El valor añadido y las prioridades

“No importa que continúes en la casa o que renuncies a ella para irte a la selva: tu mente te acosa. […] Si renuncias, no harás otra cosa que sustituir […] el ambiente de la casa por el de la selva. Pero siempre tropezarás con los obstáculos mentales, que incluso se incrementarán muchísimo en el nuevo medio. Cambiar el medio no sirve de nada. […] ¿Por qué cambiar de medio? Puedes realizar ahora tus esfuerzos, cualquiera que sea el medio.” – Ramana Maharshi
Con estas palabras, el maestro de la escuela Advaita, Ramana Maharshi, puntualizaba algo muy importante: que no importa el lugar en donde uno esté, porque si hay obstáculos, están en uno mismo. A veces pensamos que si abandonáramos la civilización seríamos más felices y mejores, pero esto no es necesariamente cierto.

Son nuestras estructuras psicológicas, aquellas a las que estamos tan aferrados, las que configuran las percepciones y maneras de vivir. Lo que percibimos como externo a nosotros es interpretado por los filtros psicológicos -que son nuestras unidades de medida-, y reaccionamos ante ello. Entonces, la pregunta es: ¿quién en mí, qué estructura egoica, se enfurece, se entristece, desea o rechaza?

Lo que hacemos normalmente es rechazar y culpabilizar al medio en el que vivimos, sin interiorizar en el porqué de tomar tal actitud. Si vemos que algo en nuestro mundo inmediato puede cambiar a mejor, es correcto actuar para generar un cambio; y nuestra participación será más abarcadora e íntegra si lo hacemos desde la comprensión de las situaciones, sean cualesquiera que sean. 

Cuando se dicen cosas como estas, surge el pensamiento inmediato de: “es muy fácil decirlo, pero tendrías que verte en esta situación”. O también: “eso está muy bien, pero ¿cómo se hace?”

Un llamado a la Conciencia I; Jeanne de Salzmann

Fragmentos del capítulo "Un llamado a la Conciencia" de la obra La Realidad del Ser de Jeanne de Salzmann.

la realidad del ser: el cuarto camino de gurdjieff-jeanne de salzmann-9788484453499        1. La nostalgia del Ser

El hombre sigue siendo un misterio para sí mismo. Siente nostalgia del Ser, nostalgia de lo duradero, de la permanencia, de lo absoluto. Sin embargo, todo lo que constituye su vida es temporal, efímero, limitado. Aspira a un mundo que lo sobrepasa. Presiente que le podría ser dado participar en él.

El hombre busca una idea, una inspiración, que podría ayudarlo a moverse en esa dirección Esa idea surge en él como una pregunta: “¿Quién soy yo?”… “¿Quién soy yo en este mundo?” Si esa pregunta llega a ser suficientemente viva, puede dirigir su vida. Él no puede responder. No sabe con qué responder. No tiene ningún conocimiento propio que le permita estar frente a esa pregunta. Pero siente que tiene que acogerla. Se pregunta lo que él es. Ése es el primer cambio en el camino. Quiere abrir los ojos. Quiere despertar.

   2. La fuerza de la vida

Uno quiere vivir, estar en la vida. Desde mi nacimiento, algo en mí busca afirmarse en el mundo exterior. Quiero devorar el mundo. No quiero ser devorado. Quiero ser siempre el primero, y muy pronto encuentro la resistencia del mundo. A partir de allí, ese impulso fundamental de autoafirmación asume formas muy curiosas; por ejemplo, la autocompasión o la negación a manifestarse.

Las relaciones humanas I: ¿Cómo son nuestras relaciones con los demás?

Nota: Este artículo ha sido revisado y ampliado para ahondar en las cuestiones que trata esta serie

¿Realmente nos planteamos qué y cómo son las relaciones humanas? ¿De qué manera interactuamos con los otros? ¿Cómo nos afecta e influye en los demás la manera en que nos comunicamos?

Erik Johansson ©
Es indudable que todos estamos conectados. En el nivel más inmediato, los seres humanos estamos relacionados y conectados en todo momento. Todo tipo de ondas y energías son información per se, y tienen un contenido y una influencia constante en aquello que le rodea, que al mismo tiempo es a lo que pertenece. Podemos verlo más claramente si abordamos la cuestión de los campos mórficos de Rupert Sheldrake y el inconsciente colectivo postulado por C.G. Jung. En un artículo anterior abordamos tal interconexión:
 Todo ser humano influye y es influido por los demás; este hecho nos indica que, dependiendo de nuestra actitud volitiva, potenciamos, menguamos, generamos o anulamos situaciones. Cuando tenemos noción de esto, nos damos cuenta de que la adquisición de conocimiento y el desarrollo de nosotros mismos equivalen a participar en la realidad de forma activa y consciente. Esto nos convierte en responsables, en interparticipantes activos de todo lo demás. No me estoy refiriendo a la participación política o ciudadana, sino que más ampliamente estoy hablando de lo que engloba dicha participación; el desarrollo de nuestra conciencia, que abarca la relación con nosotros mismos, con los demás, con el ambiente, con lo inasible, etc. Irradiamos lo que somos; nuestro estado anímico es contagioso. Una persona con depresión puede contagiársela a otras que convivan con ella, por ejemplo. Emitimos ondas, energía, y ello conlleva que se expanda e imbuya a nuestro entorno inmediato. Somos decodificadores de la realidad, y según nuestro Conocimiento decodificamos con menor o mayor nitidez lo que vivimos interna y externamente.

Cada vez que interactuamos con los demás, el intercambio de energía que se genera produce en cada uno cierto cambio y reacción que afecta a nuestra psicología y energía. Las implicaciones de por qué hay cambios y reacciones en nuestras interacciones humanas van por dos caminos: uno, por el de sí mismo, y el otro, por nuestro interlocutor.

Buscando la salida de la cueva

Hay un aspecto vital a tener en cuenta cuando tomamos la determinación de andar el Camino. Este punto tan importante es el de reconocer y vivir conscientemente el estado de estridencia interna en el que vivimos para aprender a ver lo que es beneficioso y perjudicial para nosotros. En el momento en el que conseguimos ubicarnos en un estado de atención durante la meditación u otros métodos, vemos con claridad que andamos sin rumbo de un lado a otro de forma inconsciente.

Sin darnos cuenta vivimos sometidos por los estímulos del exterior, dejándonos guiar por sus influencias, ya sean de amigos, familiares o el estado. A eso añadamos la esclavitud interna de creer en lo irreal y vivir fuera del ahora.

Es como si anduviéramos dentro de una cueva sin un haz de luz con el que guiarnos para encontrar la salida. Nos damos golpes sin ver por dónde caminamos. De vez en cuando oímos un sonido –un estímulo externo- y lo seguimos, con la esperanza de hallar el exterior. Pero ése sonido nos provoca mayor confusión y chocamos más fuertemente con las paredes de roca, las estalagmitas y las estalactitas. Desorientados, tenemos miedo de dar un paso en falso, y sin voluntad, llenos de temor, quedamos paralizados hasta que se oye un nuevo sonido, provocando una nueva y sufriente carrera hacia ningún sitio. De vez en cuando, vislumbramos un pequeño haz de luz, pero acostumbrados a la oscuridad, nos ciega y nos da miedo ir hasta él. Confiamos más en la oscuridad y los sonidos confundidores que de la luz. Ésa luz es la salida real de la cueva, pero habituados a tal condición oscura y confusa, no la reconocemos, y llegamos a pensar que es perjudicial para nosotros.

El terrible enemigo de la identificación

Fragmentos de la obra En busca de lo milagroso, de P.D. Ouspensky.

"«La identificación» es un rasgo tan común, que en la tarea de la observación de sí es difícil separarla del resto. El hombre está siempre en estado de identificación; sólo cambia el objeto de su identificación.

