Cuestiones sobre la Búsqueda IV: Un apunte sobre los maestros

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La parábola de los ciegos, Brueghel el Viejo.

En los primeros tres capítulos de esta serie hemos analizado varios aspectos que diferencian la Búsqueda contemporánea con la Búsqueda Tradicional. Muchos pueden decir, vistas las diferencias, que los tiempos cambian y todo evoluciona. Pero en lo que se refiere a la interioridad humana, no es así en absoluto. Ya bien Ouspensky, en Fragmentos de una enseñanza desconocida, lo menciona:
—Para un hombre de cultura occidental, dije [Ouspensky], naturalmente es difícil creer y aceptar la idea de que un faquir ignorante, un monje ingenuo, o un yogui retirado del mundo pueda estar en el camino de la evolución mientras que un europeo cultivado, armado de su «ciencia exacta» y de los últimos métodos de investigación, no tiene ninguna oportunidad y gira en un círculo del cual no puede esperar salir. 
—Sí, esto es porque la gente cree en el progreso y en la cultura, dijo G. Pero no hay ningún progreso, de ninguna clase. Nada ha cambiado en miles de años. Sólo la forma exterior cambia. La esencia no cambia. El hombre sigue siendo exactamente igual. La gente «culta» y «civilizada» vive movida por los mismos intereses que los salvajes más ignorantes. La civilización moderna está basada en la violencia, la esclavitud y las frases bellas. Pero todas las frases bellas sobre la civilización y el progreso no son más que palabras."

Hemos de tener presente, además, que todo pensamiento moderno tiene detrás el acervo del Conocimiento que se ha dado a lo largo de la Historia. Y, también, que muchas escuelas de Conocimiento perduran tanto en su esencia como en la forma –veáse el budismo o el sufismo, por ejemplo-.

Y he aquí un fenómeno que he podido observar de cerca en el caso de enseñanzas que en esencia y forma han sido traídas a Occidente: que solamente se ha quedado la forma y la esencia ha quedado profundamente oculta, ya que con el paso del tiempo se ha ido desacralizando la enseñanza para dar paso al seguidismo y el culto a las personalidades líderes. Ésa es nuestra herencia cultural, arrasadora de lo sagrado y estandarte de la cosificación.

La impermanencia en el Camino: viaje hacia nuestro interior - Booktrailer -

Me place presentaros el anuncio de mi obra "La impermanencia en el Camino: viaje hacia nuestro interior". En breve será publicada en e-book en Amazon.



Título: La impermanencia en el Camino: viaje hacia nuestro interior. 

Autor: Álvaro Moreno

Mi blog: http://eternoretornoetre.blogspot.com.es

"La impermanencia en el Camino" ofrece un replanteamiento sobre nuestras concepciones y direcciones en el Camino del Conocimiento y ahonda en las cuestiones esenciales de nuestra interioridad y relación con la Vida. 

Próximamente será publicado en e-book. 

E-mail: eterno_retorno@yahoo.es

http://agnosotros.blogspot.com.es/

Cuestiones sobre la Búsqueda III: Entre lo sagrado y lo profano

Es evidente que vivimos en una época de desacralización de todo lo existente. El ser humano ya no es considerado sagrado, y no es consciente de que forma parte y participa de Todo. La naturaleza es explotada como un objeto del cual extraer ganancias. Las leyes universales son vistas como códigos aprovechables para obtener lo que cada uno desee.

Todo esto lo sabemos, no estoy diciendo nada novedoso. La cuestión sobre este punto está en comprender qué supone para nosotros en todos los planos de nuestra vida tal separación con lo Esencial.

Vivimos en un constante estado de ensimismamiento, creyendo que lo que nos rodea es un objeto con el que lograr algo. Me remito sobre todo a la sutilidad de las interacciones humanas, por ejemplo en las relaciones de pareja. Buscamos el llenado emocional, exigiéndole al otro una serie de atenciones y comportamientos que nos produzcan una comodidad estrictamente egoísta y egocéntrica.

En el plano de la pseudo espiritualidad, nos encontramos con el intento de aprovechamiento de las leyes universales para copar los deseos que nos surgen. Claramente lo vemos en El Secreto, el uso de la Ley de Atracción, los postulados sobre cómo crear la propia realidad, ciertos tipos de rituales, etc. Estos ejemplos y muchos otros son una prueba de la desacralización que vivimos: la Nueva Era en su conjunto, como cualquier mercado que se precie, en lugar de profundizar en la Esencia de lo sagrado y en la asistencia y servicio a la Creación, busca el engrandecimiento individual de la persona para que alcance las placenteras sensaciones pertinentes según prometa el producto ofertado.

Si buscamos esto, lo conseguiremos, desde luego. Todo lo agradable que se ha obtenido por la consumición del tal o cual producto desaparecerá en más o menos tiempo, pero luego se puede volver a repetir la consumición –da igual su forma, ya que el fondo es el mismo- para experimentar ése subidón tan placentero para los sentidos. ¿Es esto lo que buscamos?

Cuestiones sobre la Búsqueda II: El lenguaje y el significado de las palabras

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La Torre de Babel,  Brueghel El Viejo (Museo de Historia del
Arte de Viena. 
A priori es sutil, pero el significado que le damos a las palabras es determinante a la hora de relacionarnos con las demás personas. Y no es menos en el Camino del Conocimiento. Los errores de interpretación sobre las enseñanzas de todos los tiempos, venidos desde la profanidad, nos han llevado a tener un enfoque equivocado de la espiritualidad en términos generales. Quisiera poner algunos ejemplos, pero antes de hacerlo, voy a  matizar un poco más por qué cada cual le da un significado particular a las palabras.

P.D. Ouspensky escribió en la obra En busca de lo milagroso:
La gente no se da cuenta de cuán subjetivo es su lenguaje, de cuán diferentes son las cosas que dice, aun cuando todos usan las mismas palabras. No ven que cada uno de ellos habla su propia lengua sin comprender nada, o muy vagamente, la de los demás; sin tener la menor idea que el otro les habla siempre en una lengua que les es desconocida. La gente está absolutamente convencida de tener un lenguaje común y de comprenderse entre sí. De hecho, esta convicción no tiene el más mínimo fundamento. Las palabras que usan están adaptadas a las necesidades de la vida práctica. 

