El autoengaño; Jiddu Krishnamurti

Jiddu Krishnamurti
Desearía discutir o considerar la cuestión del autoengaño, las ilusiones a que la mente se entrega y se impone a sí misma y a los demás. Este es un asunto muy serio, sobre todo en una crisis del género de la que el mundo hoy enfrenta. Mas para comprender todo este problema del autoengaño, debemos seguirlo no sólo en el nivel verbal, sino intrínsecamente, fundamental y hondamente. Se nos satisface demasiado fácilmente con palabras y contrapalabras; somos sabihondos, y siéndolo, todo lo que podemos hacer es esperar que algo ocurra. Vemos que la explicación de la guerra no detiene la guerra; hay innumerables historiadores, teólogos y gente religiosa que explican la guerra y cómo ella se origina; pero las guerras han de continuar, tal vez más destructivas que nunca. Aquellos de nosotros que somos realmente serios debemos ir más allá de la palabra, debemos buscar esta revolución fundamental dentro de nosotros mismos; ese es el único remedio que puede producir una duradera y fundamental redención del género humano.

Análogamente, cuando discutimos esta clase de autoengaño, creo que deberíamos estar en guardia contra cualesquiera explicaciones y réplicas superficiales. Deberíamos, si puedo sugerirlo, no sólo escuchar a un orador, sino prestar atención al problema tal como lo conocemos en nuestra vida diaria; esto es, deberíamos observarnos a nosotros mismos en el pensar y en la acción, observarnos para ver cómo afectamos a los demás y cómo procedemos a actuar por impulso propio.

¿Cual es la razón, la base del autoengaño? ¿Cuántos de nosotros se dan realmente cuenta de que nos engañamos a nosotros mismos? Antes de que contestar la pregunta "¿qué es el autoengaño y como surge?", debemos darnos cuenta de que nos engañamos a nosotros mismos. ¿No es así? ¿Sabemos que nos engañamos a nosotros mismos? ¿Qué entendemos por este engaño? Creo que ello es muy importante; porque, cuanto más nos engañamos a nosotros mismos, mayor es la fuerza del engaño que nos brinda cierta vitalidad, cierta energía, cierta capacidad, lo cual hace que impongamos nuestro engaño a los demás. Gradualmente, pues, no sólo imponemos el engaño a nosotros mismos sino a otras personas. Es un proceso recíproco de autoengaño, ¿Nos damos cuenta de este proceso porque nos creemos muy capaces de pensar claramente, con un propósito directamente? ¿Nos damos cuenta de que en este proceso de pensar hay autoengaño?

Las relaciones humanas IV: La confusión de lenguas

El estudio del uso del lenguaje en el contexto de las relaciones humanas es un campo muy interesante a considerar para comprendernos a nosotros mismos y el estado del mundo.

Vamos a indagar en el uso del lenguaje entre dos personas. En la obra En busca lo milagroso de P.D. Ouspensky encontramos varias reflexiones que nos ayudan a comprender la confusión de lenguas que vivimos:
Una de las razones de la divergencia entre la línea del saber y la línea del ser en nuestra vida, en otras palabras, la falta de comprensión que es en parte la causa y en parte el efecto de esta divergencia, se encuentra en el lenguaje que emplea la gente. Este lenguaje está lleno de conceptos falsos, de clasificaciones falsas y de asociaciones falsas. Lo peor es que las características esenciales del pensar ordinario, su vaguedad y su imprecisión, hacen que cada palabra pueda tener mil significados diferentes según el bagaje de que dispone el que habla y el complejo de asociaciones en juego en el momento mismo. La gente no se da cuenta de cuán subjetivo es su lenguaje, de cuán diferentes son las cosas que dice, aun cuando todos usan las mismas palabras. No ven que cada uno de ellos habla su propia lengua sin comprender nada, o muy vagamente, la de los demás; sin tener la menor idea que el otro les habla siempre en una lengua que les es desconocida. La gente está absolutamente convencida de tener un lenguaje común y de comprenderse entre sí. De hecho, esta convicción no tiene el más mínimo fundamento. Las palabras que usan están adaptadas a las necesidades de la vida práctica. 
"Pueden comunicarse así informaciones de carácter práctico, pero apenas entran en un dominio ligeramente más complejo, están perdidos y dejan de comprenderse, aunque no se den cuenta de ello. A menudo, si no siempre, las personas creen comprenderse y en todo caso se imaginan que podrían comprenderse con sólo tomarse la molestia; se imaginan también comprender a los autores de los libros que leen, y no ser los únicos que son capaces de comprenderlos. Esta es una ilusión más de las ilusiones que se forjan y en medio de las cuales viven. En realidad, nadie comprende a nadie. Dos hombres pueden decir la misma cosa con profunda convicción, pero dándole nombres distintos, y discutir interminablemente sin sospechar que su pensamiento es exactamente el mismo. O bien, inversamente, dos hombres pueden usar las mismas palabras e imaginar que están de acuerdo, que se comprenden, mientras que en realidad dicen cosas absolutamente diferentes, y no se comprenden en lo más mínimo.

