Simbología: Puente

Puente de Gaztelugatxe. 
Puente. 1. El simbolismo del puente, en cuanto permite pasar de una ribera a otra, es uno de los más universalmente extendidos. Este paso es el de la tierra al cielo, el del estado humano a los estados suprahumanos, el de la contingencia a la inmortalidad, el del mundo sensible al mundo suprasensible (Guénon), etc. Diversas leyendas de la Europa oriental hablan de puentes de metal atravesados sucesivamente a caballo; Lanzarote atraviesa un puente-sable; el puente Chinvat, el divisor de la tradición irania, es un paso difícil, ancho para los justos y estrecho como una hoja de afeitar para los impíos; estos puentes estrechos o cortantes se reducen a veces a un bejuco vacilante. El Oriente antiguo, la visión de san Pablo, los Upanishad mencionan símbolos parecidos. El viaje iniciático de las sociedades secretas chinas conoce también el paso de puentes: hay que pasar el puente (kuo-kiao), sea un puente de oro, representado por una banda de estofa blanca, sea un puente de hierro y cobre, reminiscencia alquímica en la que el hierro y el cobre corresponden al negro y al rojo, al agua y al fuego, al norte y al sur, y al yin y al yang. No es superfluo precisar que este puente es simbolizado a veces por una espada.
Se advierten pues dos elementos: el simbolismo del pasaje, y el carácter frecuente mente peligroso de ese paso, que es el de todo viaje iniciático. El paso de la tierra al cielo identifica el puente con el à arco iris, ese pasillo echado por Zeus entre ambos mundos y que recorre la hermosa Iris, su mensajera de buena nueva. El parentesco es evidente en el caso de los puentes arqueados del Extremo Oriente; así, los que dan acceso a los templos shintoístas, imágenes del puente celeste que introduce al mundo de los dioses, y cuya travesía se acompaña de purificaciones rituales. También lo identifica con el eje del mundo en sus diversas formas, y especialmente con la à escala, en cuyo caso se considera que el puente está vertical.
Es muy notable que el título de pontifex, que fue el del emperador romano y continúa siendo el del papa, significa «constructor de puentes». El pontífice es a la vez el constructor y el puente mismo, como mediador entre cielo y tierra. Nichiren dice del Bu4dha que es «para todos los seres vivos.., el gran puente, el que permite atravesar la à encrucijada de las seis vías». El puente verdadero, enseña el Ch Upanishad, es el yo «que enlaza estos mundos para impedir que se dispersen. Al atravesar este puente, la noche se torna igual al día, pues ese mundo de la inmensidad no es sino luz» (DANA, GUEM.GUET, GUES. HERS, RENB, SÇHI). P.G.
2. En el Mabinogi de Branwen, hija de Llyr, los ejércitos galeses que invaden Irlan da para vengar la triste suerte dada a Branwen por su marido Matholwch, rey de Irlanda, son detenidos por el Shannon, río mágico que no tiene puente y que ningún navío puede atravesar. El rey Bran se tiende pues a través del río, de una a otra ribera, y los ejércitos pasan sobre su cuerpo. El relato galés ve en este episodio mítico el origen del aforismo que reza: «Quien sea jefe, que sea puente.» Lo encontramos también en boca de rey Arturo que, como rey, es el intermediario perfecto, es decir el puente entre cielo y tierra. El simbolismo debe allegarse al de los antiguos pontífices romanos. L.G.
3. Las tradiciones del islam, las compilaciones de hadith describen la travesía del Puente o Sir que permite acceder al paraíso pasando por encima del infierno. Ese puente, más fino que un cabello y más cortante que un sable, lleva un nombre que recuerda al que designa, en el Corán, tan pronto la vía del infierno como la vía derecha que siguen los creyentes. «Sólo los elegidos lo atraviesan, los condenados resbalarán o serán atrapados por ganchos, antes de haber podido alcanzar el paraíso y serán precipitados al infierno... Se mantendrá la concepción según la cual el elegido pasará el puente más o menos deprisa, según la calidad de sus acciones o la fuerza de su fe... Algunos pasan el puente en cien años, otros en mil, según la pureza de su vida, pero ninguno de los que ha visto al Señor corre peligro de caer en el infierno.» Otras tradiciones mantienen un puente de siete arcos, correspondiendo cada uno de ellos a los siete deberes: «la fe, la oración, la limosna, el ayuno, el peregrinaje .a La Meca, la pureza ritual y la piedad filial. Quien falta a uno de ellos es precipitado al infierno» (Dominique Sourdel, en souj, 188,189,199,200). Todas estas tradiciones confirman la simbólica del puente: lugar de pasaje y de prueba. Pero le dan una dimensión moral, ritual y religiosa. Profundizando esta dirección de análisis; se podría decir que el puente simboliza una transición entre dos estados interiores, entre dos deseos en conflicto: puede indicar la salida de una situación conflictiva. Hay que atravesarla; eludir el paso no resolvería nada.

4. Se conocen también las numerosas leyendas de «puentes del diablo». Se citan muchos ejemplos por toda Europa, como los famosos puentes Valentré (Cahors), de Saint-Cloud (cerca de París), y de Martoreli (cerca de Barcelona). Se podría ver en esta denominación una especie de reconocimiento de la extrema dificultad de construir semejantes obras de arte y de admiración por su belleza y su solidez. Es como silos arquitectos y los ingenieros, incapaces de un logro tal por sí mismos, hubieran debido recurrir a toda la habilidad de Lucifer. Innumerables supersticiones e historias rodean a estos puentes del diablo, donde son embaucados uno tras otro el diablo, Nuestro Señor y sus adoradores El alma del primero que pasa debe pertenecer al diablo: es su compensación; de otra manera habría trabajado gratuitamente para los hombres; pero diversos ardides le engañan. Se dice también que la primera persona que atraviesa el puente muere en el año. Las leyendas indican en todo caso la angustia que suscita un paso difícil sobre un lugar peligroso y refuerzan la simbólica general del puente y su significación onírica: un peligro a superar, pero igualmente la necesidad de un paso a atravesar. El puente pone al hombre sobre una vía estrecha, donde encuentra ineluctablemente la obligación de escoger. Y su elección lo condena o lo salva.

Fuente: Diccionario de los símbolos, Jean Chevalier

1 comentario:

  1. Simplemente genial, uno tendria que ententer casa elemento que compone el mundo desde estos puntos de vista. Gracias por acercar la informacion y la bibliografia

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