"El hombre se identifica con un pequeño problema que encuentra en su camino y olvida completamente las grandes metas que se propuso al principio de su trabajo. Se identifica con un pensamiento y olvida todos los demás. Se identifica con una emoción, con un estado de ánimo, y olvida otros sentimientos más profundos. Al trabajar sobre sí mismas, las personas se identifican hasta tal punto con metas aisladas que pierden de vista el conjunto. Para ellas los dos o tres árboles más cercanos llegan a representar todo el bosque.

"La identificación es nuestro más terrible enemigo porque penetra por todas partes. En el mismo momento en que creemos luchar contra ella seguimos siendo víctimas de su engaño. Y si nos es tan difícil liberarnos de la identificación, es porque noidentificamos más fácilmente con las cosas que más nos interesan, a las que damos nuestro tiempo, nuestro trabajo y nuestra atención. Para liberarse de la identificación el hombre debe entonces estar constantemente en guardia y ser despiadado consigo mismo. Es decir, que no debe tener miedo de desenmascarar todas sus formas sutiles y escondidas.

"Es indispensable ver y estudiar la identificación a fin de descubrirla en nosotros mismos hasta sus raíces más profundas. Pero la dificultad de la lucha contra la identificación se acrecienta aún más por el hecho de que cuando la gente la nota, la mira como una cualidad excelente y le concede los nombres de «entusiasmo», «celo», «pasión», «espontaneidad», «inspiración», etc. Consideran que realmente no pueden hacer un buen trabajo en cualquier terreno sino en estado de identificación. En realidad esto es una ilusión. En tal estado el hombre no puede hacer nada sensato. Y si la gente pudiera ver lo que significa el estado de identificación, cambiaría de opinión. El hombre identificado no es más que una cosa, un trozo de carne; pierde hasta la poca semejanza que tenía con un ser humano. En el Oriente, donde se fuma el hashish y otras drogas, a menudo sucede que un hombre se identifica con su pipa hasta el punto de considerarse a sí mismo como una pipa. Esto no es un chiste, sino un hecho. Se toma efectivamente una pipa. Esto es la identificación. Pero para llegar a esto no son necesarios en lo más mínimo el hashish o el opio. Miren a la gente en las tiendas, los teatros o restaurantes. Vean cómo se identifican con las palabras cuando discuten o tratan de probar algo, sobre todo algo que no conocen. No son más que deseo, avidez, o palabras; de ellos mismos no queda nada.

"La identificación es el principal obstáculo para el recuerdo de sí. Un hombre que se identifica es incapaz de recordarse a sí mismo. Para poder recordarse a sí mismo, primero es necesario no identificarse. Pero para aprender a no identificarse, ante todo el hombre debe no identificarse consigo mismo, no llamarse a sí mismo «Yo», siempre y en todas las ocasiones. Debe recordar que hay dos en él, que hay él mismo, es decir Yo en él, y el otro con el cual debe luchar y al que debe vencer si quiere lograr algo. Mientras un hombre se identifique o sea susceptible de identificarse, es esclavo de todo lo que puede sucederle. La libertad significa ante todo liberarse de la identificación.”

Alegoría de la caverna de Platón

El filósofo griego Platón narró en el libro VII de la Repúblicauna de las alegorías más conocidas de la filosofía. Trata sobre la posición del ser humano respecto al conocimiento y su percepción de la realidad.

"Después de eso –añadí– represéntate la naturaleza humana en la siguiente coyuntura, compara nuestra naturaleza respecto de su educación y de su falta de educación con una experiencia como ésta. Imagínate una caverna subterránea, que dispone de una larga entrada para la luz a lo largo de ella.

En ella están desde su niñez unos hombres con las piernas y el cuello encadenados, de modo que deben permanecer allí y mirar sólo delante de ellos, imposibilitados como están por las cadenas de volver la vista atrás.

Pon a su espalda la llama de un fuego que arde sobre una altura a distancia de ellos; y entre el fuego y los cautivos un camino eminente franqueado por un muro, semejante al biombo que los titiriteros levantan delante del público para mostrar, por encima del biombo, los muñecos y las maravillas que disponen. 

