Simbología arbórea: El abedul

1. El abedul es por excelencia el árbol sagrado de las poblaciones siberianas, para quienes asume todas las funciones del Axis mundi (à eje, à árbol). Como à pilar cósmico recibe siete, nueve o doce entalladuras que representan los niveles celestes.
En los ritos de iniciación chamánicos se planta en el centro de la yurta circular y asoma por el agujero de la cima que figura la puerta del cielo o del sol; es el eje de la estrella polar por donde se sale del cosmos (à cúpula).

El abedul a veces se asocia a la luna, e incluso al sol y a la luna, en cuyo caso su simbolismo es doble: padre y madre, macho y hembra. Desempeña un papel protector, o más bien es el instrumento del descenso de la influencia celeste: de donde su dualidad, que por esencia pertenece a la manifestación (ELIc, ELIM, souL). El abedul simboliza la vía por donde baja la energía celestial y por donde sube la aspiración humana hacia lo alto.

Árbol sagrado en Europa oriental y en el Asia central, simboliza, en Rusia particularmente, la primavera y la moza; abedul es el nombre de un célebre conjunto ruso de cantos y danzas, compuesto únicamente por muchachas. Entre los selkun cazadores, se cuelgan imágenes de los espíritus protectores en el abedul de los sacrificios cercano a la casa.

2. En el mundo céltico no hay ninguna indicación clara sobre el simbolismo del abedul, pero es probablemente funerario. El texto galés del Combate de los Arbustos (Kat Godeu) contiene un verso bastante enigmático después de una descripción de un combate, o más bien masacre: «la copa del abedul nos ha cubierto de hojas; él transforma y cambia nuestro menoscabo»; lo cual alude tal vez a la costumbre de cubrir los despojos mortales con ramajes de abedul (OGAc, 5,115). Pero esto significa también que es el artífice de las transformaciones que preparan al difunto para una vida nueva.

3. Plinio cree que el abedul es originario de la Galia. «Suministra, según dice, a los magistrados los haces que todos temen, y a los cesteros los círculos y costillas necesarios para la fabricación de cestas y canastas. Añade que se emplea también en la confección de antorchas nupciales, portadoras de la felicidad en el día de bodas» (Hisi. nal., 16,30 en LANS, B, 207). En cualquier caso está estrechamente ligado a la vida humana como símbolo tutelar.

Extraído de: Diccionario de los símbolos, Jean Chevalier

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Las justificaciones: terreno pantanoso

“Lo peor no es cometer un error, sino tratar de justificarlo, en vez de aprovecharlo como aviso providencial de nuestra ligereza o ignorancia.”
-Santiago Ramón y Cajal
Las justificaciones no nos permiten ver lo que hay más allá de lo evidente.
Extendido es el hábito de la justificación. Justificamos nuestras palabras, actos, emociones, pensamientos… Lo justificamos todo. El terreno de la justificación es pantanoso. Continuamente, identificándonos y deseando aparentar cualquier cosa, justificamos todo cuanto somos. Incluso puede llegar a ser ridículo el hecho de justificarse, buscando razones ilógicas para explicar lo que hacemos. La justificación es un impulso del ego que trata de legitimarnos ante los demás y nosotros mismos para no caer en el ridículo, o dejar patente lo eficaces que somos, para quedar bien con los demás, convencernos de que lo que hay en nosotros está bien y cualquier cosa que podamos imaginar, ya que cada situación y persona tiene sus motivos egotistas con los que justificarse.


Cuando nos justificamos intentamos dar veracidad a lo que hacemos, disociándonos de la verdad misma. Es una manera de no reconocer nuestras dinámicas psicológicas. La justificación nos sirve de pantalla para no ver la realidad de lo que somos. “He hecho esto porque…”, “no es que me haya equivocado, es que…”, etc. Nos sirve para “lanzar balones fuera”, quitándonos la responsabilidad de nuestros actos, echando la culpa a personas o contextos, quejándonos. Y es que, unido a la justificación, la queja es un hábito que da rienda suelta a las emociones negativas y a la disociación.

Cesar de mentirse a uno mismo

Algo esencial para comenzar a trabajar sobre sí es el dejar de mentirse a uno mismo. La mentira recorre todos los recovecos del mundo, de la psique humana individual y colectiva. En un mundo tal, en el que las apariencias son lo valorado y las profundidades son olvidadas, la mentira es para las personas consustancial a nuestro modo de vida. Por ello es difícil desprenderse de ella. Pero existe un primer paso para comenzar a eliminar la mentira en nosotros: dejar de mentirse a uno mismo.