[…] A menudo, si no siempre, las personas creen comprenderse y en todo caso se imaginan que podrían comprenderse con sólo tomarse la molestia; se imaginan también comprender a los autores de los libros que leen, y no ser los únicos que son capaces de comprenderlos. […] Dos hombres pueden decir la misma cosa con profunda convicción, pero dándole nombres distintos, y discutir interminablemente sin sospechar que su pensamiento es exactamente el mismo. O bien, inversamente, dos hombres pueden usar las mismas palabras e imaginar que están de acuerdo, que se comprenden, mientras que en realidad dicen cosas absolutamente diferentes, y no se comprenden en lo más mínimo.
Nuestro condicionamiento y la experiencia adquirida a lo largo del tiempo determinan qué significan las palabras para cada cual. En cuanto al Camino, cada término tiene un significado muy concreto y dirigido a un lugar muy específico a la hora de formar el corpus de la enseñanza. En el momento en que alguien profano a los reales significados hace su propia valoración, subjetiva y personal, está distorsionándola, incluso tergiversándola, porque desconoce la esencia de lo que la Tradición enseña. Al desconocer el auténtico significado de las palabras, se le da la significación propia, y es así como se desvirtúan conceptos y prácticas, y se distorsionan las direcciones hacia el Camino.

Cuestiones sobre la Búsqueda I: ¿Qué buscamos?

¿Qué es lo que buscamos? ¿Hacia dónde dirigimos nuestras búsquedas interiores? ¿Realmente son interiores? Y, ¿nos preguntamos por qué buscamos?

Es importante preguntarnos a nosotros mismos por qué buscamos el Conocimiento, si es eso lo que pretendemos encontrar, y para qué lo queremos. René Guénon, en la obra Iniciación y realización espiritual, escribió:
[…] La inquietud perpetua de los modernos no es otra cosa que una de las formas de esa necesidad de agitación que hemos denunciado frecuentemente, necesidad que, en el orden mental, se traduce por el gusto de la búsqueda por sí misma, es decir, de una búsqueda que, en lugar de encontrar su término en el conocimiento como lo debería normalmente, se prosigue indefinidamente y no conduce verdaderamente a nada, y que es una empresa sin ninguna intención de llegar a una verdad en la que tantos de nuestros contemporáneos no creen siquiera.[1] 
Acordaremos que una cierta inquietud puede tener su lugar legítimo en el punto de partida de toda búsqueda, como móvil incitante a esta búsqueda misma, ya que no hay que decir que, si el hombre se encontrara satisfecho de su estado de ignorancia, permanecería en él indefinidamente y en modo alguno buscaría salir de ahí.
Como es común, en el momento de emprender la búsqueda partimos desde la ignorancia. El anhelo está en nosotros, definido inicialmente en la ingenua expresión “sé que hay algo más de lo que veo y lo que vivo”, locución esta peligrosa, ya que puede llevarnos a creer en el pensamiento mágico y en figuras de luz que no están más allá de nuestras mentes. Aun así, dicho enunciado no es falso en sí mismo, ya que vivimos dentro de un statu quo muy definido y concretizado, consensuado por prácticamente todos los miembros de la sociedad, y aquel que intuye que hay algo más allá de lo que está estipulado se está percatando de que la realidad es otra bien distinta y mucho más amplia.

Cuento esotérico VI: Las mariposas y la vela

Extraído de "El Lenguaje de las pájaros".

Una noche, se reunieron las mariposas atormentadas por el deseo de unirse a la vela. Dijeron todas: "Tenemos que encontrar a alguien que pueda darnos noticias de nuestra amorosa búsqueda". Una mariposa fue hasta un lejano castillo y percibió en su interior la luz de una vela. Volvió y contó lo que había visto; se puso a hacer la descripción de la vela según la medida de su inteligencia. Pero la sabia mariposa que presidía la reunión expresó la opinión de que la mariposa exploradora
no sabía nada de la vela. 

Otra mariposa pasó cerca de la vela y se aproximó. Tocó con sus alas la llama, la vela fue victoriosa y ella fue vencida. También volvió y reveló algo del misterio de la cuestión. Explicó un poco en qué consistía la unión con la vela; pero la mariposa sabia le dijo: "Tu explicación no es más exacta que la que ha dado tu compañera".

Una tercera mariposa se levantó ebria de amor; fue a echarse violentamente contra la llama de la vela: lanzada por sus patas de atrás, tendió al mismo tiempo las de delante hacia la llama. Ella misma se perdió y se identificó alegremente con la llama; la abrazó por completo y sus miembros se volvieron rojos como el fuego. Cuando la sabia mariposa, jefe de la reunión, vio de lejos que la vela había identificado al insecto con ella y le había dado la misma apariencia, dijo: "La mariposa ha
aprendido lo que quería saber; pero ella sola lo comprende y eso es todo".

Aquel que en efecto no tiene ni huella ni índice de su existencia sabe realmente más que los otros sobre el aniquilamiento.

Mientras que no ignores tu cuerpo y tu alma, ¿conocerás nunca el objeto de tu amor? El que te ha dado el menor índice de la cosa sumerge por esto profundamente tu alma en sangre; pero, puesto que el mismo aliento no es admitido aquí, nadie, con mayor razón, podrá serlo.

El pensamiento positivo y el pesimismo: dos caras de la misma moneda

Hoy día corre por doquier la creencia del pensamiento positivo como una filosofía de vida que nos permite alcanzar la felicidad y el bienestar, apartando lo negativo de nuestras vidas. ¿Es idónea tal pretensión y actitud?

Como ya sabe el lector, este blog y el trabajo que aquí realizo va enfocado al autoconocimiento, al despertar de la Conciencia y a la participación en la realidad. Esto significa que las reflexiones que expongo van hacia una dirección muy concreta. Con esto quiero decir que una persona que desea vivir una vida cómoda, conformista y mantenedora de bienestar está en su pleno derecho de continuar con ello, y pensar positivamente apartándose de lo negativo es una buena forma de tener una vida más o menos estable, hasta cierto punto, dentro de los cánones de la vida común. Pero cuando hablamos del Camino del Conocimiento, estamos tratando con algo totalmente distinto. El primer tipo de vida que he comentado va en dirección al mantenimiento de la Ley General, y el Camino del Conocimiento nos conduce hacia la Ley de Excepción, siendo ambas diametralmente opuestas.