–Ya me imagino eso –dijo. 
– Imagínate ahora que, del otro lado del tabique, pasan sombras que llevan toda clase de utensilios y figurillas de hombres o animales, hechos en piedra y madera y de diversas clases; y entre los que pasan unos hablan y otros callan. 
–¡Extrañas imágenes describes, y extraños son esos prisioneros!. 
–Pero son como nosotros. Pues en primer lugar, ¿crees que esos hombres han visto de sí mismos, u otros, algo que no sean las sombras proyectadas por el fuego en la parte de la caverna que tienen frente a sí? 

Retorno al Conocimiento VII: Vivir de instante en instante

Lo único real es el instante. No es un segundo, ni una milésima, ni una millonésima de segundo; el instante no tiene medida de tiempo porque se sucede continuamente. Cuando vivimos de instante en instante no hay historia personal ni memoria acumulada que nos conduzca, porque el estado de atención va más allá de nuestro convencionalismo psicológico.

En nuestro estado habitual de sueño, en el que nos regimos por unas u otras características psicológicas, consideramos que las cosas han de ser de una manera determinada, que se ha de actuar siempre igual ante las mismas situaciones. En esta continuidad, lineal y repetitiva, no vivenciamos la Realidad, ya que la hemos sustituido por la degustación de las sensaciones y las recreaciones psicológicas. Es así cómo vivimos en una burbuja particular, la cual protegemos para que no estalle.

Vivir en el instante es la practica de la flexibilidad, porque las normas por las que se gobierna el ego no aparecen, y si lo hacen no se manifiestan tan fuertemente, puesto que la atención consciente del instante permanece. En el instante se es flexible porque se actúa según la necesidad del momento y la situación.

En el instante hay claridad, es el wu wei del Tao. Se actúa sin imponer la voluntad ni el deseo. Es adaptación, comprensión de lo que va más allá de las apetencias, las sensaciones y los fenómenos. No hay complicación, sino diligencia. Hay saber-hacer, no vanas esperanzas. Hay movimiento sin espera de resultados.  

En el instante a instante una pregunta es una respuesta, y esto lo vivimos en los koan. No hay respuesta a la pregunta, sino naturaleza de la pregunta, que es en sí una respuesta. De instante en instante podemos conocer la naturaleza de aquello que vivenciamos, sin elucubraciones ni deducción alguna. Es participación, conocimiento. Participación del origen, participación de lo que somos, conocimiento de lo que es y lo que no es. No hay pretensión ni necesidad de saborear una sensación, emoción o pensamiento. No hay esfuerzo, pero sí fortaleza; no hay llenado, pero se está lleno.


El instante Es. 

Retorno al Conocimiento VI: La historia personal, la incertidumbre y la impermanencia

Vivimos buscando certezas y nos identificamos con nuestra historia personal a cada momento, cuando la incertidumbre y la impermanencia son la única realidad. Aceptar esta situación nos permite vivir de instante en instante.

Vamos a dar un pequeño repaso resumiendo lo que hemos abordado hasta ahora para ubicarnos más adecuadamente en los temas que estamos tratando en esta serie de artículos.

El enfoque moderno de la espiritualidad está ligado a la idea científico-capitalista de progreso y beneficio. Tal consideración nos lleva a la búsqueda de metas y logros constantes, a respuestas inmediatas y a la potenciación de estados psicológicos que pueden ser perjudiciales si no los gestionamos adecuadamente. Intentamos afianzar todo lo que aprendemos de una manera que acomode nuestra vida, utilizando egoístamente los conocimientos adquiridos para que no haya sobresaltos en nosotros. Una actitud típica venida de la codicia por obtener comodidad psicológica y etiquetas fijas en todo y todos.

Las dinámicas egoicas, la ignorancia de lo que somos y la estrecha visión que tenemos de la realidad nos mantiene en un sueño que todos compartimos.

Este sueño –representado bajo diferentes símbolos y alegorías a lo largo del tiempo-, nos mantiene bajo el imperio de un sistema que rige los ciclos de vida del planeta. Esto es llamado Ley General en la Tradición ortodoxa oriental. La Ley General es necesaria y divina. Permite que la vida siga. Para ello, varias leyes dentro de esta gran ley nos someten. El hambre, la necesidad de procrear, el miedo, etc., son algunas de sus manifestaciones.

