Retorno al Conocimiento IV: El compromiso interior

¿Hasta dónde uno está dispuesto a llegar? ¿Qué se quiere conseguir? En el trabajo interior, si no hay compromiso, nada puede hacerse ni desarrollarse. El compromiso interior es tener como prioridad el Conocimiento. Se vive y mantiene de instante en instante. 

El compromiso con uno mismo es una de las primeras condiciones para andar el Camino del Conocimiento. Transitamos por la vida demandando respeto y responsabilidades, pero ni siquiera nos respetamos ni nos responsabilizamos de nosotros mismos. Así se vuelve complicado trabajar sobre nosotros. Llenos de nosotros mismos en la superficialidad, olvidamos nuestra interioridad. No nos comprometemos a conocernos. De esta manera, atados a nuestros estados psicológicos y a las influencias externas, nos faltamos al respeto continuamente. No nos atendemos; más bien nos desatendemos. No ponemos atención a lo que somos en realidad; actuamos como si ya fuéramos algo hecho y que ése algo es lo único que hay, que eso es lo que somos. Y como además nos identificamos con ello, “ya está bien como estamos”, llegamos a pensar.

El compromiso requiere voluntad, perseverancia y constancia. No hay término medio cuando se habla de compromiso. Análogamente, un compromiso matrimonial no se hace a medias; no se está medio-comprometido, no se está medio-casado. O se está comprometido o no se está. Cuando uno se compromete, lo hace para dar el máximo de sí. Esto no cambia en el compromiso consigo mismo. De hecho, se multiplica. Es vivir más intensamente, recordarse a sí mismo, estar presente.

El recuerdo de sí nos ubica conscientemente en la realidad. El recuerdo de sí es el estado en que somos conscientes de nosotros mismos, aquí y ahora, con la Conciencia funcionando e interactuando con el mundo. Es un estado que abraza lo que somos y aquello en que participamos. La percepción en el recuerdo de sí es distinta a la ordinaria, porque los pensamientos, emociones y actos son vividos desde fuera de los estados psicológicos comunes. Experimentamos todo con claridad, aceptación y sin necesidad de obtener nada. Ubicarnos en el recuerdo de sí es esencial para experimentar la realidad y participar en ella conscientemente. Es indispensable para el trabajo interior.

Pero volvamos al compromiso. El compromiso con el trabajo interior es el que uno tiene para consigo, y esto conlleva una disciplina férrea sobre sí mismo. No una disciplina marcial, castigadora, sino una en la que las prioridades sean ubicadas de la forma más permanente posible.

Normalmente, las personas viven según sus prioridades. Los compromisos familiares, laborales y las aficiones suelen representar nuestras prioridades en la vida. La primera prioridad para aquel que trabaja sobre sí es el Conocimiento. Y esto no significa huir de la realidad. Lo que quiere decir es que vivimos según nuestro trabajo interior dentro del mundo y, por tanto, más adentro de la realidad. Y como el Conocimiento es interrelación, nuestras interacciones con las personas que nos rodean y las situaciones que vivimos se tornan más reales, más conscientes, más beneficiosas para uno y los demás.

El compromiso interior es elegir como prioridad el Conocimiento. Es ubicar nuestro centro de gravedad –el foco central de nuestra vida-, en el trabajo interior. Cuando hay compromiso no existen excusas para no trabajar interiormente. El límite lo marca uno mismo; pero cuando una persona está comprometida consigo misma, a medida que pasa el tiempo, se da cuenta de que no hay marcha atrás una vez se ha comenzado a caminar. La vida de antes –la que ofrece la Ley General- es un sinsabor y ya no brinda nada satisfactorio. Y no me refiero tan sólo a los estados emocionales o a las divagaciones intelectuales de las que unos u otros hacen uso para llenarse.

Remarco este punto porque muchas personas, insatisfechas con su vida cotidiana, buscan en la “espiritualidad” el llenado que no les da su rutina diaria, y esto es un error, porque en este sentido es cambiar de collar al mismo perro. Cuando he indicado que llegado cierto punto uno se da cuenta del sinsabor de la vida dentro de la Ley General, me refiero a que verdaderamente vemos la ilusión y la limitación en la que estamos. Algún tipo de experiencia nos puede llevar a verlo aunque sea una fracción de segundo, y es entonces cuando comenzamos a buscar, a preguntarnos, a aventurarnos para intentar encontrar otros modos de vivir en lo que concierne nuestra vida interior, que es la exterior al fin y al cabo. Es la entrada a la Ley de Excepción, en donde uno se sitúa en el lugar en donde la incertidumbre es constante y todo está cohesionado.

