Dhammapada: Capítulo I, Los Versos Gemelos

El Dhammapada o Dharmapada es un escrito sagrado budista atribuido a Buda.
La palabra “Dhammapada” se halla compuesta por los términos “Dhamma” y “Pada”. Éste último equivale a “sendero”, mientras que “Dhamma” (en sanscrito,
“Dharma”), posee un significado del cual difícilmente pueda hallarse un equivalente en castellano u otra lengua occidental. A modo de aproximación se puede decir que Dhamma es “rectitud”, “verdad”, “virtud”, “sabiduría”, “religión”. De allí que Dhammapada se lo traduzca a veces por “El Sendero de la Virtud” o “El Camino de la Verdad”.

 CAPITULO I 

LOS VERSOS GEMELOS

1. Las condiciones en las cuales nos
hallamos actualmente son el resultado de
nuestros anteriores pensamientos. Si una
persona habla o actúa motivada por un mal
pensamiento, el dolor irá tras ella, como la
rueda del carro tras la pezuña del buey que
lo arrastra.
2. Las condiciones en las cuales nos
hallamos actualmente son el resultado de nuestros anteriores pensamientos. Y si una
persona habla o actúa motivada por un buen
pensamiento, la dicha le seguirá en todo
momento, como la sombra compañera sigue
a un viajero.
3. “¡Me ha insultado, me ha herido, me
ha maltratado, me ha humillado!” El que
piensa así nunca podrá dejar de odiar.
4. “¡Me ha insultado, me ha herido, me
ha maltratado, me ha humillado!” El que ha
dejado de pensar así ya ha cesado de odiar.
5. “El odio no cesa con el odio, el odio
cesa con el amor.” Esta es una ley muy
antigua.
6. Quienes ignoran que el odio los lleva
a su propia destrucción, se sumergen en el
error. Pero quienes esto saben, evitan que la
semilla del odio se desarrolle en su corazón.

Retorno al Conocimiento IV: El compromiso interior

¿Hasta dónde uno está dispuesto a llegar? ¿Qué se quiere conseguir? En el trabajo interior, si no hay compromiso, nada puede hacerse ni desarrollarse. El compromiso interior es tener como prioridad el Conocimiento. Se vive y mantiene de instante en instante. 

El compromiso con uno mismo es una de las primeras condiciones para andar el Camino del Conocimiento. Transitamos por la vida demandando respeto y responsabilidades, pero ni siquiera nos respetamos ni nos responsabilizamos de nosotros mismos. Así se vuelve complicado trabajar sobre nosotros. Llenos de nosotros mismos en la superficialidad, olvidamos nuestra interioridad. No nos comprometemos a conocernos. De esta manera, atados a nuestros estados psicológicos y a las influencias externas, nos faltamos al respeto continuamente. No nos atendemos; más bien nos desatendemos. No ponemos atención a lo que somos en realidad; actuamos como si ya fuéramos algo hecho y que ése algo es lo único que hay, que eso es lo que somos. Y como además nos identificamos con ello, “ya está bien como estamos”, llegamos a pensar.

El compromiso requiere voluntad, perseverancia y constancia. No hay término medio cuando se habla de compromiso. Análogamente, un compromiso matrimonial no se hace a medias; no se está medio-comprometido, no se está medio-casado. O se está comprometido o no se está. Cuando uno se compromete, lo hace para dar el máximo de sí. Esto no cambia en el compromiso consigo mismo. De hecho, se multiplica. Es vivir más intensamente, recordarse a sí mismo, estar presente.

El silencio del Sabio

Seguido por una cuarentena de discípulos, Li-Tsé fue a casa de Nan-kouo-tsé. Este estaba tan perdido en la abstracción que fue imposible entablar cualquier conversación. Echó sobre Li-Tsé una mirada vaga sin dirigirle ninguna palabra, luego, dirigiéndose a los últimos discípulos, les dijo: 

-Celebro que busquéis la verdad con coraje... 