La dialéctica y las falacias lógicas

Si indagamos en la ciencia de la dialéctica y el discurso, la cual se centra en el estudio del razonamiento lógico, encontramos que hay varios métodos que nos ayudan a abordar las cuestiones intelectuales con solidez y exactitud. A lo largo del tiempo –teniendo a la sabiduría de la Antigua Grecia como columna vertebral de los estudios de la dialéctica-, el refinamiento de la argumentación lógica llevó a describir multitud de modos de defender una tesis que, aun pareciendo coherentes y sensatas, eran especulaciones con grandes fallas en su esencia, puesto que por una o varias razones contenían sesgos cognitivos que no analizaban la realidad tal y como es, sino cercenadamente. Este tipo de razonamientos son llamados sofismas o falacias lógicas.

Hay multitud de falacias lógicas, argumentos con un contenido carente de solidez. Son, consciente o inconscientemente, postulados creados con un interés que siempre va a favor de la persona que los expone, tomando direcciones que, más que ir hacia la verdad, van hacia el propio beneficio. También pueden ser proferidos por la ausencia de conocimiento y la ignorancia respecto a las dinámicas psicológicas en las que solemos navegar.

Sumergidos en la subjetividad, viviendo a través de los deseos, configuramos nuestra visión de las situaciones en base a las tendencias egoicas que nos dominan. Aprender a analizar los hechos desde todos los prismas posibles conlleva una apertura realista a cualquier tema que tratemos. Pero hay más que eso; lo veremos un poco más adelante.

La práctica de la atención

"Cuando camines, camina; cuando comas, come."
-proverbio zen
¿Qué entendemos cuando hablamos de atención?

Atender proviene del latín attendere, formada por ad-(proximidad) y tendere (estirar, tender). Significa “tender hacia”, “estirar hacia”. Atender es dirigirse hacia algo. Solemos usar este término para referirnos a una actitud en la que la concentración es ejercida para realizar una actividad.

Entonces, la práctica de la atención supone centrar la energía en una actividad en particular, lo cual nos conducirá hacia un lugar distinto al que nos encontramos antes de iniciar el proceso de atención.

Más claramente, la atención es movimiento. Podemos constatarlo cuando comparamos los periodos en que ponemos toda nuestra atención en cualquier actividad –leer, escuchar, comer, andar- con aquellos momentos en donde la atención brilla por su ausencia. La experiencia del momento es mucho más intensa y nítida cuando estamos atentos que cuando andamos dispersos, divagando psicológicamente entre pensamiento y emoción, emoción y acto, y viceversa. Cuando estamos dispersos no somos conscientes de lo que sucede, ni siquiera de lo que vivenciamos internamente.

La atención interior

En el trabajo sobre sí, la atención es dirigirse hacia el afloramiento de la Conciencia dormida en nosotros. Cuando ponemos atención a lo que ocurre en nuestro interior en cada situación vivida, estamos generando un movimiento interno que nos permite apreciar la naturaleza, el cómo y el porqué de las dinámicas psicológicas que funcionan automáticamente en nosotros.

Cuando caemos en el estado de identificación –“me siento así”, “me está pasando esto”, “soy así”-, puede ser complicado darse cuenta y salirse de tal situación psicológica, porque los estados egoicos embriagan nuestra atención. Y en esto también consiste la práctica de la atención: en ser conscientes de que podemos caer en estados egoicos en cualquier momento, porque es lo habitual. Esta consideración nos ayuda a no bajar la guardia. Pero no se trata de obsesionarse para no entrar en dichos estados, porque puede producirnos angustia y estaríamos igualmente dentro de una dinámica psicológica; más bien se trata de cultivar paso a paso la comprensión de nuestra situación interior presente, independientemente de la que sea.

Estar atento no es activar la concentración y esforzarse por ser consciente de nuestro interior forzando vivir estados conscientes; esto es absurdo y nos conduce a la amargura debido a que termina generándonos ansiedad y frustraciones. En la atención debe haber aceptación, porque es lo que nos permite movernos hacia la Conciencia. Y es tal aceptación la que nos da acceso a una mayor visión de nuestra interioridad. Sin aceptación no puede haber atención, porque la no-aceptación sesga nuestra percepción de la realidad.

La práctica de la atención es un “despertador” que nos permite acercarnos a un estado consciente real, en el que naturalmente hay atención desde la Conciencia.

Para practicar la atención, podemos atenernos al proverbio zen: “Cuando camines, camina; cuando comas, come”. Así veremos cambios en nosotros, paulatinos y constantes. 

¿Estamos presentes?

Nos despertamos por la mañana, ponemos los pies en el suelo y abrimos la ventana del dormitorio. Enjuagamos la boca y nos lavamos los dientes. Desayunamos, o hacemos un poco de ejercicio antes de comer algo. Vamos al trabajo, a clase, a ocuparnos de las tareas del hogar. Leemos revistas y periódicos, vemos la televisión, visitamos internet, hablamos con la gente, vamos de aquí para allá. Luego comemos, y reemprendemos nuestras tareas. Después nos duchamos al llegar a casa y descansamos después de la cena.
Aproximadamente, es un día cotidiano en nuestras vidas. Durante esta rutina, ¿cuántos instantes somos conscientes de nosotros mismos? Lo más normal es que contestemos que en todo momento lo hemos sido. Pero piense el lector por unos segundos y respóndase a la siguiente pregunta: ¿Todas las cosas que ha hecho durante el día, las ha hecho de forma automática? ¿Se sintió a sí mismo al despertarse? ¿Observó y contempló unos instantes el paisaje tras la ventana cuando fue a abrirla? ¿Notó el agua en su boca y como el cepillo de dientes hacía su labor? ¿Masticaba rápido o lento? Y globalmente: ¿es consciente de su respiración y del cuerpo, la emoción, el pensamiento y la Conciencia?
Lo típico es que actuemos día tras día dentro de nuestros hábitos, sin estar verdaderamente presentes en cada actividad realizada. Estar presente es ser consciente de cuanto hacemos, pensamos y sentimos. Si somos conscientes durante nuestra experiencia de vida, estando presentes el mayor tiempo posible, nuestras vivencias son reales.
Intentar estar presente en cada momento, en cada acción, es el inicio de la reconquista de la Presencia.
La Presencia se recupera, porque siempre ha estado ahí, solo que no la hemos mantenido despierta. La Presencia es ser consciente de que existo y participo en la existencia. Situaciones de gran shock, como tener un accidente o vivir una experiencia que alcanza los límites de lo que solemos soportar, son portadoras de momentos de pura Presencia. De igual modo, un estado de profunda meditación alberga la puerta de entrada a la Presencia de sí.

La Presencia va más allá de las emociones, los pensamientos o los impulsos instintivos. Estos tres factores se representan automáticamente; son papeles que personificamos al instante, siendo ilusorios, finitos e subconscientes. El estado de Presencia es uno en el que no hay juicio ni discriminación, es una observación y experiencia en primera persona al mismo tiempo, es sentir que uno es individuo y que al mismo tiempo está conectado a todo lo demás. Al ser un estado de experiencia puro, no hay belleza ni fealdad, tan sólo se está aquí y ahora. 
La práctica de la meditación y de la atención en la cotidianeidad son caminos que nos llevan a la comprensión y a estar presentes. No hay recetas mágicas. La cuestión radica en aprender a dirigir la propia voluntad cuestionándonos el cómo y el por qué de nuestras conductas, reflexionando sobre ellas y redirigiendo nuestras energías hacia los valores conscientes y cesar de darle alimento a las dinámicas psicológicas. 

Simbolismo: El triángulo

Triángulo. 1. El simbolismo del triángulo corresponde al del número tres. No puede ser plenamente desentrañado más que en función de sus relaciones con las otras figuras geométricas.
Según Boecio, que adopta las concepciones geométricas platónicas y que los autores romanos estudian, la primera superficie es el triángulo, la segunda el cuadrado y la tercera el pentágono. Toda figura, si se hacen partir unas líneas de su centro hasta los ángulos, puede ser dividida en varios triángulos. El triángulo está en la base de la formación de la pirámide (De Arithmetica, II, vi; P.L. 63, c. 1121 y II, XXII, c. 1129).
El triángulo equilátero simboliza la divinidad, la armonía y la proporción. Dado que toda generación se produce por división, el hombre corresponde a un triángulo equilátero cortado en dos, es decir a un triángulo rectángulo. Este, según expone Platón en el Timeo, es también representativo de la tierra. Esta transformación del triángulo equilátero en triángulo rectángulo se traduce por una pérdida de equilibrio.
2. Las figuras geométricas que vienen tras el triángulo equilátero son el à cuadrado y el à pentágono. Al adoptar el pentágono la forma estrellada se convierte en un pentagrammon que designa la armonía universal. Se lo encuentra a menudo, pues se emplea como talismán contra las malas influencias. Es la clave de la geometría y está en la base de la sectio aurea (cf. F.M. Lund, Ad qua dratum. Elude des bases geométriques de ‘architecture religieuse dans anhiquité el au Moyen Age découvertes dans la caihédra le de Nidaros, París, p. 2ss. 1 39ss), llamada también proporhio divina. El doctor J.E. Emerit ha mostrado, a propósito del pentágono y del à dodecaedro (J.E. Emerit, Acupunclure el Astrologie, Embats [1955, p. 124ss); cómo se efectúa la transición del pentágono, que designa el mundo de los planos, al dodecaedro, que representa el mundo de los volúmenes y corresponde a los doce signos zodiacales. El reproduce un texto de Davisson. Cada uno de los sólidos primarios (hexaedro, tetraedro y dodecaedro) tiene su plano propio: el cubo, el cuadrado; la pirámide, el triángulo; y el dodecaedro, el pentágono. Las correspondencias entre los números y las figuras geométricas son absolutas. Mientras el hombre es el juego de los contrarios, no puede tener ningún sentido del círculo, que simboliza la unidad y la perfección. Todo se le escapa: el triángulo, el cuadrado, la estrella de cinco puntas y el à sello de Salomón de seis rayas. Si el hombre no ha nacido espiritualmente, estas figuras geométricas mantienen secretos sus símbolos, que corresponden a los números 3, 4, 5 y 6. El dodecaedro no se hace accesible más que en el orden de la perfección (sobre la transmisión de los símbolos, cf. P.D. Duspensky, Fragmenls d’un enseignemeni in connu, París 1950, p. 396ss).

La Ley de Tres y la manifestación

El triskel es también una representación de la Trinidad.
Vivimos desde una concepción dualista. Por comparación y oposición, reconocemos lo que es bueno o malo, placer o dolor, alegría o tristeza, alto bajo, fuera o dentro, etc. Es así como normalmente concretamos los objetos de nuestros sentidos.

Puede considerarse dual aquel objeto que tiene su opuesto, que choca con otra fuerza produciendo un nuevo fenómeno, o en todo caso es anulado o anulador de la otra fuerza con la que impacta.

Aunque es un error pensar que solamente hay dualidad. Y es un error mayor pretender trascender la visión dual intentando vivenciar y ubicarse en la Unidad. En primer lugar, en nuestro estado psicológico, mecánico y sujeto a multitud de cadenas físicas y psíquicas, no somos del todo capaces a la hora de comprender qué es la Unidad. Podemos experimentar en ciertos momentos una parte de lo que Es, pero no todo el tiempo ni de una forma definitiva. Decir que “todos somos Uno” no es mentira, pero debido a tal situación psíquica y a que habitamos en un nivel de existencia en que la complejidad y la riqueza de la multiplicidad son predominantes, querer alcanzar la Unidad de repente es como intentar coger el sol con nuestras manos desde la ventana de nuestra casa. Y precisamente es lo que ocurre: nosotros “vemos” la Unidad, siendo posible conceptuarla hasta cierto punto, pero si no estamos en ella realmente no hay modo de comprenderlo. Es más, si fuéramos Unidad consciente no estaríamos aquí.

La Ley de Tres

Para que los opuestos interactúen, o mejor dicho, para que se produzca fenómeno alguno, ha de haber una fuerza que los una, siendo esta fuerza consciente e impulsora, que permite la aparición de lo creado. Este tercer factor es llamado en la Tradición fuerza neutralizante.

