Retorno al Conocimiento: Introducción


Damos inicio a una serie que revisará la concepción que tenemos de la espiritualidad. 

El mundo de hoy está fundamentado en la visión de progreso. Según esta perspectiva, todo ha de dirigirse hacia algún lugar mejor que la posición que mantiene en la actualidad. La tecnología cada día es más sofisticada. Se inventan y reinventan modos de vida a cada instante. La medicina aparentemente avanza. Se nos ha inculcado la necesidad de mejorar, de triunfar, de ponernos metas para cumplir con los deseos. ¿Es necesario enfocar la vida de tal manera? Esperamos lograr resultados en toda actividad que realizamos; tenemos aspiraciones y vivimos en torno a ellas, por pequeñas que estas sean.

Creemos que si no es así, si no tenemos metas, no somos nadie y nuestra vida será una vacía y sin sentido. Provocamos que nuestras pretensiones sean el motor de nuestras vidas. ¿Hacia dónde nos llevan dichas actitudes?

Otra creencia compartida entre todos es que somos mejores en todo que nuestros antepasados. Creemos que debido al avance de la ciencia y la técnica somos superiores a otras culturas. Vivimos como si ya no formáramos parte de la Historia, como si estuviéramos más allá de ella.

Debido a que pertenecemos a una sociedad de la información, somos consumidores masivos de datos. Nos hemos perdido en la barahúnda de las informaciones cruzadas, y las pocas certezas que tenemos están aún más escondidas que antes entre lo inmediato y enmarañado. Nos intoxicamos de información cada día, consumiendo todo tipo de datos sin darnos el tiempo necesario para la reflexión y la comprensión. Pero tal cosa no se tiene demasiado en consideración. Nos creemos más inteligentes y mejor preparados por la disponibilidad informativa a la que tenemos alcance.

Desde luego, todas las consideraciones mencionadas son el caldo de cultivo en el que nos movemos hoy, y los resultados son más que evidentes; la decadencia de los valores humanos, la infelicidad y el sufrimiento son marcas profundas de nuestra sociedad. No es nada nuevo, pero darnos cuenta de tal dinámica social es importante para ver que no somos mejores  ni más sabios que los antiguos. Sabemos más –supuestamente-, pero no significa que seamos más sabios.

Es importante considerar lo siguiente: la diferencia entre saber y comprender.

Saber es informarse, obtener datos, mientras que la comprensión es la asimilación de una información a través de la reflexión y la experiencia. La experiencia se vive no solo con el intelecto, sino también desde el sentimiento, el instinto y más allá de eso, la Conciencia. Con el saber solo acumulamos datos; con la comprensión los ordenamos y le damos una dimensión mucho más profunda a aquello que estamos tratando, porque nos convertimos en aquello que nos disponemos a conocer, haciéndolo práctico. Si prestamos atención a esta diferencia advertimos que la comprensión es más escasa de lo que podemos imaginar, y que además no nos diferencia de nuestros antepasados, porque saber no tiene valor si no se comprende.

Hoy se crean sistemas y métodos en los que se confunden las terapias y la espiritualidad, la forma de alimentarse con el desarrollo del alma, y la huida de la realidad con vivir conscientemente.

La motivación de esta serie, Retorno al Conocimiento, es la de revisar nuestras ideas sobre lo que es el conocimiento y el autoconocimiento teniendo presente que los sabios y escuelas de conocimiento del pasado ya conocían qué es la interioridad humana y su espiritualidad, y que no es necesario inventar nada respecto a los caminos espirituales porque no hay nada nuevo bajo el sol; solamente lo hemos olvidado. 

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