No dijo más.Los discípulos regresaron muy sorprendidos. Li-Tsé les dijo:

-¿De qué estáis sorprendidos? Aquel que ha obtenido lo que pedía, ya no habla. Lo mismo ocurre con el sabio que calla una vez ha encontrado la verdad. El silencio de Nan-kouo-tsé es más significativo que cualquier palabra. Su aspecto apático encubre la perfección de la ciencia. Este hombre no habla ni piensa porque lo sabe todo. ¿De qué os extrañáis?

Retorno al Conocimiento III: La búsqueda de felicidad causa sufrimiento

Hemos descrito resumidamente la Ley General, que a todos nos “mantiene en nuestro lugar”. ¿Qué significa a nivel práctico?

Camille Flammarion, L'Atmosphere: Météorologie Populaire (París, 1888),
Nos dejamos atrapar por multitud de motivos. Creemos que si cambiáramos de paradigma la humanidad se transformaría, pero en una situación como la de ahora, en la que el conjunto humano está abocado a su auto aniquilación, un cambio en la manera de funcionar no daría grandes resultados. Una transformación real es aquella que nace de las Conciencias de los seres humanos, las cuales se encuentran profundamente dormidas. La Ley General es la fuerza gravitatoria que a todos nos arrastra, y por tanto, tarde o temprano, cualquier iniciativa de cambio se revertiría para satisfacer las necesidades de tal ley.

Las influencias A

Antes de continuar, considero necesario mencionar de forma más concreta cuáles son los tipos de influencias que nos arrastran y mantienen dormidos en nuestro día a día. Tales influencias son las que permiten que continuemos en la no-realidad de Maya, en la oscura y lúgubre caverna de Platón.

Las influencias creadas por la vida común, pertenecientes a las sociedades, los países, las culturas, la educación familiar, la propia experiencia y condicionamiento en la vida, etc., son aquellas que nos arraigan y someten nuestra libre voluntad para que continuemos en la inconsciencia. Estas influencias son conocidas en la Tradición como "influencias A”.

Ejemplos concretos de influencias A son: los estilos de vida y las modas, las ideologías como el capitalismo, el comunismo o el anarquismo, las idiosincrasias tanto de países como de familias, etc. Las palabras que denotan adhesión a una doctrina o grupo terminadas con los sufijos –ismo o –ista están dentro de esta categoría de influencias, incluso a nivel religioso, porque hay un componente de identificación claro y esto es contraproducente.

La profunda comprensión; G.I. Gurdjieff

A continuación un fragmento de la obra de G.I. Gurdjieff Encuentros con hombres notables. El siguiente fragmento aborda la cuestión de la comprensión interna del Ser en las cuestiones de la vida. 

"Pasando de un valle a otro, entrando en contacto con las más diversas tribus, llegamos al fin al centro del país de Afride, en una región considerada como el corazón del Kifiristán.

Editorial Sirio.
En el camino hicimos todo cuanto se puede esperar de un dervi­che y de un seida; yo cantaba en persa versículos religiosos, mientras el profesor me acompañaba tocando mal que bien los ritmos apropiados en un tamboril que le servía luego para pedir limosna.

No describiré nuestro camino, ni tampoco las aventuras ex­traordinarias que nos sucedieron, sino que pasaré inmediatamente al relato de nuestro accidental encuentro, no lejos de ese centro de los Afrides, con un hombre que dio una nueva orientación a nuestra vida interior en forma tal que todas nuestras expectativas, nuestros pro­yectos y el mismo plan de nuestro viaje, fueron modificados.
[…]
Al abandonar los Afrides, teníamos la intención de ir al Tehitral. En el primer burgo importante que encontramos en nuestro camino, en la plaza del mercado, un anciano vestido como un aldeano se acer­có a mí y me dijo en voz baja, en el más puro griego: «No tema usted nada, por favor. Adiviné por pura casualidad que era usted griego. No necesito saber quién es ni por qué está aquí. Simplemente me gustaría mucho hablar con usted y respirar el mismo aire que un compatriota, porque hace cincuenta años que no veo a un hombre nacido en la tie­rra donde también yo nací».

El Tao del Jeet Kune Do, Bruce Lee

Algunos fragmentos extraídos del libro El Tao del Jeet Kune Do de Bruce Lee. 

Si nada dentro de ti es regido, las cosas externas se revelan por sí mismas. En movimiento sé como el agua. En reposo sé como un espejo. Responde como el eco.