Simbolismo: La espiral

La espiral, cuya formación natural es frecuente en el reino vegetal (viña, con vólvulo) y animal (caracol, conchas, etc.), evoca la evolución de una fuerza, de un estado.
1. En todas las culturas se encuentra esta figura cargada de significaciones simbólicas: «La espiral es un motivo simple: se trata de una línea que se enrolla sobre si misma, a imitación quizás de las numerosas espirales que se encuentran en la naturaleza, sobre las conchas por ejemplo. Es un motivo abierto y optimista: nada es más fácil, cuando se ha partido de una extremidad de esta espiral, que alcanzar la otra extremidad».
«Manifiesta la aparición del movimiento circular saliendo del punto original; este movimiento lo mantiene y lo prolonga indefinidamente: es el tipo de líneas sin fin que enlazan incesantemente las dos extremidades del devenir... (La espiral es y simboliza) emanación, extensión, desarrollo, continuidad cíclica pero en progreso, y rotación creacional».
La espiral se vincula al simbolismo cósmico de la luna, al simbolismo erótico de la vulva, al simbolismo acuático de la concha y al simbolismo de la fertilidad (doble voluta, cuernos, etc.); representa en suma los ritmos repetidos de la vida, el carácter cíclico de la evolución.

Animales de poder y el inconsciente colectivo: El Lobo



Marga Farró: Autora del libro "Animales de poder y el Inconsciente Colectivo".

Formadora en "Las 4 Vías de Ergasofía" 4VE

http://ergasofia.blogspot.com.es/ 

ergasofia.escuela@yahoo.es

Reseña del libro:

El arquetipo del héroe es un símbolo universal. Es el referente que nos ayuda a encontrar y desarrollar nuestra esencia a través del laberinto del Minotauro. Para ello el ser humano se sirve del signo, señal y símbolo que recibirá a lo largo de su vida para lograr recorrer y resolver ése camino al cuál fue llamado.

Las representaciones arcaicas de animales escenifican y muestran una acción vital de un comportamiento que transforma y perfecciona al hombre. Cada acción importante de la vida tiene un símbolo que la representa. Culturas ancestrales a través de sus observaciones, visiones y sueños, interpretaban el lenguaje y comportamiento animal como una guía para sus vidas. Ellos forman parte de nuestro tejido psicológico y su simbología nos muestra parte de la ruta a seguir. Los sueños son una de las diversas ventanas por las que el símbolo entra.

En esta obra encontraremos una guía que nos ayudará a comprender el simbolismo arquetípico de los animales para superar etapas y estadios internos, una simbología que yace en el inconsciente colectivo y que pertenece a la esencia del hombre. En su conjunto contribuirá a comprendernos y comprender el mundo que habitamos.

Primera Vía "El Cruce del Umbral": http://elsur-elcaminodelheroe.blogspot.com.es/ 

El sentido del río

Nacimiento del río Sil, La Cueta
El río fluye de forma natural, siguiendo su curso. Nunca se entretiene, no cesa en su movimiento eterno. Cuando ha de tomar fuerza para continuar su camino, la toma. Cuando ha de fluir suavemente, lo hace. Si surge un obstáculo que no le permite continuar por la dirección en la que iba, lo supera, ya sea pasando por encima de él o evadiéndolo. Lo importante para el río es no frenar jamás; sigue su curso. Así alimenta al mar y a otros ríos; da vida a plantas y animales, da energía a los molinos de agua.

Cuando nos damos cuenta de esto, vemos el sentido de la continuidad en las acciones y el correcto uso de las energías.

Siempre que nos obsesionamos nos estancamos. Cuando nos obsesionamos con cualquier cosa, quedamos prendados por el deseo de regocijarnos, hasta tal punto que ni siquiera es importante el objeto de nuestra ofuscación, sino que toma el relevo la idealización del objeto en el que hemos fijado nuestro deseo. Es decir, con la obsesión idealizamos las cosas y nos sumergimos en el deseo y la fantasía, apartándonos de la realidad. Para el agua y el sabio no existe preferencia hacia cosa alguna, y así continúan dentro del flujo natural de la existencia misma. 

Ocurre de igual manera en el momento en el que ponemos excesiva atención en un aspecto interno propio que consideramos que hemos de transmutar. Obsesionarnos con ello genera un círculo vicioso de alimentación-desgaste que nos aparta de la completitud de nuestra propia vida, y nos quedamos igual o peor de lo que estábamos, ya que en realidad lo que hacemos es añadir más ego al ego y, a su vez, dejar de lado otros aspectos que podemos trabajar. 

Las Cuatro Nobles Verdades y el Óctuple Sendero

Dentro del budismo destacan ciertos principios y constataciones que nos ayudan a comprender más claramente los procesos a considerar en nuestro camino de vida.
Las Cuatro Nobles Verdades son cuatro principios comunes a todos los seres. En el Mahāsatipaṭṭhāna Sutta —Gran discurso sobre los establecimientos de la atención consciente—, texto sagrado englobado en el Sutta Pitaka1, se nos definen.
La primera Noble Verdad es: el sufrimiento es común a todos los seres. En el texto budista mencionado, se define:
{387} "¿Y qué es, monjes, la noble verdad del sufrimiento? El nacimiento es sufrimiento, la vejez es sufrimiento, la muerte es sufrimiento; la pena, la lamentación, el dolor, la aflicción y la desesperanza es el sufrimiento. La asociación con algo que a uno no le gusta, es sufrimiento, la disociación con algo que a uno le gusta, es sufrimiento, no obtener lo que uno quiere es sufrimiento. En breve, los cinco cúmulos del apego son sufrimiento2.”
Es decir, los actos y consideraciones del ego nos llevan al sufrimiento, un sufrimiento inútil. 

Simbología: El arco

Extraído del Diccionario de Símbolos de Jean Chevalier.

Arco. El tiro con arco real, es a la vez función de cazador, real función de cazador y ejercicio espiritual.

1. Arma real, el arco está en todos los lugares; es un arma de caballero, de kshatriya y está asociada en consecuencia a las iniciaciones caballerescas. La iconografía puránica hace de ella un amplio uso y la designa expresamente como emblema real. Es el arma de Arjuna: el combate del Bhagavad Gita es entre arqueros. El tiro al arco es una disciplina esencial de la vía japonesa del Bushido. Junto con la conducción de carros es la principal de las artes liberales chinas; prueba los méritos del príncipe y manifiesta su Virtud. El guerrero de corazón puro alcanza la fama en el primer tiro. La flecha está destinada a tocar al enemigo, a abatir ritualmente el animal emblemático. La segunda acción apunta a establecer el orden del mundo, la primera a destruir las fuerzas tenebrosas y nefastas. Por ello el arco (más especialmente el arco de madera de melocotonero que utiliza flechas de artemisa o de espino) es arma de combate, y también arma de exorcismo o expulsión: se eliminan los poderes del mal tirando flechas hacia los cuatro puntos cardinales, hacia arriba y hacia abajo (al Cielo y a la Tierra). El Shinto tiene vanos rituales de purificación mediante tiros de flecha. En el Ram la ofrenda de las flechas de Parashu-r toma carácter de sacrificio.

2. La flecha se identifica con el relámpago, el rayo La de Apolo, que es un rayo solar, tiene la misma función que el vajra (rayo) de Indra. Yao, emperador solar, lanza saetas hacia el sol; pero las flechas lanzadas hacia el cielo por los soberanos indignos se vuelven contra ellos en forma de relámpagos. Se lanzaban también en la China antigua flechas serpenteantes, flechas rojas y portadoras de fuego, que representaban manifiestamente al rayo. Por la misma razón las saetas de los indios de América llevan una línea roja en zig-zag que figura el relámpago. Pero la flecha como relámpago —o como rayo solar— es el trazo de luz que perfora las tinieblas de la ignorancia: es pues un símbolo del conocimiento (como lo es la saeta del Matador de dragón védico la cual posee por otra parte, en la misma perspectiva, significación fálica, sobre la cual volveremos). De la misma forma los Upanishad hacen del monosílabo Om una flecha que, lanzada por el arco humano y atravesando la ignorancia, alcanza la suprema luz; Om (àAum) es también el arco que proyecta la saeta del yo hacia el aceitero, Brahma, al cual se une. Este simbolismo está particular mente desarrollado en Extremo Oriente y sobrevive hasta nuestros días en el Japón. El libro de Lie-tsé cita en varios lugares el ejemplo del tiro no intencional, que permite alcanzar el blanco con tal de no preocuparse ni del objetivo, ni del tiro: es la actitud espiritual inactiva de los taoístas. La eficacia del tiro es, por otra parte, tal que las flechas forman una línea continua desde el arco a la diana; lo que implica, además de la noción de continuidad del sujeto al objeto, la eficacia de la relación que establece el rey saeteando el cielo, ya que la cadena de flechas se identifica con el Eje del mundo.

Obsoletos programados

Hay una tendencia común en denunciar lo que hacen aquellos que detentan el poder sobre los pueblos, y se especula respecto a sus objetivos, intereses y fechorías. Eso es correcto, pero si lo analizamos detenidamente, en la mayoría de ocasiones no es otra cosa que una forma de culpabilizar lo que ocurre en el mundo a algo externo a nosotros. Vemos cómo la clase política se sube el sueldo mientras no apoya sectores con necesidades generales, o de qué manera se mantienen en posiciones de poder de forma constante. ¿Tiene una real utilidad mantenerse fijado en esta información? O en cambio,  ¿es una válvula de escape y desahogo al igual que para otros lo es el fútbol?

¿Obsoletos programados?

Probablemente habrá oído hablar de la obsolescencia programada. Es la manera en que las grandes corporaciones consiguen mantener sus beneficios produciendo bienes con una durabilidad limitada. De esta manera se aseguran ganancias continuadas porque el consumidor ha de sustituir el producto una vez se queda obsoleto.

¿Y nosotros, somos obsoletos programados?

Nuestras quejas, denuncias e intentos de cambio no terminan de ser útiles. Las guerras no cesan, cada vez somos más consumistas y tecno-dependientes, y nos aferramos a todo aquello que nos llena momentáneamente para que nuestras vidas tengan un poco de sentido. Los auténticos valores humanos brillan por su ausencia.

Sabemos, sin embargo, que las ideologías ya no sirven, que nuestra forma de vivir no nos lleva a ninguna parte, y el quejarse y culpar a los dirigentes de nuestros males no produce cambios. Todo eso ya no funciona, o no tiene la fuerza que pudo haber tenido en el pasado.

No voy a hablar aquí de cambio de paradigma, bucólicas palabras sin contenido, ya que cuando se habla de ello suele tener el arrastre del presente paradigma. Y en todo caso, se trata de una recuperación de algo que perdimos por el camino. De lo que estoy hablando es que, al igual que los productos de la actualidad se vuelven obsoletos en poco tiempo, nosotros también nos hemos quedado obsoletos.

Responsabilidad

“No busquemos solemnes definiciones de la libertad. Ella es sólo esto: Responsabilidad.”  - George Bernard Shaw

En tiempos anteriores el pueblo daba su confianza y fe a alguien o algo: a la religión, la curia, la ideología de turno, etc. Cedíamos la responsabilidad en el otro, y dejábamos que hiciera lo que parecía conveniente. Y ése fantasma nos persigue.

En un mundo como el de ahora –y en realidad, siempre-, es de vital importancia responsabilizarse de uno mismo y a su vez ser solidarios con los demás en lugar de ceder nuestro poder y desconfiar del prójimo, tal y como solemos hacer. Somos literalmente Participación, y al ser participantes del devenir de la sociedad, somos conductores de nuestro destino. Si somos esclavos de los actos de aquellos que supuestamente tienen más poder que nosotros, es porque así lo decidimos, y lo mismo ocurre en nuestro interior. Porque nosotros somos capaces de elegir que queremos tener elección. Es nuestra responsabilidad. 

Shobogenzo: Daigo, la Gran Iluminación. Maestro Dogen

DAIGO

“La Gran lluminación”

La verdadera Transmisión del Gran Camino, es entregada a través de la
experiencia y la práctica de la iluminación, que debe ser abandonada para lograr la libertad.

La Gran iluminación es la actividad cotidiana de los Budas y Patriarcas en la que no hay que pensar.

Los Budas pueden abrir la puerta de la iluminación con la llave de la completa
libertad.

Los seres humanos disponen de diferentes modos de realizar la iluminación.

Unos sobre el significado de la vida desde el nacimiento y son liberados en
varias etapas de su vida en el comienzo, el medio, y el final. Otros dominando
el verdadero significado del estudio de sí mismos, su piel, músculos, huesos y
médula. Otros trascendiendo el mundo de los opuestos. Otros en fin, ganan el
autoconocimiento sin frecuentar maestros, sutras, u otros medios; su verdadera
naturaleza se manifiesta por sí misma.

Diferentes tipos de personas tienen diferentes medios de realización y todos
poseen la habilidad de entender la verdadera función y significado de su propia
naturaleza.

