha herido, me
ha maltratado, me ha humillado!” El que
piensa así nunca podrá dejar de odiar.
4. “¡Me ha insultado, me ha herido, me
ha maltratado, me ha humillado!” El que ha
dejado de pensar así ya ha cesado de odiar.
5. “El odio no cesa con el odio, el odio
cesa con el amor.” Esta es una ley muy
antigua.
6. Quienes ignoran que el odio los lleva
a su propia destrucción, se sumergen en el
error. Pero quienes esto saben, evitan que la
semilla del odio se desarrolle en su corazón.

Retorno al Conocimiento IV: El compromiso interior

¿Hasta dónde uno está dispuesto a llegar? ¿Qué se quiere conseguir? En el trabajo interior, si no hay compromiso, nada puede hacerse ni desarrollarse. El compromiso interior es tener como prioridad el Conocimiento. Se vive y mantiene de instante en instante. 

El compromiso con uno mismo es una de las primeras condiciones para andar el Camino del Conocimiento. Transitamos por la vida demandando respeto y responsabilidades, pero ni siquiera nos respetamos ni nos responsabilizamos de nosotros mismos. Así se vuelve complicado trabajar sobre nosotros. Llenos de nosotros mismos en la superficialidad, olvidamos nuestra interioridad. No nos comprometemos a conocernos. De esta manera, atados a nuestros estados psicológicos y a las influencias externas, nos faltamos al respeto continuamente. No nos atendemos; más bien nos desatendemos. No ponemos atención a lo que somos en realidad; actuamos como si ya fuéramos algo hecho y que ése algo es lo único que hay, que eso es lo que somos. Y como además nos identificamos con ello, “ya está bien como estamos”, llegamos a pensar.

El compromiso requiere voluntad, perseverancia y constancia. No hay término medio cuando se habla de compromiso. Análogamente, un compromiso matrimonial no se hace a medias; no se está medio-comprometido, no se está medio-casado. O se está comprometido o no se está. Cuando uno se compromete, lo hace para dar el máximo de sí. Esto no cambia en el compromiso consigo mismo. De hecho, se multiplica. Es vivir más intensamente, recordarse a sí mismo, estar presente.

El silencio del Sabio

Seguido por una cuarentena de discípulos, Li-Tsé fue a casa de Nan-kouo-tsé. Este estaba tan perdido en la abstracción que fue imposible entablar cualquier conversación. Echó sobre Li-Tsé una mirada vaga sin dirigirle ninguna palabra, luego, dirigiéndose a los últimos discípulos, les dijo: 

-Celebro que busquéis la verdad con coraje... 

No dijo más.Los discípulos regresaron muy sorprendidos. Li-Tsé les dijo:

-¿De qué estáis sorprendidos? Aquel que ha obtenido lo que pedía, ya no habla. Lo mismo ocurre con el sabio que calla una vez ha encontrado la verdad. El silencio de Nan-kouo-tsé es más significativo que cualquier palabra. Su aspecto apático encubre la perfección de la ciencia. Este hombre no habla ni piensa porque lo sabe todo. ¿De qué os extrañáis?

Retorno al Conocimiento III: La búsqueda de felicidad causa sufrimiento

Hemos descrito resumidamente la Ley General, que a todos nos “mantiene en nuestro lugar”. ¿Qué significa a nivel práctico?

Camille Flammarion, L'Atmosphere: Météorologie Populaire (París, 1888),
Nos dejamos atrapar por multitud de motivos. Creemos que si cambiáramos de paradigma la humanidad se transformaría, pero en una situación como la de ahora, en la que el conjunto humano está abocado a su auto aniquilación, un cambio en la manera de funcionar no daría grandes resultados. Una transformación real es aquella que nace de las Conciencias de los seres humanos, las cuales se encuentran profundamente dormidas. La Ley General es la fuerza gravitatoria que a todos nos arrastra, y por tanto, tarde o temprano, cualquier iniciativa de cambio se revertiría para satisfacer las necesidades de tal ley.

Las influencias A

Antes de continuar, considero necesario mencionar de forma más concreta cuáles son los tipos de influencias que nos arrastran y mantienen dormidos en nuestro día a día. Tales influencias son las que permiten que continuemos en la no-realidad de Maya, en la oscura y lúgubre caverna de Platón.