Ver una cosa sin el color de las preferencias y los deseos personales es verla en su simplicidad primigenia.

El camino perfecto solo es difícil para aquellos que eligen y escogen. Que no te guste, que no te disguste; entonces todo estará claro. Por un pelo de diferencia, el cielo y la tierra se separan; si quieres que la verdad este claramente delante de ti, nunca estés a favor o en contra. La lucha entre «a favor» o «en contra» es la peor enfermedad de la mente.

Una afirmación es Zen tan solo cuando sea en sí misma un acto, y no se refiera a algo que se declare en ella.
En el Budismo no hay lugar para utilizar el esfuerzo. Hay que ser normal y nada especial. Comer tu comida, mover tus intestinos, pasar el agua y cuando estés cansado, acostarte. El ignorante se reirá de mí, pero el sabio comprenderá.

El Octuple Sendero del Budismo
Los ocho requisitos para eliminar el sufrimiento corrigiendo los valores falsos y dando conocimiento verdadero del significado de la vida, han sido resumidos según sigue:

1. Punto de vista correcto (comprensión): Hay que ver claramente lo que esta equivocado.
2. Propósito correcto o (aspiración): Decide curarte.

Retorno al Conocimiento II: El estado de sueño colectivo y el despertar Parte II

En la Parte I de este capítulo describimos el concepto de sueño colectivo, llamado Maya sobre todo por los hindúes, aunque el budismo también hace mención del término. La alegoría de la caverna de Platón y el Demiurgo platónico y gnóstico nos hablan de lo mismo en su esencia: el mundo fenoménico es el que percibimos, y ésa no es la realidad completa.

La alegoría de la Caverna de Platón.
En el contexto actual, en el que supuestamente el sueño colectivo es uno impuesto para esclavizarnos, el hecho de verlo se considera liberarse del sueño cuando, en realidad, seguimos viendo la manifestación de los fenómenos, solo que desde otro ángulo. Hemos de tener presente que nuestra conciencia está dormida porque nuestra psicología y enfoque de vida se basa en las sensaciones, las conceptuaciones y la emocionalidad.

Es muy importante cambiar nuestra concepción de qué es el sueño si queremos dirigirnos hacia un camino de conocimiento. No se trata de obsesionarse con ello ni de estudiarlo coma por coma, sino de tener presente que nuestro estado normal desde casi el nacimiento es el de estar dormidos, y que son necesarios años de paciencia y tenacidad para empezar a despertar conciencia. Aceptar esta situación es la piedra angular para el trabajo. Admitir que en cualquier momento volveremos a caer en el estado de sueño nos libera de exigencias y culpabilidades, lo cual nos permite comprendernos mejor a nosotros y a nuestros congéneres desde la solidaridad. ¡No ocurre nada maligno por errar[1]!

Simbología: Puente

Puente de Gaztelugatxe. 
Puente. 1. El simbolismo del puente, en cuanto permite pasar de una ribera a otra, es uno de los más universalmente extendidos. Este paso es el de la tierra al cielo, el del estado humano a los estados suprahumanos, el de la contingencia a la inmortalidad, el del mundo sensible al mundo suprasensible (Guénon), etc. Diversas leyendas de la Europa oriental hablan de puentes de metal atravesados sucesivamente a caballo; Lanzarote atraviesa un puente-sable; el puente Chinvat, el divisor de la tradición irania, es un paso difícil, ancho para los justos y estrecho como una hoja de afeitar para los impíos; estos puentes estrechos o cortantes se reducen a veces a un bejuco vacilante. El Oriente antiguo, la visión de san Pablo, los Upanishad mencionan símbolos parecidos. El viaje iniciático de las sociedades secretas chinas conoce también el paso de puentes: hay que pasar el puente (kuo-kiao), sea un puente de oro, representado por una banda de estofa blanca, sea un puente de hierro y cobre, reminiscencia alquímica en la que el hierro y el cobre corresponden al negro y al rojo, al agua y al fuego, al norte y al sur, y al yin y al yang. No es superfluo precisar que este puente es simbolizado a veces por una espada.
Se advierten pues dos elementos: el simbolismo del pasaje, y el carácter frecuente mente peligroso de ese paso, que es el de todo viaje iniciático. El paso de la tierra al cielo identifica el puente con el à arco iris, ese pasillo echado por Zeus entre ambos mundos y que recorre la hermosa Iris, su mensajera de buena nueva. El parentesco es evidente en el caso de los puentes arqueados del Extremo Oriente; así, los que dan acceso a los templos shintoístas, imágenes del puente celeste que introduce al mundo de los dioses, y cuya travesía se acompaña de purificaciones rituales. También lo identifica con el eje del mundo en sus diversas formas, y especialmente con la à escala, en cuyo caso se considera que el puente está vertical.

Retorno al Conocimiento II: El estado de sueño colectivo y el despertar. Parte I

"Esto no es una pipa".
The Treachery of Images, René Magritte,1929
Desde hace varios años los círculos de la Nueva Era y derivados utilizan la palabra despertar dándole un significado que no tiene ninguna relación con la realidad espiritual. Igualmente, el término “sueño” o “hipnosis” colectiva se ha reinterpretado siendo adaptado a las situaciones históricas occidentales, distanciándose de los significados auténticos y perennes, los cuales sí que nos brindan una explicación y acercamiento a la Realidad propiamente dicha, en lugar de sumergirnos en la confusión y la incomprensión. 

El estado de sueño colectivo

La idea actual que se tiene de sueño colectivo es la siguiente: hay una serie de grupos de poder que mantienen nuestras mentes esclavizadas y nuestras vidas dirigidas de tal manera que no somos libres de escoger cómo vivir, siendo estos dirigentes secretos quienes dominan a la humanidad y al mundo entero. Hay quien dice que son humanos u otros seres de aspecto reptil, dependiendo la fuente.

Si bien es cierto, como ha ocurrido siempre, que hay grupos gobernantes que estipulan las maneras de vivir, no son éstos los causantes del sueño colectivo. Forman parte de él y lo alimentan, igual que nosotros. Esto no es sueño, es una manipulación a la que nosotros cedemos. El sueño colectivo es otra cosa, y la descripción original y consciente no le da la responsabilidad a nada externo a uno mismo.

Como se habla de sueño, rápidamente los mercaderes de la pseudo espiritualidad utilizaron un término hindú para definirlo: Maya. Pero, ¿qué es Maya en realidad?

Simbología: El Árbol

Yggdrasil by Fulgurer
Yggdrasil, por Fulgurer.©
El árbol es un símbolo universal utilizado por toda cultura, siendo interpretado a través de alegorías cosmológicas y al mismo tiempo como conducto de buenas acciones y actitudes.

En el Diccionario de símbolos de Jean Chevalier encontramos claras referencias del árbol en su papel alegórico como explicación al camino interior:
El árbol es el símbolo de la regeneración perpetua, y por tanto de la vida en su sentido dinámico. «Está cargado de fuerzas sagradas, en cuanto es vertical, brota, pierde las hojas y las recupera, y por consiguiente se regenera; muere y renace innumerables veces».(ELIT, 235).[…] 6. Una evolución continua. El árbol se considera también símbolo de la unión de lo continuo y lo discontinuo. «Ramos, ramas, follajes están ligados y el árbol es unidad. Esto es lo que vuelve al tronco equivalente al árbol entero. Pero cuando se imagina al tronco en su descuartizamiento, su súbita rotura hace de la horquilla la imagen sobria de lo discontinuo. La gran continuidad de su conjunto engloba la unidad central de su tronco y la discontinuidad periférica de su divergencia. Así imaginamos la rama como siendo a la vez una unidad diferenciada y una parte integrante del conjunto al cual permanece atada.» En la vía hacia la individuación del hombre, que consiste en reducir lo múltiple a la unidad, el árbol representaría una progresión ordenada, el aspecto dinámico, la posibilidad de expansión.

Retorno al Conocimiento I: Un enfoque erróneo

Atardecer, de José Muradás

En la naturaleza del ser humano se encuentra la facultad de la curiosidad por conocer. Somos inherentemente observadores, buscadores de conocimiento. Pero los tiempos cambian, y las tendencias se acentúan. Ahora la observación tiene como finalidad el beneficio personal o económico. La investigación científica busca la ganancia, y la observación de cuanto ocurre a nuestro alrededor es una exploración de lo agradable y lo desagradable. Lo común es practicar la observación externa, ignorando por completo la autoobservación.