Teniendo un confort psicológico creado, y queriendo consciente o inconscientemente salvaguardarlo, nos mentimos a nosotros mismos para que todo continúe igual. Nos justificamos a nosotros mismos, disociándonos de la realidad constantemente, buscando rellenar vacíos con cualquier actividad. Esta es una manera de engañarnos a nosotros mismos, porque actuamos así para no mirarnos al espejo. Cuando actuamos de forma poco considerada, retumba en nuestro interior el sentido de lo verdadero, avisando de que no hemos hecho algo correctamente. Todos conocemos ésa sensación, que va más allá de la típica moral. De hecho la moral es una sustituta deformada de esta sensación consciente. Ésa sensación intuitiva forma parte de nuestra Conciencia, cual árbitro que indica lo que es adecuado en cada caso. Pero nosotros, imbuidos por los egos, buscamos mil y una excusas para dejar de sentirnos mal y no ver la realidad de nuestros movimientos internos.

Dejar de mentirse equivale a no darse concesiones. En realidad, cuando nos damos concesiones, se las estamos dando a los egos. La autocompasión ha de desaparecer de nosotros, ya que a nada nos lleva. Reconocer que no hemos obrado bien cuando no lo hacemos, que nuestros pensamientos y emociones son egoístas y egocéntricos con mucha frecuencia, y dejar de lado cualquier modo de escabullirse de nuestras responsabilidades como seres en construcción, equivale a dar un paso en nuestro crecimiento. El autoengaño es la omisión de responsabilidades para con nosotros, y cualquier persona que esté desarrollándose interiormente toma responsabilidad de cuanto experimenta. Esto significa que es la disciplina constante la que nos permite avanzar por la estrecha senda del conocimiento.

Animales de poder: Delfín

Marga Farró: Autora del libro Animales de poder y el Inconsciente Colectivo
Formadora en "Las 4 Vías de Ergasofía" 4VE

Cuento esotérico V

Según una vieja leyenda, un famoso guerrero, va de visita a la casa de un maestro Zen. Al llegar se presenta a éste, contándole de todos los títulos y aprendizajes que ha obtenido en años de sacrificados y largos estudios.

Después de tan sesuda presentación, le explica que ha venido a verlo para que le enseñe los secretos del conocimiento Zen.

Por toda respuesta el maestro se limita a invitarlo a sentarse y ofrecerle una taza de té.

Aparentemente distraído, sin dar muestras de mayor preocupación, el maestro vierte té en la taza del guerrero, y continúa vertiendo té aún después de que la taza está llena.

Consternado, el guerrero le advierte al maestro que la taza ya está llena, y que el té se escurre por la mesa.

El maestro le responde con tranquilidad "Exactamente señor. Usted ya viene con la taza llena, ¿cómo podría usted aprender algo?"

Ante la expresión incrédula del guerrero el maestro enfatizó: "A menos que su taza esté vacía, no podrá aprender nada."

Cuento esotérico IV


Dos jóvenes monjes fueron enviados a visitar un monasterio cercano. Ambos vivían en su propio monasterio desde niños y nunca habían salido de él. Su mentor espiritual no cesaba de hacerles advertencias sobre los peligros del mundo exterior y lo cautos que debían ser durante el camino.
  Especialmente incidía en lo peligrosas que eran las mujeres para unos monjes sin
experiencia:

-Si veis una mujer, apartaos rápidamente de ella. Todas son una tentación muy grande.
No debéis acercaros a ellas, ni mucho menos hablar, por descontado, por nada del mundo se os ocurra tocarlas. Ambos jóvenes aseguraron obedecer las advertencias recibidas, y con la excitación que supone una experiencia nueva se pusieron en marcha.

Pero a las pocas horas, ya punto de vadear un río, escucharon una voz de mujer que se quejaba lastimosamente detrás de unos arbustos. Uno de ellos hizo ademán de acercarse.

-Ni se te ocurra -le atajó el otro-. ¿No te acuerdas de lo que nos dijo nuestro mentor?
-Sí, me acuerdo; pero voy a ver si esa persona necesita ayuda -contestó su compañero,
Dicho esto, se dirigió hacia donde provenían los quejidos y vio a una mujer herida y desnuda.
-Por favor, socorredme, unos bandidos me han asaltado, robándome incluso las ropas.
Yo sola no tengo fuerzas para cruzar el río y llegar hasta donde vive mi familia.

El muchacho, ante el estupor de su compañero, cogió a la mujer herida en brazos y, cruzando la corriente, la llevó hasta su casa situada cerca de la orilla. Allí, los familiares atendieron a la asaltada y mostraron el mayor agradecimiento al monje, que poco después reemprendió el camino regresando junto a su compañero.

-¡Dios mío! No sólo has visto a esa mujer desnuda, sino que además la has tomado en
brazos.

Así era recriminado una y otra vez por su acompañante. Pasaron las horas, y el otro no dejaba de recordadle lo sucedido.

-Has cogido a una mujer desnuda en brazos! ¡Has cogido a una mujer desnuda en brazos! ¡Vas a cargar con un gran pecado!

El joven monje se paró delante de su compañero y le dijo:

-Yo solté a la mujer al cruzar el río, pero tú todavía la llevas encima.

Cuento esotérico III

Se cuenta que un viejo maestro, después de muchos años de experiencia y trabajo interior, recibió la iluminación sobre la verdadera naturaleza del Tao. A punto de morir, varios discípulos que rodeaban su lecho decidieron interrogarle sobre este punto.

-Maestro, te tenemos por el hombre más sabio y nos consta que has penetrado en el conocimiento del Tao. ¿Podrías decirnos en este momento qué es el Tao verdadero?

El anciano abrió lentamente los ojos y, con una sonrisa en los labios, contestó:

-“El Tao verdadero es el Tao verdadero”.

Al instante murió.

Uno de sus discípulos, al oír a su maestro, inmediatamente alcanzó él mismo la comprensión del Tao verdadero, cayendo en un estado de paz y plenitud tal que sus compañeros repararon al momento en ello.

-Dinos qué ha ocurrido en ti que vemos esa expresión en tu rostro y esa calma en tu ánimo.
-He tenido la revelación del Tao verdadero- respondió.
-Si es así como dices, te rogamos que compartas con nosotros esa verdad que has alcanzado, ya que el Maestro no nos respondió de un modo satisfactorio.
El discípulo los miró, sonrió levemente, y dijo: “El Tao verdadero es el Tao verdadero”.

Animales de poder: El Águila-Cóndor

Marga Farró: Autora del libro "Animales de poder y el Inconsciente Colectivo"
Formadora en "Las 4 Vías de Ergasofía" 4VE



Reseña del libro:

El arquetipo del héroe es un símbolo universal. Es el referente que nos ayuda a encontrar y desarrollar nuestra esencia a través del laberinto del Minotauro. Para ello el ser humano se sirve del signo, señal y símbolo que recibirá a lo largo de su vida para lograr recorrer y resolver ése camino al cuál fue llamado.


Las representaciones arcaicas de animales escenifican y muestran una acción vital de un comportamiento que transforma y perfecciona al hombre. Cada acción importante de la vida tiene un símbolo que la representa. Culturas ancestrales a través de sus observaciones, visiones y sueños, interpretaban el lenguaje y comportamiento animal como una guía para sus vidas. Ellos forman parte de nuestro tejido psicológico y su simbología nos muestra parte de la ruta a seguir. Los sueños son una de las diversas ventanas por las que el símbolo entra.


En esta obra encontraremos una guía que nos ayudará a comprender el simbolismo arquetípico de los animales para superar etapas y estadios internos, una simbología que yace en el inconsciente colectivo y que pertenece a la esencia del hombre. En su conjunto contribuirá a comprendernos y comprender el mundo que habitamos.

Encuéntralo en: http://www.amazon.es/ANIMALES-PODER-INCONSCIENTE-COLECTIVO-BESTIARIO-ebook/dp/B00N1Y8GIK

La importancia personal


"Mientras te sientas lo más importante del mundo, no puedes apreciar en verdad el mundo que te rodea. Eres como un caballo con anteojeras: nada más te ves tú mismo, ajeno a todo lo demás.

El mayor enemigo del hombre es la importancia personal. Lo que lo debilita es sentirse ofendido por lo que hacen o dejan de hacer sus semejantes. La importancia personal requiere que uno pase la mayor parte de su vida ofendido por algo o alguien."

"La importancia personal es homicida, trunca el libre flujo de la energía y eso es fatal. Ella es responsable de nuestro fin como individuos y llegará el día en que nos termine como especie. Cuando un guerrero aprende a echarla a un lado, su espíritu se despliega, jubiloso, como un animal salvaje que es liberado de su jaula y puesto en libertad.
La importancia personal se puede combatir de diversas maneras, pero primero hay que saber que está ahí. Si tienes un defecto y lo reconoces, ¡ya es la mitad!.
Así que, ante todo, dense cuenta. Tomen una cartulina y escriban sobre ella: "La importancia personal mata", y cuélguenla en el lugar más visible de la casa. Lean esa frase cada día, traten de recordarla en sus trabajos, mediten sobre ella. Quizá llegue el momento en que su significado penetre en su interior y se decidan a hacer algo.

"El darse cuenta es de por sí una gran ayuda,
porque la lucha contra el yo genera su propio ímpetu."

Ordinariamente, la importancia personal se alimenta de nuestros sentimientos, que pueden ir desde el deseo de caer bien y ser aceptados por los demás, hasta la petulancia y el sarcasmo. Pero su área favorita de acción es la lástima por uno mismo y por quienes nos rodean. De manera que, para acecharla, ante todo tenemos que descomponer nuestros sentimientos en sus mínimas partículas, detectando las fuentes de las cuales se nutren.
Los sentimientos rara vez se presentan en forma pura. Se enmascaran. Para cazarlos como conejos, tenemos que proceder finamente, con estrategias, porque son rápidos y no se puede razonar con ellos.

Disonancia cognitiva, topes y visión de la Realidad

Cuando analizamos la personalidad humana vemos claramente que la mentira forma parte de nosotros, y que sin ella no somos lo que somos ni estamos como estamos.

En el ser humano, durante su etapa de crecimiento y hasta la edad adulta, se forjan los egos con los cuales afrontará las vicisitudes que surgen en la vida. Se identificará con una serie de rasgos psicológicos, creando una imagen concreta de sí mismo, y al mismo tiempo producirá -o más bien, destacará- una serie de características según el contexto en que se encuentre. Con un grupo se comportará de una manera, con la familia, de otra, con la pareja y los hijos, de otra, y así indefinidamente. ¿Dónde queda la realidad de sí mismo entonces? Además, ¿Cuándo somos fieles a nuestros valores? ¿Cuándo actuamos desde la teatralidad con la familia, o con la pareja y los hijos, o con el grupo con el que nos relacionamos? Si observamos con atención, constatamos que ésos comportamientos, emociones y pensamientos que surgen en cada contexto, llegan en ocasiones -probablemente en muchas- a ser verdaderamente contradictorios. Son un reflejo claro de las partículas de limadura -que mencionamos en otra ocasión-, chocando entre sí de una forma alocada, sin orden ni control, sin coherencia. En términos psicológicos, estamos hablando de la disonancia cognitiva.

La disonancia cognitiva

El investigador experto en los mecanismos del engaño Robert Feldman, en su obra Cuando mentimos, nos resume qué es la disonancia cognitiva:

Disonancia cognitiva es el término que los psicólogos emplean para designar la tensión que surge por tener dos ideas contradictorias en la mente al mismo tiempo. [...] Según la teoría de la disonancia cognitiva, para resolver esta disonancia, la mente, consciente o inconscientemente, altera una de las dos ideas opuestas. [...] Lo que es importante comprender, sin embargo, es que esta alteración de las ideas y reevaluaciones de criterios representan aparentemente un mecanismo natural y fundamental de la mente humana.

La alternancia de las cuatro estaciones; Meditaciones taoístas de Liu I-Ming

Primavera, verano, otoño, invierno; estas son las cuatro estaciones. En primavera las cosas brotan, en verano crecen, en otoño se cosechan, en invierno se almacenan. Cada una tiene su momento, y después deja el turno a la siguiente; una vez completado el ciclo, este vuelve a comenzar, y de ese modo, las cuatro estaciones están unidas entre sí en un ciclo eterno.