Si todos poseen esta innata habilidad podemos decir que ya están iluminados,
han recibido el sello de la iluminación y practican el Camino de Buda.

Cuando Budas y Patriarcas están iluminados ellos están simplemente,
volviendo a su hogar original, la naturaleza original de Buda.

Convertirse en un Buda es tener la iluminación de Buda; dinámicamente,
viviendo la iluminación. Es innata, creciente, cubre los tres mundos y se
manifiesta por sí. Entonces podemos ver nuestra propia Gran Iluminación.
La Gran Iluminación no es solamente una ausencia de ilusión. Cuando hay
Gran Iluminación hay gran ilusión también.

No sólo un hombre de Gran Iluminación aumenta su iluminación sino también
un hombre de Gran Ilusión aumenta su iluminación.

¿Podemos deterrninar si un hombre de Gran Iluminación es posible que tenga
ilusiones, si cambia o la Iluminación lo cubre y abarca todo, o todo es ilusión?
El aumento de Iluminación podemos decir que es como aquel ladrón que
robando no era capaz de reconocer a su hijo y viceversa. Sin embargo la Gran
Iluminación reconoce a un ladrón como ladrón y a su hijo como a su hijo.

El autoengaño; Jiddu Krishnamurti

Jiddu Krishnamurti
Desearía discutir o considerar la cuestión del autoengaño, las ilusiones a que la mente se entrega y se impone a sí misma y a los demás. Este es un asunto muy serio, sobre todo en una crisis del género de la que el mundo hoy enfrenta. Mas para comprender todo este problema del autoengaño, debemos seguirlo no sólo en el nivel verbal, sino intrínsecamente, fundamental y hondamente. Se nos satisface demasiado fácilmente con palabras y contrapalabras; somos sabihondos, y siéndolo, todo lo que podemos hacer es esperar que algo ocurra. Vemos que la explicación de la guerra no detiene la guerra; hay innumerables historiadores, teólogos y gente religiosa que explican la guerra y cómo ella se origina; pero las guerras han de continuar, tal vez más destructivas que nunca. Aquellos de nosotros que somos realmente serios debemos ir más allá de la palabra, debemos buscar esta revolución fundamental dentro de nosotros mismos; ese es el único remedio que puede producir una duradera y fundamental redención del género humano.

Análogamente, cuando discutimos esta clase de autoengaño, creo que deberíamos estar en guardia contra cualesquiera explicaciones y réplicas superficiales. Deberíamos, si puedo sugerirlo, no sólo escuchar a un orador, sino prestar atención al problema tal como lo conocemos en nuestra vida diaria; esto es, deberíamos observarnos a nosotros mismos en el pensar y en la acción, observarnos para ver cómo afectamos a los demás y cómo procedemos a actuar por impulso propio.

¿Cual es la razón, la base del autoengaño? ¿Cuántos de nosotros se dan realmente cuenta de que nos engañamos a nosotros mismos? Antes de que contestar la pregunta "¿qué es el autoengaño y como surge?", debemos darnos cuenta de que nos engañamos a nosotros mismos. ¿No es así? ¿Sabemos que nos engañamos a nosotros mismos? ¿Qué entendemos por este engaño? Creo que ello es muy importante; porque, cuanto más nos engañamos a nosotros mismos, mayor es la fuerza del engaño que nos brinda cierta vitalidad, cierta energía, cierta capacidad, lo cual hace que impongamos nuestro engaño a los demás. Gradualmente, pues, no sólo imponemos el engaño a nosotros mismos sino a otras personas. Es un proceso recíproco de autoengaño, ¿Nos damos cuenta de este proceso porque nos creemos muy capaces de pensar claramente, con un propósito directamente? ¿Nos damos cuenta de que en este proceso de pensar hay autoengaño?

Las relaciones humanas IV: La confusión de lenguas

El estudio del uso del lenguaje en el contexto de las relaciones humanas es un campo muy interesante a considerar para comprendernos a nosotros mismos y el estado del mundo.

Vamos a indagar en el uso del lenguaje entre dos personas. En la obra En busca lo milagroso de P.D. Ouspensky encontramos varias reflexiones que nos ayudan a comprender la confusión de lenguas que vivimos:
Una de las razones de la divergencia entre la línea del saber y la línea del ser en nuestra vida, en otras palabras, la falta de comprensión que es en parte la causa y en parte el efecto de esta divergencia, se encuentra en el lenguaje que emplea la gente. Este lenguaje está lleno de conceptos falsos, de clasificaciones falsas y de asociaciones falsas. Lo peor es que las características esenciales del pensar ordinario, su vaguedad y su imprecisión, hacen que cada palabra pueda tener mil significados diferentes según el bagaje de que dispone el que habla y el complejo de asociaciones en juego en el momento mismo. La gente no se da cuenta de cuán subjetivo es su lenguaje, de cuán diferentes son las cosas que dice, aun cuando todos usan las mismas palabras. No ven que cada uno de ellos habla su propia lengua sin comprender nada, o muy vagamente, la de los demás; sin tener la menor idea que el otro les habla siempre en una lengua que les es desconocida. La gente está absolutamente convencida de tener un lenguaje común y de comprenderse entre sí. De hecho, esta convicción no tiene el más mínimo fundamento. Las palabras que usan están adaptadas a las necesidades de la vida práctica. 
"Pueden comunicarse así informaciones de carácter práctico, pero apenas entran en un dominio ligeramente más complejo, están perdidos y dejan de comprenderse, aunque no se den cuenta de ello. A menudo, si no siempre, las personas creen comprenderse y en todo caso se imaginan que podrían comprenderse con sólo tomarse la molestia; se imaginan también comprender a los autores de los libros que leen, y no ser los únicos que son capaces de comprenderlos. Esta es una ilusión más de las ilusiones que se forjan y en medio de las cuales viven. En realidad, nadie comprende a nadie. Dos hombres pueden decir la misma cosa con profunda convicción, pero dándole nombres distintos, y discutir interminablemente sin sospechar que su pensamiento es exactamente el mismo. O bien, inversamente, dos hombres pueden usar las mismas palabras e imaginar que están de acuerdo, que se comprenden, mientras que en realidad dicen cosas absolutamente diferentes, y no se comprenden en lo más mínimo.