Los sabios antiguos no obraban así. Las mitologías, los simbolismos y la cultura se centraban en enseñar los procesos internos que vive un ser humano a lo largo de su vida, y al mismo tiempo se educaba a la población para que aprendiera a vivir en armonía con sus semejantes. Los rituales ayudaban a encarnar los valores de la Conciencia, representados por figuras arquetípicas que eran personificadas por el pueblo mismo.

No voy a obviar que la historia humana es una de miseria, pero ése hecho no quita importancia a que al menos un sector de las poblaciones se ocupaba de los asuntos del alma, cosa que ya no ocurre. Ahora lo que se llama espiritualidad es un mercado que lo único que hace es ensalzar los egos del consumidor y los vendedores. Prácticamente solo hay mercaderes del templo[1] o, en el mejor de los casos, gente sincera pero equivocada por su ignorancia.

Retorno al Conocimiento: Introducción


Damos inicio a una serie que revisará la concepción que tenemos de la espiritualidad. 

El mundo de hoy está fundamentado en la visión de progreso. Según esta perspectiva, todo ha de dirigirse hacia algún lugar mejor que la posición que mantiene en la actualidad. La tecnología cada día es más sofisticada. Se inventan y reinventan modos de vida a cada instante. La medicina aparentemente avanza. Se nos ha inculcado la necesidad de mejorar, de triunfar, de ponernos metas para cumplir con los deseos. ¿Es necesario enfocar la vida de tal manera? Esperamos lograr resultados en toda actividad que realizamos; tenemos aspiraciones y vivimos en torno a ellas, por pequeñas que estas sean.

Creemos que si no es así, si no tenemos metas, no somos nadie y nuestra vida será una vacía y sin sentido. Provocamos que nuestras pretensiones sean el motor de nuestras vidas. ¿Hacia dónde nos llevan dichas actitudes?

Otra creencia compartida entre todos es que somos mejores en todo que nuestros antepasados. Creemos que debido al avance de la ciencia y la técnica somos superiores a otras culturas. Vivimos como si ya no formáramos parte de la Historia, como si estuviéramos más allá de ella.

Debido a que pertenecemos a una sociedad de la información, somos consumidores masivos de datos. Nos hemos perdido en la barahúnda de las informaciones cruzadas, y las pocas certezas que tenemos están aún más escondidas que antes entre lo inmediato y enmarañado. Nos intoxicamos de información cada día, consumiendo todo tipo de datos sin darnos el tiempo necesario para la reflexión y la comprensión. Pero tal cosa no se tiene demasiado en consideración. Nos creemos más inteligentes y mejor preparados por la disponibilidad informativa a la que tenemos alcance.

Desde luego, todas las consideraciones mencionadas son el caldo de cultivo en el que nos movemos hoy, y los resultados son más que evidentes; la decadencia de los valores humanos, la infelicidad y el sufrimiento son marcas profundas de nuestra sociedad. No es nada nuevo, pero darnos cuenta de tal dinámica social es importante para ver que no somos mejores  ni más sabios que los antiguos. Sabemos más –supuestamente-, pero no significa que seamos más sabios.

Es importante considerar lo siguiente: la diferencia entre saber y comprender.

Saber es informarse, obtener datos, mientras que la comprensión es la asimilación de una información a través de la reflexión y la experiencia. La experiencia se vive no solo con el intelecto, sino también desde el sentimiento, el instinto y más allá de eso, la Conciencia. Con el saber solo acumulamos datos; con la comprensión los ordenamos y le damos una dimensión mucho más profunda a aquello que estamos tratando, porque nos convertimos en aquello que nos disponemos a conocer, haciéndolo práctico. Si prestamos atención a esta diferencia advertimos que la comprensión es más escasa de lo que podemos imaginar, y que además no nos diferencia de nuestros antepasados, porque saber no tiene valor si no se comprende.

Hoy se crean sistemas y métodos en los que se confunden las terapias y la espiritualidad, la forma de alimentarse con el desarrollo del alma, y la huida de la realidad con vivir conscientemente.