 Al observar esto me doy cuenta de que este es el Tao de la causalidad mutua, de la sustracción y de la adición. Lo que quiero decir aquí con la palabra sustracción es la sustracción del exceso de fuerza y de volatilidad, y lo que quiero decir con adición es la adición para llenar el vacío dejado por la maleabilidad y la debilidad. Cuando uno es fuerte sin permitir que la fuerza llegue demasiado lejos, y es flexible sin volverse inefectivo, la fuerza se combina con la flexibilidad y la flexibilidad se aplica con la fuerza.

Cuando se combinan la fuerza y la flexibilidad, cuando se combinan el yin y el yang, es posible ser alto y bajo, grande o pequeño; es posible avanzar o retirarse, estar de acuerdo o enfrentarse. Cuando te adaptas de forma desinhibida, cuando lo directo y lo indirecto trabajan de forma conjunta, te fundes con el orden de las cuatro estaciones. Al cambiar libremente, hay un cielo y una tierra en el cuerpo de cada uno, una Creación en la mente de cada uno, y sin embargo, uno no se ve constreñido por el Cielo, la Tierra o la Creación.

Cuento esotérico II

Perdido en una selva llena de bestias feroces, enmudecido por un confuso senti­miento, pero profundo; el hombre busca desvariadamente una salida. Extenuado, después de haber corrido mil riesgos, helo aquí ante la orilla.

Delante suyo se presenta un espectáculo que lo hace caer en una admiración mezclada de espanto: un castillo de gran belleza salvaje se levanta más allá de una gran fosa llena de viva agua clara. Detrás del castillo se abre un venturoso valle iluminado por los últimos rayos del sol. A la izquierda, el horizonte se oscurece, enrojeciendo; anuncia una tormenta.


Maravillado, preso de un deseo apasionado por alcanzar el castillo, el hombre olvida los riesgos y las fatigas a las que estuvo expuesto.


—¿Cómo alcanzarlo? Se pregunta.


De repente escucha una voz que le habla desde el fondo de su corazón


La fosa, le dice, sólo puede ser franqueada nadando... Pero la corriente es fuerte, el agua glacial.


Cuento esotérico I

Veo un edificio, mole enorme. En el muro frontal una estrecha puerta, abiertas las hojas; detrás, vapores sombríos. Frente al elevado umbral, una jovencita... Una linda joven rusa. Un aliento surge de esos vapores opacos y glaciales, trayendo de las profundidades del edificio, dentro de una corriente de aire glacial, el sonido de una voz sorda y pausada.
-Oh tú, que aspiras a franquear este umbral, sabes lo que te espera?
-Lo sé, responde la jovencita.
-¿Estás dispuesta a ser rechazada por todos? ¿Estás dispuesta a la completa soledad?
-Estoy preparada para ello. Lo sé. Soportaré todos los sufrimientos y todos los golpes.
-¿Aunque no vengan de los enemigos sino de los parientes y amigos?

-Sí... aún de ellos.
-Bien. ¿Aceptas el sacrificio?
-Sí
-¿El sacrificio anónimo? Perecerás y nadie... nadie sabrá mismo que memoria honrar.
-No tengo porqué tener reconocimiento ni piedad. Ni porqué tener un nombre.

Vivo sin vivir en mí; Santa Teresa de Ávila

Extraído de: http://el-conocimiento-de-uno-mismo.blogspot.com.es/

Vivo sin vivir en mí
y tan alta vida espero
que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor,
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí;
cuando el corazón le di
puso en mí este letrero:
«Que muero porque no muero».

Esta divina unión,
y el amor con que yo vivo,
hace a mi Dios mi cautivo
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a mi Dios prisionero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel y estos hierros
en que está el alma metida!
Sólo esperar la salida
me causa un dolor tan fiero,
que muero porque no muero.

Acaba ya de dejarme,
vida, no me seas molesta;
porque muriendo, ¿qué resta,
sino vivir y gozarme?
No dejes de consolarme,
muerte, que ansí te requiero:
que muero porque no muero.

 Santa Teresa de Ávila




"Vivo sin vivir en mí
y tan alta vida espero
que muero porque no muero..."

En esta estrofa encierra Teresa, uno de los puntales de su mística. Descubrir quien  o qué vive sin vivir en mí, en cada uno de nosotros, es tarea ardua y encierra el profundo Trabajo a realizar durante una vida humana.




Investigando en la literatura de la santa, intuimos desde ya, las fuentes sufí de donde bebió ella y otros místicos cristianos. 