El Camino aquí y ahora

Comprometerse con el Conocimiento implica darse a él totalmente; darse totalmente significa trabajar con todo lo que somos. La transformación de nuestros pensamientos, emociones y actos han de ir de la mano, sin dejar atrás ninguna de nuestras partes.

Para clarificar qué significa esto, vamos a ilustrar los diferentes tipos de caminos que hay para así aprender a discernir un camino completo del que no lo es. Esto es importante, porque si nos sumergimos en un camino incompleto, nuestros esfuerzos no darán resultados íntegros.

Antes de definirlos, para comprender la dirección de cada vía, es necesario que precisemos las tres maneras en que nos manifestamos, “órganos” de nuestra percepción y acción.

Tres son los modos en que discurrimos por la vida normalmente: a través del intelecto, de la emocionalidad y del instinto-motriz. Vivimos como si tuviéramos tres mentes.

Los procesos discursivos, analíticos, racionales, son función del intelecto.

La emocionalidad genera conductas y responde a sensaciones corporales. Es la reacción que tenemos ante las percepciones de la vida.

El instinto-motriz se encarga de los procesos fisiológicos automáticos, de la supervivencia, del movimiento y de la voluntad.

Las tres mentes están entremezcladas y se influyen mutuamente sin cesar; no hay pensamiento sin una parte de emocionalidad implícita, por ejemplo. Una emoción nos provoca pensamientos y sensaciones físicas claras. Un pensamiento puede generar emociones y activar procesos fisiológicos determinados.

Hay una hiperespecialización en cuanto al estudio de los tres cerebros, útil hasta cierto punto. Pero lo funcional en el trabajo interno es aprender a diferenciar y discernir de qué manera trabaja en nosotros cada centro o cerebro en las situaciones que vivimos a diario. Esto nos ayuda a comprender nuestros movimientos internos con claridad, concretando nuestro funcionamiento ante los asuntos de la vida diaria.

Esclarecido el resumen descriptivo de los tres cerebros, vamos a abordar los caminos.

El camino del faquir es la senda dedicada al desarrollo de la voluntad a través del cuerpo. Es el camino dedicado a la inteligencia motora, en el que se consiguen controlar las funciones del organismo y la voluntad es desarrollada. Con voluntad me refiero aquí a la capacidad de manejarse a sí mismo.

El camino del monje es el sendero orientado a la fe del corazón y al trabajo con las emociones. Este camino está consagrado al centro o inteligencia emocional. En esta vía el trabajo con el centro intelectual y motor son olvidados.

El camino del yogui o del sabio es aquel en el que son desarrolladas las facultades intelectuales al máximo, de tal manera que los procesos mentales son controlados.

Estos caminos son útiles, pero incompletos.

Hay un cuarto camino, que es aquel que se realiza en el ruido del mundo, dentro de la Ley General, en el cual se trabaja sobre sí mismo al completo. La intelectualidad, la emocionalidad y la voluntad son refinadas al mismo tiempo a través del estudio, la comprensión, la confianza en el camino y el desarrollo de la voluntad.

Quisiera aclarar que algún lector, al leer “cuarto camino”, pensará en G.I. Gurdjieff como su creador o portavoz, pero no es exactamente el caso. Gurdjieff hizo una gran labor, eso es indudable, pero él recibió conocimientos que ya existían, y los trajo a Occidente. No inventó nada, sino que recogió fragmentos de las enseñanzas de la Tradición, las cuales aprendió a lo largo de sus viajes y experiencias por medio mundo, sobre todo en el Oriente. Es de agradecer su labor, aunque no por ello hemos de vanagloriar su figura.

Trabajar con todo lo que somos involucra un compromiso completo. Y un compromiso real supone dar todo por adelantado. La implicación, la constancia y la confianza en el camino que he comentado son imprescindibles. El compromiso se cumple y se vive de instante en instante, no hay otra manera de mantenerlo. No es un modo de vida, es la Vida. No es una manera de pensar, ni un modo de percibir. Es el acto de hacerse consciente y la experimentación –participación- de la Realidad.

Uno tiene que pagar bastante. Para los malos pagadores, para los perezosos, para los perdedores, no hay oportunidad alguna. Uno debe pagar, pagar bastante, pagar inmediatamente y pagar por adelantado. Pagar desde uno mismo, con esfuerzos sinceros, con entusiasmo, sin expectativas. Lo más que ustedes voluntariamente paguen, sin evasivas, sin trampas, sin falsedades, lo más que ustedes recibirán.” La Primera Iniciación, Jeanne De Salzmann. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario