Retorno al Conocimiento II: El estado de sueño colectivo y el despertar. Parte I

"Esto no es una pipa".
The Treachery of Images, René Magritte,1929
Desde hace varios años los círculos de la Nueva Era y derivados utilizan la palabra despertar dándole un significado que no tiene ninguna relación con la realidad espiritual. Igualmente, el término “sueño” o “hipnosis” colectiva se ha reinterpretado siendo adaptado a las situaciones históricas occidentales, distanciándose de los significados auténticos y perennes, los cuales sí que nos brindan una explicación y acercamiento a la Realidad propiamente dicha, en lugar de sumergirnos en la confusión y la incomprensión. 

El estado de sueño colectivo

La idea actual que se tiene de sueño colectivo es la siguiente: hay una serie de grupos de poder que mantienen nuestras mentes esclavizadas y nuestras vidas dirigidas de tal manera que no somos libres de escoger cómo vivir, siendo estos dirigentes secretos quienes dominan a la humanidad y al mundo entero. Hay quien dice que son humanos u otros seres de aspecto reptil, dependiendo la fuente.

Si bien es cierto, como ha ocurrido siempre, que hay grupos gobernantes que estipulan las maneras de vivir, no son éstos los causantes del sueño colectivo. Forman parte de él y lo alimentan, igual que nosotros. Esto no es sueño, es una manipulación a la que nosotros cedemos. El sueño colectivo es otra cosa, y la descripción original y consciente no le da la responsabilidad a nada externo a uno mismo.

Como se habla de sueño, rápidamente los mercaderes de la pseudo espiritualidad utilizaron un término hindú para definirlo: Maya. Pero, ¿qué es Maya en realidad?

Hay muchas escuelas religiosas y filosóficas en el hinduismo, con sus propias matizaciones sobre qué es Maya. No pretendo mencionar ahora todos los matices, sino hablar de los puntos en común de estas filosofías para no desviarnos del tema. Aquel que esté interesado puede consultar los libros sagrados para aprender qué se describe en cada escuela.

Maya significa literalmente “no es” en sánscrito. Es la irrealidad, la ilusión. La ilusión de las percepciones, del mundo fenoménico, de las formas. El mundo de los fenómenos no es el auténtico porque es el de la manifestación de la causa percibida desde los sentidos ordinarios.

Son las sombras de la alegoría de la caverna de Platón, las cuales creemos que son la realidad cuando son proyecciones ilusorias. Dicha alegoría nos habla claramente del sueño que compartimos.

Vivir en la ilusión supone hallarse en el constante vaivén de la dualidad. Veamos las palabras de Gurdjieff en Fragmentos de una enseñanza desconocida, de P.D. Ouspensky:
“El ser humano sueña. Ése es su estado actual. Vive en un mundo subjetivo de «quiero», «no quiero», «me gusta», «no me gusta», «tengo ganas», «no tengo ganas», esto es, un mundo hecho de lo que él cree que le gusta o no le gusta, de lo que él cree que desea o no desea. No ve el mundo real. El mundo real le está oculto por el muro de su imaginación. Vive en el sueño. Duerme. Y lo que él llama su «conciencia lúcida» no es sino sueño. […]En tanto que un hombre duerma profundamente y esté totalmente sumido en sus sueños, no puede ni siquiera pensar que está dormido. Si fuera capaz de pensar que está dormido, se despertaría. Y así todo sigue, sin que los hombres tengan la menor idea de todo lo que pierden a causa de su sueño.”
Nos aferramos tanto a nuestras percepciones y creencias que vivimos a través de ellas, limitándonos y cercenando el trabajo sobre nosotros mismos. Así seguimos soñando, sin tener conciencia de nuestros procesos internos.

Cuando escuchamos que el ser humano está dormido, pensamos en los demás y no en nosotros. Vemos a los otros como gente dormida, gregaria, sin capacidad para pensar y actuar por sí misma. Nosotros nos vemos como lo contrario: despiertos, librepensadores, nada manipulables.

Creemos que por el mero hecho de saber sobre el sueño que todos compartimos ya estamos liberados de él. Que sabiendo de la multitud de engaños a los que somos sometidos a diario ya estamos librados de todo mal. Pero eso es una equivocación muy grande y común.

Si comprendemos qué significa este sueño, es porque hemos experimentado qué es soñar: hemos vivido nuestros estados de identificación, el egoísmo que surge en nosotros constantemente, lo reaccionarios que solemos ser ante los aconteceres de la vida. Ver tal sueño es percatarse de la tendencia a echar la culpa de lo que ocurre a los otros, separándonos de todo lo demás, cuando no estamos separados de nada ni de nadie. Y no digo esto para luego comentar que todos somos uno, sino para aclarar que la búsqueda del Conocimiento consiste en Participar de todo lo que hay, porque eso es lo que existe, Participación. Todo es interdependiente, se interinfluye e interrelaciona a cada momento. El Conocimiento no trata de “ver la naturaleza de…”, sino de “participar de la naturaleza de…”. Se trata de Ser, no de saber. Vivimos en un ilusorio estado de separatismo, creyendo que estamos nosotros y luego el mundo. Pero el mundo es nosotros y nosotros el mundo.

Esclavos de nosotros mismos

Si nos identificamos con cualquier cosa conllevando percibir la realidad de forma sesgada, podemos decir que somos esclavos de nosotros mismos. Porque queremos. Somos ignorantes porque así lo elegimos. Quien anhela busca, quien tiene constancia camina.

Como he comentado, se ha puesto de moda asemejar el descubrir y analizar los actos de aquellos que detentan el poder con el hecho de despertar, y de igual modo se catalogan dichas circunstancias como esclavizadoras para el resto de la humanidad. Si bien es cierto que los sucesos históricos determinan el grado de movilidad de una sociedad en cuanto a su devenir –que no tiene por qué tener relación con el progreso-, entendiendo grado de movilidad como la capacidad de elección del pueblo de vivir según su criterio, no es menos cierto que todos somos responsables del ejercicio de la libertad.

No son únicamente los que “mandan” nuestros esclavizadores. Tenemos la opción de elegir, como mínimo, que queremos elegir. Es sencillo echar la culpa a los mandatarios de nuestras miserias, pero somos nosotros los que determinamos cuál es el siguiente paso que vamos a dar. Podemos cambiar nuestras percepciones, nuestros conceptos, nuestro trato con nosotros mismos y el mundo. Toda la energía que se gasta en criticar a los demás de lo que hacen o dejan de hacer podría utilizarse para trabajar sobre sí, lo cual podría ser más productivo.

Lo que ocurre realmente es que la crítica, la manifestación, la denuncia de cualquier cosa, forma parte de la maquinaria a la que pertenecemos. El sistema en el que vivimos se regula de tal manera que, aunque cueste creerlo, siempre llueve a gusto de todos. Las quejas y las lamentaciones alimentan los egos de las gentes, del mismo modo que el ansia de poder nutre a los codiciosos.

La batalla no es la de “nosotros contra ellos”. Hay una batalla sin batalla, porque no es una que vaya en contra de algo, y ésa batalla se gesta y manifiesta en nuestro interior.


En la segunda parte indagaremos sobre la cuestión de Despertar y del Camino. 

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