Retorno al Conocimiento I: Un enfoque erróneo

Atardecer, de José Muradás

En la naturaleza del ser humano se encuentra la facultad de la curiosidad por conocer. Somos inherentemente observadores, buscadores de conocimiento. Pero los tiempos cambian, y las tendencias se acentúan. Ahora la observación tiene como finalidad el beneficio personal o económico. La investigación científica busca la ganancia, y la observación de cuanto ocurre a nuestro alrededor es una exploración de lo agradable y lo desagradable. Lo común es practicar la observación externa, ignorando por completo la autoobservación.

Los sabios antiguos no obraban así. Las mitologías, los simbolismos y la cultura se centraban en enseñar los procesos internos que vive un ser humano a lo largo de su vida, y al mismo tiempo se educaba a la población para que aprendiera a vivir en armonía con sus semejantes. Los rituales ayudaban a encarnar los valores de la Conciencia, representados por figuras arquetípicas que eran personificadas por el pueblo mismo.

No voy a obviar que la historia humana es una de miseria, pero ése hecho no quita importancia a que al menos un sector de las poblaciones se ocupaba de los asuntos del alma, cosa que ya no ocurre. Ahora lo que se llama espiritualidad es un mercado que lo único que hace es ensalzar los egos del consumidor y los vendedores. Prácticamente solo hay mercaderes del templo[1] o, en el mejor de los casos, gente sincera pero equivocada por su ignorancia.

Es común que en una sociedad marcada por el capitalismo convierta en objeto cualquier cosa. La espiritualidad se convirtió en un objeto vendible y sujeto a las “necesidades” del consumidor.

Desde los años 60 del pasado siglo, con la aparición del movimiento hippy, se inició una masiva mercantilización de conocimientos, técnicas y terapias mezcladas de tal manera que se convirtieron en productos muy atractivos para aquellas personas que buscaban la espiritualidad.

Muchas personas, hartas y conscientes de que el credo cristiano occidental se había quedado obsoleto y que no respondía a las inquietudes internas de la población, decidieron emprender sus búsquedas en lugares lejanos. La India era un destino típico para hallar la espiritualidad. Ejemplos representativos los vemos en The Beetles, que viajaron a la India para buscar la espiritualidad; muchos de sus admiradores probablemente siguieron su ejemplo.

No vamos a analizar punto por punto a los personajes que aparecieron en escena en aquel entonces ni los productos qué ofertaban, ya que esta serie no está dedicada a la historia de la espiritualidad. Más allá de eso, voy  a indagar en el enfoque que tenía el naciente movimiento de la Nueva Era. En lugar de poner nombres y apellidos, me uno a la sentencia: por sus actos los conoceréis. Hay ciertos rasgos y manifestaciones de los distintos círculos que se hacen llamar espirituales que distan mucho de serlo, y es importante discernir aquello que nos encontramos.

Experiencias y más experiencias

Habiendo cimentado un enfoque en el cual en todas las esferas de la vida se esperan progresos y resultados, no hemos sido menos a la hora de enfocar nuestra espiritualidad. Jacob Needleman, profesor de filosofía, en su obra El cristianismo olvidado –una obra que recomiendo porque nos da una visión interesante sobre la espiritualidad cristiana y la búsqueda del Conocimiento-, narra una conversación con un metropolitano, en el que se abordaba la cuestión de la obtención de resultados en las prácticas modernas.
Las nuevas religiones, en una palabra, producen resultados. Y fue justamente sobre esta cuestión de los resultados –experiencias y cambios reales- que el metropolitano Anthony arrojó nueva luz. Estoy convencido de que a esta altura de nuestra conversación habíamos llegado al borde de uno de los componentes de la verdad que demasiado fácilmente escapa a la conciencia humana, tanto en la historia de las religiones como en la vida de cada individuo, componente que es uno de los pocos factores que hacen a una distinción esencial tanto en la vida del hombre en la tierra como en la vida de cada enseñanza auténtica. 
Estuvo de acuerdo conmigo en que las nuevas religiones [ER: por ejemplo, la Nueva Era y derivados] daban resultados, pero el problema real, tal como yo entendí lo que dijo, residía en identificar la naturaleza de estos resultados y, más importante aún, en adoptar una actitud correcta hacia esos resultados. 
-El problema con estas nuevas religiones –dijo- es justamente el que produzcan resultados. Pero no necesariamente en un sentido religioso. La gente va a estas nuevas religiones buscando emoción, experiencias, y no realidad. Una experiencia siempre parece real, incluso si lo que se experimenta es de naturaleza ilusoria. Estos resultados pueden hacerle bien al hombre, por supuesto, pero no en lo que atañe a la religión, no en términos de verdad. En este sentido, todos los ejercicios son peligrosos.
No es la experiencia superlativa, el llenado emocional y la búsqueda de lo diferente lo que nos transforma. Se busca el cambio, la rápida evolución, la salida de lo común, la huida de los estados psicológicos que parecen desagradables. Si andamos en torno a ello a la hora de tratar nuestra vida, sufrimos y nos aposentamos en la exigencia intelectual, emocional y volitiva, porque buscamos cosas muy concretas y descartamos otras. Y si hacemos un poco de retrospección de nuestras vidas, rápidamente veremos que muy pocas veces las cosas han salido como esperábamos.