No desentrañaremos los secretos de la mística española sino que dejaremos que sea cada lector el que arañe la superficie hasta llegar  al igual que el colibrí,  a  libar de las profundidades, el néctar de cada flor que brote en su camino.

Teresa de Cepeda y Ahumada más conocida como Santa Teresa de Ávila, fue doctora de la iglesia, mística y escritora,  autora de diferentes libros, poemas y cartas. 

A destacar de entre sus obras místicas: 

- Camino de perfección
- Conceptos del amor de Dios 
- El castillo Interior (o las moradas)


La Ley de Siete

Análisis de la Ley de Siete, por Boris Mouravieff en su obra Gnosis, tomo I.

Esta ley no se aplica ni a la creación ni a la existencia de las cosas y fenómenos del espacio, sino a su evolución en el Tiempo. Concierne a la acción de todas las categorías de movimientos sobre todos los planos y en todos los escalones de la Creación.

[…]

Según esta ley, como lo veremos inmediatamente, toda acción está some­tida a una o varias desviaciones y, en consecuencia, está en principio destinada al fracaso. Sin embargo, analizando la acción de la Ley de Siete, captaremos el carácter de estas desviaciones, su necesidad desde el punto de vista objetivo, y aprenderemos cómo es posible combatirlas y perseguir en una dirección constante el objetivo buscado.


La naturaleza de la Ley de Siete y su necesidad objetiva derivan del carácter destructor del Tiempo, segunda condición de la Creación. En virtud de este principio todo lo que nace o es creado —comprendido el hombre— está destinado a la aniquilación. También el Universo desde su creación estaba entonces bajo la amenaza de ser aniquilado por la acción del Tiempo. Fue entonces necesario hacer frente a ese peligro. La Ley de Siete representa el medio por el cual la acción destructora del Tiempo está neutralizada en una cierta medida. Un movimiento no puede disociarse de su duración. Ahora bien, toda acción es movimiento exterior o interior; se encuentra entonces emprendida en el Tiempo. La Ley de Siete consiste precisamente en que todo movimiento así desencadenado sufre en cierto momento una desviación, luego, después de un recorrido en la nueva dirección, una nueva desviación, y así sucesivamente. Si el impulso inicial es lo bastante fuerte, después de haber descripto un hexágono, el movimiento, por la última desviación, volverá a su punto de partida. Así, bajo la influencia de la Ley de Siete, toda acción emprendida en el Universo se desarrolla según ciclos. (Fig. 31).

Los Cuatro Enemigos del ser humano

"Cuando un hombre empieza a aprender, nunca sabe lo que va a encontrar. Su propósito es deficiente; su intención es vaga. Espera recompensas que nunca llegarán, pues no sabe nada de los trabajos que cuesta aprender.

“Pero uno aprende así, poquito a poquito al comienzo, luego más y más. Y sus pensamientos se dan de topetazos y se hunden en la nada. Lo que se aprende no es nunca lo que uno creía. Y así se comienza a tener miedo. El conocimiento no es nunca lo que uno se espera. Cada paso del aprendizaje es un atolladero, y el miedo que el hombre experimenta empieza a crecer sin misericordia, sin ceder. Su propósito se convierte en un campo de batalla.
“ Y así ha tropezado con el primero de sus enemigos naturales:¡ el miedo! Un enemigo terrible: traicionero y enredado como los cardos. Se queda oculto en cada recodo del camino, acechando, esperando. Y si el hombre, aterrado en su presencia, echa a correr, su enemigo habrá puesto fin a su búsqueda.

Brevedades I

I
No hay concepto que revele lo que Es.
No hay imagen ni alegoría que se asemeje a lo inasible.
No hay sendero trazado ni método exacto.
Es todo y es nada; no tiene significado y significa todo.
Es.

II
Instante a instante, se vive.
La fantasía es la muerte del presente
Y el sufrimiento por el pasado y el futuro.
Conciencia de la participación y la Seidad;
Eso es el Recuerdo de sí.

III
Participación es todo lo que existe.
Unidad y complejidad;
Todo se influye y se compenetra.

IV
Si ejerciéramos nuestra libertad, seríamos responsables.
Sin embargo, es más tendencioso dejarse llevar por nuestros estados innobles
Y crear objetos de culpabilización.
La responsabilidad es Ser.

V
Busqué la puerta, y la encontré.
Cuando se abrió, sorpresa:
Al otro lado me encontraba, sonriéndome.