La motivación de esta serie, Retorno al Conocimiento, es la de revisar nuestras ideas sobre lo que es el conocimiento y el autoconocimiento teniendo presente que los sabios y escuelas de conocimiento del pasado ya conocían qué es la interioridad humana y su espiritualidad, y que no es necesario inventar nada respecto a los caminos espirituales porque no hay nada nuevo bajo el sol; solamente lo hemos olvidado. 

La historia personal

Vivimos dentro de una historia que creemos que nos representa. El pasado nos ata; la preocupación por el futuro nos abruma. En nuestra historia personal, existen una serie de hechos que nos configuran, una moralidad, percepción y continuidad egoica que nos hace dar vueltas en círculos constantemente. La historia personal es una trampa del ego disfrazada de coherencia y solidez. Pero en realidad, la historia personal lo que provoca en nosotros es la caída hacia la identificación con el ego y su consecuente continuación de sus movimientos. Aunque seamos contradictorios, a veces no nos damos cuenta, en parte porque nuestra historia personal parece coherente y continua. Los pequeños yoes forman un todo. Boris Mouravieff, en su obra Gnosis, comenta al respecto:
Dado que el Yo de la Personalidad está formado por un número considera­ble de pequeños Yoes dispuestos en diferentes grupos que, a su vez, rigen nuestras actitudes y nuestras acciones ¿cómo conciliar este estado caótico con la continuidad, aunque más no sea aparente, de nuestra vida psíquica? Tres son los elementos que fundamentan esta apariencia de continuidad: —el nombre;—la experiencia fijada por la memoria;—la facultad de mentirse y de mentir a los demás. El nombre que llevamos corresponde al Yo de la Personalidad [...]. Desde la adolescencia, el nombre corresponde también a la representación que el hombre se hace de sí mismo en el estado de vigilia más, a menudo, el agregado de una imagen ideal de sí, imagen de lo que aspira a ser o devenir. Por eso se aferra a su nombre como a una tabla de salvación. En efecto, todo lo que existe tiene un nombre, sin nombre no podemos imaginar ninguna existencia psíquica o física, real o fáctica.          

El estado de identificación y la consideración interna

El estado de identificación es uno de los hechos más característicos en nuestra psique. Continuamente necesitamos identificarnos con todo. Buscamos adónde aferrarnos en cada momento de nuestra vida. Buscamos la creencia y la esperanza, y nos perdemos entre sus nieblas. No sólo nos aferramos a lo externo, sino también a nuestros rasgos psicológicos. Creamos nuestros propios principios sino es que seguimos los de un grupo, ya sea religioso de cualquier tipo, y los seguimos ciegamente sin reflexión. Forma parte de la mecanicidad humana. Así, identificados con todo, no somos nada. En la obra  Fragmentos de una enseñanza desconocida[1], de P.D. Ouspensky, Gurdjieff dijo:        
"«La identificación» es un rasgo tan común, que en la tarea de la observación de sí es difícil separarla del resto. El hombre está siempre en estado de identificación; sólo cambia el objeto de su identificación. "El hombre se identifica con un pequeño problema que encuentra en su camino y olvida completamente las grandes metas que se propuso al principio de su trabajo. Se identifica con un pensamiento y olvida todos los demás. Se identifica con una emoción, con un estado de ánimo, y olvida otros sentimientos más profundos. Al trabajar sobre sí mismas, las personas se identifican hasta tal punto con metas aisladas que pierden de vista el conjunto. Para ellas los dos o tres árboles más cercanos llegan a representar todo el bosque. "La identificación es nuestro más terrible enemigo porque penetra por todas partes. En el mismo momento en que creemos luchar contra ella seguimos siendo víctimas de su engaño. Y si nos es tan difícil liberarnos de la identificación, es porque nos identificamos más fácilmente con las cosas que más nos interesan, a las que damos nuestro tiempo, nuestro trabajo y nuestra atención. Para liberarse de la identificación el hombre debe entonces estar constantemente en guardia y ser despiadado consigo mismo. Es decir, que no debe tener miedo de desenmascarar todas sus formas sutiles y escondidas.