Esta ley se manifiesta en forma de diferentes influencias, llamadas influencias A, las cuales se muestran en forma de idiosincrasias culturales, por ejemplo, en el condicionamiento de la experiencia puramente subjetiva, etc. Estas influencias tienen la función de mantenernos en el lugar que nos corresponde según la Ley General, que es la de servir al conjunto.

En el momento en que un individuo, por alguna causa, experimenta que hay algo más allá de lo conocido, comienza a abrírsele una puerta hacia otro tipo de vida que, según la Tradición, es llamada Ley de Excepción. En este punto puede empezarse un trabajo serio sobre sí mismo, el cual requiere esfuerzos constantes, pero no forzados, porque todo aquello que se fuerza demasiado suele acarrear el resultado contrario al que esperábamos o pretendíamos llegar. Es un camino de constancia y paciencia.

Imaginemos que nos disponemos a emprender una caminata.

Retorno al Conocimiento V: Una primera ubicación

Como ya hemos comentado hasta ahora, las interacciones e interrelaciones de todo lo que existe son constantes e ininterrumpidas. En un capítulo anterior describimos el tipo de influencias o elementos que constituyen la manifestación de la Ley General en nuestro mundo interior y exterior; estos elementos son las influencias A. Respecto al trabajo interior, podemos decir que las influencias A son el ruido que distorsiona el sonido de lo Real, ya que su cometido es otro. Su función consiste en mantener a los seres humanos dentro de la Ley General, y por naturaleza son opuestas al Camino, que está fuera de su jurisdicción.

Por ello, como también ilustré, aquel que trabaja sobre sí penetra en la Ley de Excepción; y es llamada de esta manera porque no es común que se dé este hecho.

¿Y cómo conseguimos que las influencias A dejen de someternos como lo hacen?

Búsqueda y tendencias

Existen otro tipo de influencias de carácter consciente, y su naturaleza es la de la Conciencia misma: real, perenne, conectada y participante de la Realidad. Estas son las influencias B.

Las influencias B las encontramos en la enseñanza interior de religiones como el cristianismo –tanto la mística cristiana como la Tradición Ortodoxa Oriental-, el islam –el sufismo, su corazón-, el zen, el taoísmo, ciertas escuelas filosóficas, las escuelas de Misterios, algunas escuelas de los nativos de América, etc. También, en la actualidad, podemos encontrar influencias conscientes en películas y libros modernos.

Sabiduría sufi: ¿Contra quién es la batalla?

Extraído de: http://sabiduriasufi.blogspot.com.es/

La verdadera Yijad, la Yijad-al-Akbar (la gran lucha) se realiza dentro de nosotros mismos. No es contra el otro, aunque piense distinto o sea distinto o actúe diferente. Es la lucha para encontrarnos a nosotros mismos. Un guerrero sabe que para ganar la batalla se debe conocer al enemigo. ¿Contra quién estás peleando.

Solo cuando conoces bien a tu enemigo le puedes vencer. Nuestro enemigo somos nosotros mismos.

El nafs (el ser terrenal o ser bajo, la personalidad falsa) que hemos fabricado con el miedo, la arrogancia, la avaricia y el enojo. Sabiendo que hay algo mal, pasamos al segundo paso – vigilancia y la compilación de información y conocimiento acerca del enemigo. Debemos empezar por un programa de auto vigilancia continua. ¿Quién eres? ¿quién crees que eres? ¿quién pretendes ser? ¿qué mascaras traes y por qué? ¿qué te hace mover, actuar, reaccionar...hacer? ¿estás haciendo o reaccionando? ¿por qué quieres lo que quieres? El Sufismo es la esencia de la religión. Islam significa Sumisión a Dios. El Sufismo guía al practicante a la realidad de eso.

La altura del cielo, el espesor de la tierra; Liu I-Ming

El cielo en su conjunto es extremadamente alto. Abierto, redondo, inconmensurable, ilimitadamente vasto. Todo lo cubre, todo lo contiene, crea millones de seres sin esperar ninguna recompensa. Permite que los propios hombres decidan entre ser respetuosos y falsos, solidarios y hostiles. Ya sean buenos o malos, atractivos o repulsivos, ya sean violentos y tercos o dóciles y obedientes, se les permite que lo sean sin ser forzados a nada.
La tierra tiene un gran espesor. Es humilde, está debajo de todo, todo lo soporta y a todos los seres alimenta. Puede soportar incluso el peso de grandes montañas, y puede tolerar incluso la fuerza erosiva de las grandes aguas. Tolera ser atravesada por plantas y árboles, y se somete al pisoteo de los pájaros y las bestias. No le importa ser degradada por la polución.
 Al observar esto me doy cuenta de que este es el Tao de la imitación del Cielo y de la Tierra. Si los hombres pueden tener una mente abierta y ser magnánimos, ser receptivos a todo, compadecerse de los ancianos y de los pobres, ayudar a aquellos que se encuentran en peligro y socorrer a aquellos que estén atravesando por problemas, entregarse sin esperar una recompensa, no guardar nunca rencor, contemplar a los demás y a sí mismos con imparcialidad, y comprender que todo es unidad, entonces podrán ser compañeros del cielo.
Si los hombres pueden ser flexibles y complacientes, humildes, tener autocontrol, mantenerse completamente libres de toda agitación, liberados de toda volatilidad, no enfadarse ante las críticas, ignorar los insultos, aceptar todas las dificultades, las enfermedades y los desastres naturales, y no mostrar la menos señal de ansiedad o de resentimiento cuando se enfrenten al peligro o a la adversidad, entonces podrán ser compañeros de la Tierra.
Cuando el hombre posee la nobleza del Cielo y la humildad de la Tierra, se hace partícipe de los atributos del Cielo y de la Tierra, y se perpetúa junto con ellos hacia la eternidad.

Simbología: La escalera

Escalera. 1. La escalera es el símbolo de la progresión hacia el saber, de la ascensión hacia el conocimiento y la transfiguración. Si se eleva hacia el cielo, se trata del conocimiento del mundo aparente o divino; si vuelve a entrar en el subsuelo, se trata del saber oculto y de las profundidades de lo in consciente. La escalera blanca representa a veces la alta ciencia; la escalera negra, la magia negra. Como la à escala, simboliza la búsqueda del conocimiento exotérico (la subida) y esotérico (la bajada) (HAMK, 6).
2. Los egipcios conocen igualmente este símbolo de la ascensión. Las pirámides son ya una analogía de la escalera; lo que es particularmente evidente en el caso de las pirámides escalonadas. Otras obras plásticas representan a las almas de los difuntos subiendo una escalera de siete o nueve peldaños, para rendirse ante el trono de Osiris y sufrir la prueba de la psicostasia. Se representan barcas que llevan en el centro, a guisa de mástil y velamen, una escalera de siete o nueve peldaños, que «simboliza la última y definitiva ascensión del alma hacia las estrellas, en las cuales se confundirá al unirse a la luz de Ra; son las Barcas de la Escalera del Cielo, símbolos de la ascensión del alma» (CHAM, 139,171).

3. La escalera es un símbolo ascensional clásico, que designa no solamente la subida en el conocimiento, sino una elevación integrada de todo el ser. Participa de la simbólica del eje del mundo, de la verticalidad y de la espiral. Cuando tiene una forma espiraloide, atrae particularmente la atención sobre el foco del desarrollo axial, que puede ser Dios, un principio, un amor, un arte, la conciencia o el yo propio del ser que está en curso de ascensión y que se apoya entera mente en este foco, alrededor del cual dibuja sus volutas. Como todos los símbolos de este tipo, la escalera reviste un aspecto negativo: es el descenso, la caída, el retorno a la tierra e incluso al mundo subterráneo. Pues la es calera enlaza los tres mundos cósmicos y se presta tanto a la regresión como a la ascensión; ella resume el drama entero de la verticalidad.

Fuente: Diccionario de los símbolos, Jean Chevalier.