Las influencias creadas por la vida común, pertenecientes a las sociedades, los países, las culturas, la educación familiar, la propia experiencia y condicionamiento en la vida, etc., son aquellas que nos arraigan y someten nuestra libre voluntad para que continuemos en la inconsciencia. Estas influencias son conocidas en la Tradición como "influencias A”.

Ejemplos concretos de influencias A son: los estilos de vida y las modas, las ideologías como el capitalismo, el comunismo o el anarquismo, las idiosincrasias tanto de países como de familias, etc. Las palabras que denotan adhesión a una doctrina o grupo terminadas con los sufijos –ismo o –ista están dentro de esta categoría de influencias, incluso a nivel religioso, porque hay un componente de identificación claro y esto es contraproducente.

La profunda comprensión; G.I. Gurdjieff

A continuación un fragmento de la obra de G.I. Gurdjieff Encuentros con hombres notables. El siguiente fragmento aborda la cuestión de la comprensión interna del Ser en las cuestiones de la vida. 

"Pasando de un valle a otro, entrando en contacto con las más diversas tribus, llegamos al fin al centro del país de Afride, en una región considerada como el corazón del Kifiristán.

Editorial Sirio.
En el camino hicimos todo cuanto se puede esperar de un dervi­che y de un seida; yo cantaba en persa versículos religiosos, mientras el profesor me acompañaba tocando mal que bien los ritmos apropiados en un tamboril que le servía luego para pedir limosna.

No describiré nuestro camino, ni tampoco las aventuras ex­traordinarias que nos sucedieron, sino que pasaré inmediatamente al relato de nuestro accidental encuentro, no lejos de ese centro de los Afrides, con un hombre que dio una nueva orientación a nuestra vida interior en forma tal que todas nuestras expectativas, nuestros pro­yectos y el mismo plan de nuestro viaje, fueron modificados.
[…]
Al abandonar los Afrides, teníamos la intención de ir al Tehitral. En el primer burgo importante que encontramos en nuestro camino, en la plaza del mercado, un anciano vestido como un aldeano se acer­có a mí y me dijo en voz baja, en el más puro griego: «No tema usted nada, por favor. Adiviné por pura casualidad que era usted griego. No necesito saber quién es ni por qué está aquí. Simplemente me gustaría mucho hablar con usted y respirar el mismo aire que un compatriota, porque hace cincuenta años que no veo a un hombre nacido en la tie­rra donde también yo nací».

El Tao del Jeet Kune Do, Bruce Lee

Algunos fragmentos extraídos del libro El Tao del Jeet Kune Do de Bruce Lee. 

Si nada dentro de ti es regido, las cosas externas se revelan por sí mismas. En movimiento sé como el agua. En reposo sé como un espejo. Responde como el eco.

Ver una cosa sin el color de las preferencias y los deseos personales es verla en su simplicidad primigenia.

El camino perfecto solo es difícil para aquellos que eligen y escogen. Que no te guste, que no te disguste; entonces todo estará claro. Por un pelo de diferencia, el cielo y la tierra se separan; si quieres que la verdad este claramente delante de ti, nunca estés a favor o en contra. La lucha entre «a favor» o «en contra» es la peor enfermedad de la mente.

Una afirmación es Zen tan solo cuando sea en sí misma un acto, y no se refiera a algo que se declare en ella.
En el Budismo no hay lugar para utilizar el esfuerzo. Hay que ser normal y nada especial. Comer tu comida, mover tus intestinos, pasar el agua y cuando estés cansado, acostarte. El ignorante se reirá de mí, pero el sabio comprenderá.

El Octuple Sendero del Budismo
Los ocho requisitos para eliminar el sufrimiento corrigiendo los valores falsos y dando conocimiento verdadero del significado de la vida, han sido resumidos según sigue:

1. Punto de vista correcto (comprensión): Hay que ver claramente lo que esta equivocado.
2. Propósito correcto o (aspiración): Decide curarte.

Retorno al Conocimiento II: El estado de sueño colectivo y el despertar Parte II

En la Parte I de este capítulo describimos el concepto de sueño colectivo, llamado Maya sobre todo por los hindúes, aunque el budismo también hace mención del término. La alegoría de la caverna de Platón y el Demiurgo platónico y gnóstico nos hablan de lo mismo en su esencia: el mundo fenoménico es el que percibimos, y ésa no es la realidad completa.

La alegoría de la Caverna de Platón.
En el contexto actual, en el que supuestamente el sueño colectivo es uno impuesto para esclavizarnos, el hecho de verlo se considera liberarse del sueño cuando, en realidad, seguimos viendo la manifestación de los fenómenos, solo que desde otro ángulo. Hemos de tener presente que nuestra conciencia está dormida porque nuestra psicología y enfoque de vida se basa en las sensaciones, las conceptuaciones y la emocionalidad.

Es muy importante cambiar nuestra concepción de qué es el sueño si queremos dirigirnos hacia un camino de conocimiento. No se trata de obsesionarse con ello ni de estudiarlo coma por coma, sino de tener presente que nuestro estado normal desde casi el nacimiento es el de estar dormidos, y que son necesarios años de paciencia y tenacidad para empezar a despertar conciencia. Aceptar esta situación es la piedra angular para el trabajo. Admitir que en cualquier momento volveremos a caer en el estado de sueño nos libera de exigencias y culpabilidades, lo cual nos permite comprendernos mejor a nosotros y a nuestros congéneres desde la solidaridad. ¡No ocurre nada maligno por errar[1]!

Simbología: Puente

Puente de Gaztelugatxe. 
Puente. 1. El simbolismo del puente, en cuanto permite pasar de una ribera a otra, es uno de los más universalmente extendidos. Este paso es el de la tierra al cielo, el del estado humano a los estados suprahumanos, el de la contingencia a la inmortalidad, el del mundo sensible al mundo suprasensible (Guénon), etc. Diversas leyendas de la Europa oriental hablan de puentes de metal atravesados sucesivamente a caballo; Lanzarote atraviesa un puente-sable; el puente Chinvat, el divisor de la tradición irania, es un paso difícil, ancho para los justos y estrecho como una hoja de afeitar para los impíos; estos puentes estrechos o cortantes se reducen a veces a un bejuco vacilante. El Oriente antiguo, la visión de san Pablo, los Upanishad mencionan símbolos parecidos. El viaje iniciático de las sociedades secretas chinas conoce también el paso de puentes: hay que pasar el puente (kuo-kiao), sea un puente de oro, representado por una banda de estofa blanca, sea un puente de hierro y cobre, reminiscencia alquímica en la que el hierro y el cobre corresponden al negro y al rojo, al agua y al fuego, al norte y al sur, y al yin y al yang. No es superfluo precisar que este puente es simbolizado a veces por una espada.
Se advierten pues dos elementos: el simbolismo del pasaje, y el carácter frecuente mente peligroso de ese paso, que es el de todo viaje iniciático. El paso de la tierra al cielo identifica el puente con el à arco iris, ese pasillo echado por Zeus entre ambos mundos y que recorre la hermosa Iris, su mensajera de buena nueva. El parentesco es evidente en el caso de los puentes arqueados del Extremo Oriente; así, los que dan acceso a los templos shintoístas, imágenes del puente celeste que introduce al mundo de los dioses, y cuya travesía se acompaña de purificaciones rituales. También lo identifica con el eje del mundo en sus diversas formas, y especialmente con la à escala, en cuyo caso se considera que el puente está vertical.

Retorno al Conocimiento II: El estado de sueño colectivo y el despertar. Parte I

"Esto no es una pipa".
The Treachery of Images, René Magritte,1929
Desde hace varios años los círculos de la Nueva Era y derivados utilizan la palabra despertar dándole un significado que no tiene ninguna relación con la realidad espiritual. Igualmente, el término “sueño” o “hipnosis” colectiva se ha reinterpretado siendo adaptado a las situaciones históricas occidentales, distanciándose de los significados auténticos y perennes, los cuales sí que nos brindan una explicación y acercamiento a la Realidad propiamente dicha, en lugar de sumergirnos en la confusión y la incomprensión. 

El estado de sueño colectivo

La idea actual que se tiene de sueño colectivo es la siguiente: hay una serie de grupos de poder que mantienen nuestras mentes esclavizadas y nuestras vidas dirigidas de tal manera que no somos libres de escoger cómo vivir, siendo estos dirigentes secretos quienes dominan a la humanidad y al mundo entero. Hay quien dice que son humanos u otros seres de aspecto reptil, dependiendo la fuente.

Si bien es cierto, como ha ocurrido siempre, que hay grupos gobernantes que estipulan las maneras de vivir, no son éstos los causantes del sueño colectivo. Forman parte de él y lo alimentan, igual que nosotros. Esto no es sueño, es una manipulación a la que nosotros cedemos. El sueño colectivo es otra cosa, y la descripción original y consciente no le da la responsabilidad a nada externo a uno mismo.

Como se habla de sueño, rápidamente los mercaderes de la pseudo espiritualidad utilizaron un término hindú para definirlo: Maya. Pero, ¿qué es Maya en realidad?

Simbología: El Árbol

Yggdrasil by Fulgurer
Yggdrasil, por Fulgurer.©
El árbol es un símbolo universal utilizado por toda cultura, siendo interpretado a través de alegorías cosmológicas y al mismo tiempo como conducto de buenas acciones y actitudes.

En el Diccionario de símbolos de Jean Chevalier encontramos claras referencias del árbol en su papel alegórico como explicación al camino interior:
El árbol es el símbolo de la regeneración perpetua, y por tanto de la vida en su sentido dinámico. «Está cargado de fuerzas sagradas, en cuanto es vertical, brota, pierde las hojas y las recupera, y por consiguiente se regenera; muere y renace innumerables veces».(ELIT, 235).[…] 6. Una evolución continua. El árbol se considera también símbolo de la unión de lo continuo y lo discontinuo. «Ramos, ramas, follajes están ligados y el árbol es unidad. Esto es lo que vuelve al tronco equivalente al árbol entero. Pero cuando se imagina al tronco en su descuartizamiento, su súbita rotura hace de la horquilla la imagen sobria de lo discontinuo. La gran continuidad de su conjunto engloba la unidad central de su tronco y la discontinuidad periférica de su divergencia. Así imaginamos la rama como siendo a la vez una unidad diferenciada y una parte integrante del conjunto al cual permanece atada.» En la vía hacia la individuación del hombre, que consiste en reducir lo múltiple a la unidad, el árbol representaría una progresión ordenada, el aspecto dinámico, la posibilidad de expansión.

Retorno al Conocimiento I: Un enfoque erróneo

Atardecer, de José Muradás

En la naturaleza del ser humano se encuentra la facultad de la curiosidad por conocer. Somos inherentemente observadores, buscadores de conocimiento. Pero los tiempos cambian, y las tendencias se acentúan. Ahora la observación tiene como finalidad el beneficio personal o económico. La investigación científica busca la ganancia, y la observación de cuanto ocurre a nuestro alrededor es una exploración de lo agradable y lo desagradable. Lo común es practicar la observación externa, ignorando por completo la autoobservación.

Los sabios antiguos no obraban así. Las mitologías, los simbolismos y la cultura se centraban en enseñar los procesos internos que vive un ser humano a lo largo de su vida, y al mismo tiempo se educaba a la población para que aprendiera a vivir en armonía con sus semejantes. Los rituales ayudaban a encarnar los valores de la Conciencia, representados por figuras arquetípicas que eran personificadas por el pueblo mismo.

No voy a obviar que la historia humana es una de miseria, pero ése hecho no quita importancia a que al menos un sector de las poblaciones se ocupaba de los asuntos del alma, cosa que ya no ocurre. Ahora lo que se llama espiritualidad es un mercado que lo único que hace es ensalzar los egos del consumidor y los vendedores. Prácticamente solo hay mercaderes del templo[1] o, en el mejor de los casos, gente sincera pero equivocada por su ignorancia.

Retorno al Conocimiento: Introducción


Damos inicio a una serie que revisará la concepción que tenemos de la espiritualidad. 

El mundo de hoy está fundamentado en la visión de progreso. Según esta perspectiva, todo ha de dirigirse hacia algún lugar mejor que la posición que mantiene en la actualidad. La tecnología cada día es más sofisticada. Se inventan y reinventan modos de vida a cada instante. La medicina aparentemente avanza. Se nos ha inculcado la necesidad de mejorar, de triunfar, de ponernos metas para cumplir con los deseos. ¿Es necesario enfocar la vida de tal manera? Esperamos lograr resultados en toda actividad que realizamos; tenemos aspiraciones y vivimos en torno a ellas, por pequeñas que estas sean.

Creemos que si no es así, si no tenemos metas, no somos nadie y nuestra vida será una vacía y sin sentido. Provocamos que nuestras pretensiones sean el motor de nuestras vidas. ¿Hacia dónde nos llevan dichas actitudes?

Otra creencia compartida entre todos es que somos mejores en todo que nuestros antepasados. Creemos que debido al avance de la ciencia y la técnica somos superiores a otras culturas. Vivimos como si ya no formáramos parte de la Historia, como si estuviéramos más allá de ella.

Debido a que pertenecemos a una sociedad de la información, somos consumidores masivos de datos. Nos hemos perdido en la barahúnda de las informaciones cruzadas, y las pocas certezas que tenemos están aún más escondidas que antes entre lo inmediato y enmarañado. Nos intoxicamos de información cada día, consumiendo todo tipo de datos sin darnos el tiempo necesario para la reflexión y la comprensión. Pero tal cosa no se tiene demasiado en consideración. Nos creemos más inteligentes y mejor preparados por la disponibilidad informativa a la que tenemos alcance.

Desde luego, todas las consideraciones mencionadas son el caldo de cultivo en el que nos movemos hoy, y los resultados son más que evidentes; la decadencia de los valores humanos, la infelicidad y el sufrimiento son marcas profundas de nuestra sociedad. No es nada nuevo, pero darnos cuenta de tal dinámica social es importante para ver que no somos mejores  ni más sabios que los antiguos. Sabemos más –supuestamente-, pero no significa que seamos más sabios.

Es importante considerar lo siguiente: la diferencia entre saber y comprender.

Saber es informarse, obtener datos, mientras que la comprensión es la asimilación de una información a través de la reflexión y la experiencia. La experiencia se vive no solo con el intelecto, sino también desde el sentimiento, el instinto y más allá de eso, la Conciencia. Con el saber solo acumulamos datos; con la comprensión los ordenamos y le damos una dimensión mucho más profunda a aquello que estamos tratando, porque nos convertimos en aquello que nos disponemos a conocer, haciéndolo práctico. Si prestamos atención a esta diferencia advertimos que la comprensión es más escasa de lo que podemos imaginar, y que además no nos diferencia de nuestros antepasados, porque saber no tiene valor si no se comprende.

Hoy se crean sistemas y métodos en los que se confunden las terapias y la espiritualidad, la forma de alimentarse con el desarrollo del alma, y la huida de la realidad con vivir conscientemente.

La motivación de esta serie, Retorno al Conocimiento, es la de revisar nuestras ideas sobre lo que es el conocimiento y el autoconocimiento teniendo presente que los sabios y escuelas de conocimiento del pasado ya conocían qué es la interioridad humana y su espiritualidad, y que no es necesario inventar nada respecto a los caminos espirituales porque no hay nada nuevo bajo el sol; solamente lo hemos olvidado. 

La historia personal

Vivimos dentro de una historia que creemos que nos representa. El pasado nos ata; la preocupación por el futuro nos abruma. En nuestra historia personal, existen una serie de hechos que nos configuran, una moralidad, percepción y continuidad egoica que nos hace dar vueltas en círculos constantemente. La historia personal es una trampa del ego disfrazada de coherencia y solidez. Pero en realidad, la historia personal lo que provoca en nosotros es la caída hacia la identificación con el ego y su consecuente continuación de sus movimientos. Aunque seamos contradictorios, a veces no nos damos cuenta, en parte porque nuestra historia personal parece coherente y continua. Los pequeños yoes forman un todo. Boris Mouravieff, en su obra Gnosis, comenta al respecto:
Dado que el Yo de la Personalidad está formado por un número considera­ble de pequeños Yoes dispuestos en diferentes grupos que, a su vez, rigen nuestras actitudes y nuestras acciones ¿cómo conciliar este estado caótico con la continuidad, aunque más no sea aparente, de nuestra vida psíquica? Tres son los elementos que fundamentan esta apariencia de continuidad: —el nombre;—la experiencia fijada por la memoria;—la facultad de mentirse y de mentir a los demás. El nombre que llevamos corresponde al Yo de la Personalidad [...]. Desde la adolescencia, el nombre corresponde también a la representación que el hombre se hace de sí mismo en el estado de vigilia más, a menudo, el agregado de una imagen ideal de sí, imagen de lo que aspira a ser o devenir. Por eso se aferra a su nombre como a una tabla de salvación. En efecto, todo lo que existe tiene un nombre, sin nombre no podemos imaginar ninguna existencia psíquica o física, real o fáctica.          

El estado de identificación y la consideración interna

El estado de identificación es uno de los hechos más característicos en nuestra psique. Continuamente necesitamos identificarnos con todo. Buscamos adónde aferrarnos en cada momento de nuestra vida. Buscamos la creencia y la esperanza, y nos perdemos entre sus nieblas. No sólo nos aferramos a lo externo, sino también a nuestros rasgos psicológicos. Creamos nuestros propios principios sino es que seguimos los de un grupo, ya sea religioso de cualquier tipo, y los seguimos ciegamente sin reflexión. Forma parte de la mecanicidad humana. Así, identificados con todo, no somos nada. En la obra  Fragmentos de una enseñanza desconocida[1], de P.D. Ouspensky, Gurdjieff dijo:        
"«La identificación» es un rasgo tan común, que en la tarea de la observación de sí es difícil separarla del resto. El hombre está siempre en estado de identificación; sólo cambia el objeto de su identificación. "El hombre se identifica con un pequeño problema que encuentra en su camino y olvida completamente las grandes metas que se propuso al principio de su trabajo. Se identifica con un pensamiento y olvida todos los demás. Se identifica con una emoción, con un estado de ánimo, y olvida otros sentimientos más profundos. Al trabajar sobre sí mismas, las personas se identifican hasta tal punto con metas aisladas que pierden de vista el conjunto. Para ellas los dos o tres árboles más cercanos llegan a representar todo el bosque. "La identificación es nuestro más terrible enemigo porque penetra por todas partes. En el mismo momento en que creemos luchar contra ella seguimos siendo víctimas de su engaño. Y si nos es tan difícil liberarnos de la identificación, es porque nos identificamos más fácilmente con las cosas que más nos interesan, a las que damos nuestro tiempo, nuestro trabajo y nuestra atención. Para liberarse de la identificación el hombre debe entonces estar constantemente en guardia y ser despiadado consigo mismo. Es decir, que no debe tener miedo de desenmascarar todas sus formas sutiles y escondidas.

Simbología arbórea: El abedul

1. El abedul es por excelencia el árbol sagrado de las poblaciones siberianas, para quienes asume todas las funciones del Axis mundi (à eje, à árbol). Como à pilar cósmico recibe siete, nueve o doce entalladuras que representan los niveles celestes.
En los ritos de iniciación chamánicos se planta en el centro de la yurta circular y asoma por el agujero de la cima que figura la puerta del cielo o del sol; es el eje de la estrella polar por donde se sale del cosmos (à cúpula).

El abedul a veces se asocia a la luna, e incluso al sol y a la luna, en cuyo caso su simbolismo es doble: padre y madre, macho y hembra. Desempeña un papel protector, o más bien es el instrumento del descenso de la influencia celeste: de donde su dualidad, que por esencia pertenece a la manifestación (ELIc, ELIM, souL). El abedul simboliza la vía por donde baja la energía celestial y por donde sube la aspiración humana hacia lo alto.

Árbol sagrado en Europa oriental y en el Asia central, simboliza, en Rusia particularmente, la primavera y la moza; abedul es el nombre de un célebre conjunto ruso de cantos y danzas, compuesto únicamente por muchachas. Entre los selkun cazadores, se cuelgan imágenes de los espíritus protectores en el abedul de los sacrificios cercano a la casa.

2. En el mundo céltico no hay ninguna indicación clara sobre el simbolismo del abedul, pero es probablemente funerario. El texto galés del Combate de los Arbustos (Kat Godeu) contiene un verso bastante enigmático después de una descripción de un combate, o más bien masacre: «la copa del abedul nos ha cubierto de hojas; él transforma y cambia nuestro menoscabo»; lo cual alude tal vez a la costumbre de cubrir los despojos mortales con ramajes de abedul (OGAc, 5,115). Pero esto significa también que es el artífice de las transformaciones que preparan al difunto para una vida nueva.

3. Plinio cree que el abedul es originario de la Galia. «Suministra, según dice, a los magistrados los haces que todos temen, y a los cesteros los círculos y costillas necesarios para la fabricación de cestas y canastas. Añade que se emplea también en la confección de antorchas nupciales, portadoras de la felicidad en el día de bodas» (Hisi. nal., 16,30 en LANS, B, 207). En cualquier caso está estrechamente ligado a la vida humana como símbolo tutelar.

Extraído de: Diccionario de los símbolos, Jean Chevalier

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Las justificaciones: terreno pantanoso

“Lo peor no es cometer un error, sino tratar de justificarlo, en vez de aprovecharlo como aviso providencial de nuestra ligereza o ignorancia.”
-Santiago Ramón y Cajal
Las justificaciones no nos permiten ver lo que hay más allá de lo evidente.
Extendido es el hábito de la justificación. Justificamos nuestras palabras, actos, emociones, pensamientos… Lo justificamos todo. El terreno de la justificación es pantanoso. Continuamente, identificándonos y deseando aparentar cualquier cosa, justificamos todo cuanto somos. Incluso puede llegar a ser ridículo el hecho de justificarse, buscando razones ilógicas para explicar lo que hacemos. La justificación es un impulso del ego que trata de legitimarnos ante los demás y nosotros mismos para no caer en el ridículo, o dejar patente lo eficaces que somos, para quedar bien con los demás, convencernos de que lo que hay en nosotros está bien y cualquier cosa que podamos imaginar, ya que cada situación y persona tiene sus motivos egotistas con los que justificarse.


Cuando nos justificamos intentamos dar veracidad a lo que hacemos, disociándonos de la verdad misma. Es una manera de no reconocer nuestras dinámicas psicológicas. La justificación nos sirve de pantalla para no ver la realidad de lo que somos. “He hecho esto porque…”, “no es que me haya equivocado, es que…”, etc. Nos sirve para “lanzar balones fuera”, quitándonos la responsabilidad de nuestros actos, echando la culpa a personas o contextos, quejándonos. Y es que, unido a la justificación, la queja es un hábito que da rienda suelta a las emociones negativas y a la disociación.

Cesar de mentirse a uno mismo

Algo esencial para comenzar a trabajar sobre sí es el dejar de mentirse a uno mismo. La mentira recorre todos los recovecos del mundo, de la psique humana individual y colectiva. En un mundo tal, en el que las apariencias son lo valorado y las profundidades son olvidadas, la mentira es para las personas consustancial a nuestro modo de vida. Por ello es difícil desprenderse de ella. Pero existe un primer paso para comenzar a eliminar la mentira en nosotros: dejar de mentirse a uno mismo.

Teniendo un confort psicológico creado, y queriendo consciente o inconscientemente salvaguardarlo, nos mentimos a nosotros mismos para que todo continúe igual. Nos justificamos a nosotros mismos, disociándonos de la realidad constantemente, buscando rellenar vacíos con cualquier actividad. Esta es una manera de engañarnos a nosotros mismos, porque actuamos así para no mirarnos al espejo. Cuando actuamos de forma poco considerada, retumba en nuestro interior el sentido de lo verdadero, avisando de que no hemos hecho algo correctamente. Todos conocemos ésa sensación, que va más allá de la típica moral. De hecho la moral es una sustituta deformada de esta sensación consciente. Ésa sensación intuitiva forma parte de nuestra Conciencia, cual árbitro que indica lo que es adecuado en cada caso. Pero nosotros, imbuidos por los egos, buscamos mil y una excusas para dejar de sentirnos mal y no ver la realidad de nuestros movimientos internos.

Dejar de mentirse equivale a no darse concesiones. En realidad, cuando nos damos concesiones, se las estamos dando a los egos. La autocompasión ha de desaparecer de nosotros, ya que a nada nos lleva. Reconocer que no hemos obrado bien cuando no lo hacemos, que nuestros pensamientos y emociones son egoístas y egocéntricos con mucha frecuencia, y dejar de lado cualquier modo de escabullirse de nuestras responsabilidades como seres en construcción, equivale a dar un paso en nuestro crecimiento. El autoengaño es la omisión de responsabilidades para con nosotros, y cualquier persona que esté desarrollándose interiormente toma responsabilidad de cuanto experimenta. Esto significa que es la disciplina constante la que nos permite avanzar por la estrecha senda del conocimiento.