VI
Ningún conocimiento nos pertenece,
Nada es nuestro.
Somos el servicio,
Quienes han de trabajar para que la Luz
Pase a través de nosotros.
Cualquier método que no considere esto no es real.

VII
Es el silencio lo que rompe el sueño.
El ruido de la racionalización,
De lo bajamente emocional,
de lo meramente instintivo,
es aquello a observar, comprender y trascender.

Reflexiones breves I

I

La espiritualidad no es un conjunto de terapias, ni una afición, ni una necesidad, ni una forma de vivir ni de pensar.

La espiritualidad Es. Es la Vida, es Participación, es Conocimiento, es Amor.

La Conciencia no se manifiesta en nosotros a nuestro gusto y petición; se manifiesta cuando quiere y como quiere. ¿Por qué? Porque nosotros demandamos desde la ignorancia y la exigencia, y no es así como funcionan los avatares del trabajo interior.

El problema es que estructuramos la espiritualidad y esperamos a que las cosas sucedan de una forma determinada. Creemos que el mundo interior ha de ser claro y diáfano como el salón de nuestro hogar, cuando solamente es así una vez conocemos nuestra casa interior. Antes de eso, es oscuro y confuso, incierto, sin forma. Y a nosotros nos gusta lo claro, lo seguro, lo concreto, lo cierto, lo contundentemente manifestado. Si aceptamos la incertidumbre, la impermanencia y el hecho de que todo es paradoja, estamos más receptivos para actuar en pos de la experiencia de lo verdadero.

II

Buscamos y buscamos. Con qué llenarnos, con qué pasar nuestro tiempo. Sentimos que si no hacemos actividades de algún tipo perdemos el tiempo y la vida. En realidad, es el miedo a la quietud, al contacto con lo que somos, lo que no nos permite darnos cuenta de que la cuestión no es buscar o no buscar, sino que lo importante es Ser. No se trata de ser esto o aquello, o hacer una cosa o la otra, sino de sencillamente Ser. La quietud y el silencio son vistos y vividos como inútiles, pero son la puerta a lo Real.

III

No sabemos estar con nosotros mismos; no somos conscientes de que el estado de soledad es ilusorio porque nunca estamos solos. Como decían los sabios taoístas, el Tao se encuentra en la palma de la mano. Quien comprende esto, es conocedor de que todo está hecho y no queda nada por hacer. No espera a que alguien le explique el secreto de la vida porque ya lo experimenta y sabe que aquel que intenta definirlo con palabras es un ignorante. La palabra descriptiva, discursiva, solamente nos aproxima pero no nos sumerge en el océano de la vida.

IV

¿Vivimos esclavos de un sueño consensuado o hemos consensuado libremente vivir en un sueño? ¿O ambas? Nos encadenamos a nosotros mismos. No es lo importante darse cuenta de la prisión en la que vivimos; lo esencial es ver que dicha prisión la hemos construido nosotros y que no tiene barrotes. Hemos elegido vivir en la ilusión. Podemos elegir vivir en la libertad. Pero es más cómodo quejarse y revolcarse en la prisión que asumir responsabilidades. 

Los Caminos Espirituales

Fragmentos de una enseñanza desconocida; P.D. Ouspensky

Todos los caminos que conducen a la inmortalidad —los que son generalmente conocidos y los otros— pueden dividirse en tres categorías:

1. El camino del faquir.
2. El camino del monje.
3. El camino del yogui.

"El camino del faquir es el de la lucha con el cuerpo físico. es el camino del trabajo sobre la primera habitación. Es largo, difícil y dudoso. El faquir se esfuerza en desarrollar la voluntad física, el poder sobre el cuerpo. Lo obtiene mediante terribles sufrimientos, torturando al cuerpo. Todo el camino del faquir está hecho de ejercicios físicos increíblemente penosos. Se mantiene de pie, en la misma posición, sin movimiento alguno, durante horas, días, meses o años; o bien, sentado sobre una piedra desnuda, bajo el sol, bajo la lluvia, bajo la nieve, mantiene los brazos extendidos o bien se tortura con fuego o con un hormiguero en el que pone sus piernas desnudas, y así sucesivamente. Si no se enferma o no muere, se desarrolla en él lo que puede llamarse la voluntad física y obtiene entonces la cuarta habitación, es decir, la posibilidad de formar el cuarto cuerpo. Pero sus otras funciones —emocionales, intelectuales— permanecen sin desarrollar. Ha conquistado la voluntad, pero no tiene nada en qué poderla aplicar, no puede hacer uso de ella para adquirir el conocimiento o perfeccionarse.