Las relaciones humanas III: La mentira y el desatino controlado

La mentira es un aspecto connatural al ser humano dormido. Es parte de nuestras relaciones con los demás y con nosotros mismos. Permítanme exponer el análisis que hace Boris Mouravieff sobre la mentira en su obra Gnosis, a la que recurrimos con frecuencia debido a la exhaustividad de sus exposiciones y su contenido Tradicional.
Podemos comprender sin dificultad el rol que desempeña la facultad de mentir si tratamos de representarnos lo que sería nuestra existencia en caso de que esta posibilidad nos fuera negada. Los choques y conflictos que deberíamos enfrentar nos harían la vida imposible. En este aspecto las mentiras sirven de topes, como los topes de los vagones de ferrocarril sirven para amortiguar los choques. Es así como la facultad de mentir hace menos contradictoria nuestra vida y contribuye eficazmente a darnos la impresión de continuidad. Una vez más nos encontramos ante el hecho de que nos atribuimos facultades que sólo poseemos como posibilidades a desarrollar. Tenemos la pretensión de ser veraces.
Pero decir la verdad y vivir en la verdad es una posibilidad que sólo podrá ser real mucho más tarde, como consecuencia de un trabajo asiduo sobre nosotros mismos. Entretanto estamos condenados a mentir y el que lo niega está atestiguando la dificultad en que nos encontramos para mirar la verdad de frente. 
La facultad de mentir es función de la capacidad de imaginar lo que es, a su vez, una facultad creadora, ya que antes de crear algo será preciso imaginarlo. Este don pertenece exclusivamente a los humanos, los animales no disponen de él. Gracias al don de la imaginación, don divino, tenemos nosotros la facultad de mentir. Mentimos por motivos diversos, en general porque deseamos mejorar situaciones que nos parecen insostenibles o difíciles de aceptar. La mentira abre entonces el camino a mecanismos de racionalización o de justificación que son los agentes de los "emplastos" internos.

[...]
Vivimos en un mundo regido por la mentira. Mentir y robar son los elementos dominantes del carácter humano, sea cual sea la raza, la casta o la confesión. Cualquiera que afirme lo contrario, profiere simplemente una mentira más. El hombre miente porque en un mundo regido por la mentira, no le es posible hacer otra cosa. Es necesario agregar a esto, una particularidad a primera vista paradojal, que el progreso de la civilización, fruto de la cultura intelectual, aumenta en proporciones considerables la necesidad de mentir.

Animales de poder: La rana

La Rana en la mayoría de las culturas es símbolo de Resurrección.

Marga Farró: Autora del libro "Animales de poder y el Inconsciente Colectivo".

Formadora en "Las 4 Vías de Ergasofía" 4VE


http://ergasofia.blogspot.com.es/ 





Reseña del libro:

El arquetipo del héroe es un símbolo universal. Es el referente que nos ayuda a encontrar y desarrollar nuestra esencia a través del laberinto del Minotauro. Para ello el ser humano se sirve del signo, señal y símbolo que recibirá a lo largo de su vida para lograr recorrer y resolver ése camino al cuál fue llamado.

Las representaciones arcaicas de animales escenifican y muestran una acción vital de un comportamiento que transforma y perfecciona al hombre. Cada acción importante de la vida tiene un símbolo que la representa. Culturas ancestrales a través de sus observaciones, visiones y sueños, interpretaban el lenguaje y comportamiento animal como una guía para sus vidas. Ellos forman parte de nuestro tejido psicológico y su simbología nos muestra parte de la ruta a seguir. Los sueños son una de las diversas ventanas por las que el símbolo entra.

En esta obra encontraremos una guía que nos ayudará a comprender el simbolismo arquetípico de los animales para superar etapas y estadios internos, una simbología que yace en el inconsciente colectivo y que pertenece a la esencia del hombre. En su conjunto contribuirá a comprendernos y comprender el mundo que habitamos.

Primera Vía: 
http://elsur-elcaminodelheroe.blogspot.com.es/ 

Contacto: ergasofia.escuela@yahoo.es

Las relaciones humanas II: La adaptación social y la intencionalidad


Es común que la adaptación social y la intencionalidad sean rasgos típicos en las relaciones humanas. ¿Cuál es su trasfondo psicológico?

En un artículo precedente, se abordó la cuestión de la intencionalidad en nuestras relaciones con los demás:
En nuestras relaciones con los demás, generalmente, hay una intencionalidad, ya sea estar bien o cualquier estado que nos reporte un beneficio emocional, material o de otro tipo. Cualquier intencionalidad es del ego, puesto que cuando se es consciente solamente se Es, y no hay intencionalidad en nuestras relaciones. En origen, el acto intencionado tiene visión de futuro, porque se espera conseguir algo de ello. Cuando se es consciente, se vive de instante en instante, y entonces no hay intencionalidad. Cuando no hay intencionalidad desaparece el afán del logro, que nos lleva al sufrimiento, debido a que es deseo.
[…]
La cuestión es hacia dónde vamos con cualquier cosa que hacemos. En nuestras acciones habrá una parte egoica que intentará acaparar cualquier actividad que realicemos. Somos nosotros los que elegimos alimentar o no ésa parte, independientemente del acto mismo. La elección está en ser consciente o no ser consciente. 
Cuanto más pretendemos acercarnos a personas, objetos o metas, más nos alejamos de ellas, porque el deseo no nos permite vernos ni a nosotros ni a los demás. Proyectamos en los demás lo que estamos deseando, y los demás ya no son ellos, sino nuestro deseo proyectado. 
Cuando no hay intencionalidad en lo que realizamos, desubicándonos de nuestra sensación de ser el centro de todo, y consideramos exteriormente a los demás, es como si nos alejáramos de todo lo que hacemos, porque no nos apegamos ni pretendemos sacar alimento psicológico, y si surge el impulso, nos damos cuenta de ello. Es en ése punto en el que, “alejados” por no codiciar acercarnos, estamos más cerca de los demás y de una real consecución de nuestras actividades, ya que apenas hay proyección, y la que pueda haber no tiene la importancia que antes le dábamos.
Este es un resumen de las diferencias entre una relación egoica y una consciente: una es intencionada y la otra desinteresada.

En este capítulo voy a tratar de profundizar más en las relaciones intencionadas, ya que si vemos más claramente lo que es una relación con intencionalidad seremos capaces de ver lo contrario, es decir, una relación desinteresada y solidaria.