El pez que se muerde la cola

Nuestros marcos de referencia son aquellos que han configurado nuestra percepción de la realidad. Y con esto nos encontramos con un obstáculo: estando en una situación psicológica en la que no conocemos lo que somos, utilizamos nuestro raciocinio, emociones y voluntades para conocernos, con mínimos resultados y poco duraderos. ¿Por qué? Porque intentamos trabajar sobre nosotros con lo que hemos de trabajar.

Voy a utilizar una analogía para reflejar mejor lo que estoy expresando.

Imaginemos que el agua que usamos en nuestra bañera, váter y lavabo estuvieran conectados por tuberías en un ciclo cerrado; es decir, que el agua que cae por el desagüe del lavabo va a acumularse a la cisterna del váter y ésta, una vez usada, va a la manguera por la que sale el agua de la bañera y el agua que cae por el desagüe de la bañera llega después de usada al grifo del lavabo, usando el mismo agua una y otra vez. Poco a poco ése agua se iría ensuciando más y más hasta el punto en que se estancaría, olería mal y sería perjudicial para nosotros debido a que estaría llena de bacterias.

¿Qué necesitaríamos para revertir la situación? Cambiar el sistema de tuberías y abrirlo para así conseguir que entre agua nueva y limpia, aquella que proviene de una fuente inagotable.

Lo mismo nos ocurre interiormente. Si intentamos trabajar sobre nosotros solamente con las mentes razonadora, emocional y volitiva, es igual que usar siempre las mismas aguas: intentamos limpiarnos con un agua que nos hace mal. Si queremos vivenciar, aprender y trabajar sobre nosotros, hemos de hacerlo desde la Conciencia, ubicándonos no solo en lo fenoménico sino también en lo causal. La meditación, por ejemplo, nos ayuda a experimentar realidades que normalmente no vivenciamos. Nos muestra una vía de trabajo que se dirige hacia una comprensión que va más allá de la tematización de cosa alguna.

Pero incluso la meditación es usada como método de relajación, bienestar, buscador de felicidad y de emociones agradables. La tradición zen aclara que la meditación o zazen no es para lograr nada; zazen es sentarse. El maestro zen EiheiDogen dijo:
Hay monjes que no se cortan el cabello y no entienden el Budismo aun estudiándolo mucho tiempo. Están preocupados por convertirse en Budas, esperando la iluminación, son gente vulgar ¡Nunca han tocado el Budismo real y piensan que la iluminación viene como resultado de su Zazen! (Shobogenzo)
En la misma línea, el maestro taoísta Liu I Ming escribió:
Cualquier tipo de manipulación o de invención forzada no sirve para nada. Hay personas que controlan su mente y calman sus ideas y pensamientos, otras contienen la respiración y la mantienen en el abdomen, algunas realizan ejercicios psicosomáticos de circulación de energía. Cuando estas personas lleguen al final de su vida y descubran que todas estas cosas eran inútiles, se enfadarán con los dioses, también inútilmente.
Estamos hablando del enfoque de las prácticas, la búsqueda de algo, la obtención de comodidad. Hacemos actividades para obtener, alcanzar, crecer, cambiar, progresar. ¿Quién nos ha dicho que hemos de hacer todo eso? ¿Quién nos lo enseñó? Probablemente la idea de progreso espiritual es una de las vacas sagradas que a un buscador le cuesta abandonar. No hay progreso o no progreso: hay liberación de Conciencia.





[1] El relato bíblico nos aclara un poco más lo que estoy explicando.

2 comentarios:

  1. Gracias. Ya no hay preguntas. Nos hemos conformado con no saber e intentamos arrebujarnos un poquito más en el colchón calentito de la incertidumbre que negamos desde nuestra pretendida omnisciencia, que sólo es la ceguera que elegimos para no ver que estamos aquí con la obligación de preguntar qué significa todo esto.

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    1. Gracias por participar, Esther. Es paradójico, pero las respuestas a las grandes preguntas llegan cuando no pretendemos responderlas. Si son respuestas que van en torno a los asuntos de la vida cotidiana, la racionalidad y el discernimiento nos ayudan a dialogar con la realidad inmediata. Cuando se trata de espiritualidad, es distinto. No se puede razonar ni describir. Por eso en la antigüedad se usaba el símbolo y la analogía para acercarnos a realidades más profundas. La pregunta de qué significa todo esto viene del anhelo, y es un anhelo que va más allá de cualquier pensamiento o emoción común.

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