El segundo es el del monje. Es el camino de la fe, del sentimiento religioso y de los sacrificios. Un hombre que no tuviera muy fuertes emociones religiosas y una imaginación religiosa muy intensa, no podría llegar a ser un «monje» en el verdadero sentido de la palabra.

La Primera Iniciación; Jeanne de Salzmann

Ustedes verán que en la vida reciben exactamente lo que pusieron en
ella. Su vida es un espejo de lo que ustedes son, es su propia imagen.
Ustedes son pasivos, ciegos y demandantes. Ustedes toman todo, aceptan
todo, sin ningún sentimiento de endeudamiento. Su actitud hacia el
mundo y hacia la vida, es la actitud de alguien que tiene el derecho
de demandar y de tomar. De uno que no necesita pagarlo o ganarlo.
¡Creen que todas las cosas son debidas a ustedes, sólo porque son
suyas! Todas sus cegueras están ahí. Pero esto no captura su atención.
Y es lo que siempre separa, en ustedes, un mundo del otro.

Ustedes no tienen una medida para medirse a ustedes mismos. Viven sólo
entre: "Yo quiero esto" y "Yo no quiero aquello". Lo cual significa,
que sólo tienen apreciación por ustedes mismos. No permiten que nada
esté arriba de ustedes, quizás teórica y lógicamente, pero no en la
realidad. Éste es el por qué ustedes siempre están demandando, y
permanecen pensando que todo debe ser barato, y que pueden permitirse
pagar por cualquier cosa que quieran. No reconocen nada superior a
ustedes mismos, ni fuera de ustedes mismos, ni dentro de ustedes
mismos. Éste es el por qué, lo repito, ustedes no tienen una medida y
viven sólo para satisfacer sus propios antojos.

¡Sí, su apreciación de ustedes mismos los mantiene ciegos! Este es el
mayor obstáculo hacia una nueva vida. Uno tiene que ser capaz de pasar
este obstáculo, este umbral, antes de que pueda continuar. Esta es la
prueba que separa la "cascarilla" del "trigo" en la gente. No importa
qué tan inteligente, qué tan dotado, qué tan brillante sea un hombre,
si él no cambia su opinión acerca de él mismo, estará perdido para el
desarrollo interior, para el trabajo basado en el conocimiento de sí
mismo, para una evolución real. Permanecerá tal y como es toda su vida.

Espiritualidad y huida de la realidad

Existen millones de ideologías, teorías, hipótesis, creencias… Cada individuo, dependiendo de su personalidad, de su cultura y experiencias, elige en qué creer. Solemos creer en aquello que nos parece coherente, nos llena emocionalmente, nos brinda explicaciones que parecen plausibles, que le da un sentido a nuestra vida, etc. Con frecuencia buscamos motivos y justificaciones para creer y percibir la vida según nuestras creencias y experiencias, y las defendemos a capa y espada en el momento en que nos sentimos amenazados o cuando queremos convencer a alguien de que estamos en lo correcto. Surgen dos preguntas a partir de estos hechos comunes: ¿Qué valor tiene la creencia y la experiencia subjetivada[1]? ¿Quién es el que cree y el que subjetiviza la experiencia?

Igual que existe un sistema social que estipula cómo pensar y actuar, también encontramos una alternativa para cada persona que no comulgue con lo estandarizado. Y ello no significa que sea mejor que lo generalizado.

Si tenemos en consideración que solemos guiarnos por la emocionalidad para tomar decisiones, podemos intuir que quizá lo que hacemos es intentar llenar vacíos con palabras que nos suenan bonitas, como “conciencia”, “despertar”, “amor”, “alma”, etc. Pero, ¿sabemos qué significa todo eso? Interpretaciones, reinterpretaciones y más reinterpretaciones dan un valor a las palabras, y también a quién las dice y las define. Y ése valor se malinterpreta muy frecuentemente. Hay varios motivos de por qué esto es así. Enumeraré algunos.

Creer. Creer no es crear, creer es percibir sesgadamente. “La creencia es la muerte de la inteligencia”, dijo Robert Wilson.