Las relaciones humanas III: La mentira y el desatino controlado

La mentira es un aspecto connatural al ser humano dormido. Es parte de nuestras relaciones con los demás y con nosotros mismos. Permítanme exponer el análisis que hace Boris Mouravieff sobre la mentira en su obra Gnosis, a la que recurrimos con frecuencia debido a la exhaustividad de sus exposiciones y su contenido Tradicional.
Podemos comprender sin dificultad el rol que desempeña la facultad de mentir si tratamos de representarnos lo que sería nuestra existencia en caso de que esta posibilidad nos fuera negada. Los choques y conflictos que deberíamos enfrentar nos harían la vida imposible. En este aspecto las mentiras sirven de topes, como los topes de los vagones de ferrocarril sirven para amortiguar los choques. Es así como la facultad de mentir hace menos contradictoria nuestra vida y contribuye eficazmente a darnos la impresión de continuidad. Una vez más nos encontramos ante el hecho de que nos atribuimos facultades que sólo poseemos como posibilidades a desarrollar. Tenemos la pretensión de ser veraces.
Pero decir la verdad y vivir en la verdad es una posibilidad que sólo podrá ser real mucho más tarde, como consecuencia de un trabajo asiduo sobre nosotros mismos. Entretanto estamos condenados a mentir y el que lo niega está atestiguando la dificultad en que nos encontramos para mirar la verdad de frente. 
La facultad de mentir es función de la capacidad de imaginar lo que es, a su vez, una facultad creadora, ya que antes de crear algo será preciso imaginarlo. Este don pertenece exclusivamente a los humanos, los animales no disponen de él. Gracias al don de la imaginación, don divino, tenemos nosotros la facultad de mentir. Mentimos por motivos diversos, en general porque deseamos mejorar situaciones que nos parecen insostenibles o difíciles de aceptar. La mentira abre entonces el camino a mecanismos de racionalización o de justificación que son los agentes de los "emplastos" internos.

[...]
Vivimos en un mundo regido por la mentira. Mentir y robar son los elementos dominantes del carácter humano, sea cual sea la raza, la casta o la confesión. Cualquiera que afirme lo contrario, profiere simplemente una mentira más. El hombre miente porque en un mundo regido por la mentira, no le es posible hacer otra cosa. Es necesario agregar a esto, una particularidad a primera vista paradojal, que el progreso de la civilización, fruto de la cultura intelectual, aumenta en proporciones considerables la necesidad de mentir.

Animales de poder: La rana

La Rana en la mayoría de las culturas es símbolo de Resurrección.

Marga Farró: Autora del libro "Animales de poder y el Inconsciente Colectivo".

Formadora en "Las 4 Vías de Ergasofía" 4VE


http://ergasofia.blogspot.com.es/ 





Reseña del libro:

El arquetipo del héroe es un símbolo universal. Es el referente que nos ayuda a encontrar y desarrollar nuestra esencia a través del laberinto del Minotauro. Para ello el ser humano se sirve del signo, señal y símbolo que recibirá a lo largo de su vida para lograr recorrer y resolver ése camino al cuál fue llamado.

Las representaciones arcaicas de animales escenifican y muestran una acción vital de un comportamiento que transforma y perfecciona al hombre. Cada acción importante de la vida tiene un símbolo que la representa. Culturas ancestrales a través de sus observaciones, visiones y sueños, interpretaban el lenguaje y comportamiento animal como una guía para sus vidas. Ellos forman parte de nuestro tejido psicológico y su simbología nos muestra parte de la ruta a seguir. Los sueños son una de las diversas ventanas por las que el símbolo entra.

En esta obra encontraremos una guía que nos ayudará a comprender el simbolismo arquetípico de los animales para superar etapas y estadios internos, una simbología que yace en el inconsciente colectivo y que pertenece a la esencia del hombre. En su conjunto contribuirá a comprendernos y comprender el mundo que habitamos.

Primera Vía: 
http://elsur-elcaminodelheroe.blogspot.com.es/ 

Contacto: ergasofia.escuela@yahoo.es

Las relaciones humanas II: La adaptación social y la intencionalidad


Es común que la adaptación social y la intencionalidad sean rasgos típicos en las relaciones humanas. ¿Cuál es su trasfondo psicológico?

En un artículo precedente, se abordó la cuestión de la intencionalidad en nuestras relaciones con los demás:
En nuestras relaciones con los demás, generalmente, hay una intencionalidad, ya sea estar bien o cualquier estado que nos reporte un beneficio emocional, material o de otro tipo. Cualquier intencionalidad es del ego, puesto que cuando se es consciente solamente se Es, y no hay intencionalidad en nuestras relaciones. En origen, el acto intencionado tiene visión de futuro, porque se espera conseguir algo de ello. Cuando se es consciente, se vive de instante en instante, y entonces no hay intencionalidad. Cuando no hay intencionalidad desaparece el afán del logro, que nos lleva al sufrimiento, debido a que es deseo.
[…]
La cuestión es hacia dónde vamos con cualquier cosa que hacemos. En nuestras acciones habrá una parte egoica que intentará acaparar cualquier actividad que realicemos. Somos nosotros los que elegimos alimentar o no ésa parte, independientemente del acto mismo. La elección está en ser consciente o no ser consciente. 
Cuanto más pretendemos acercarnos a personas, objetos o metas, más nos alejamos de ellas, porque el deseo no nos permite vernos ni a nosotros ni a los demás. Proyectamos en los demás lo que estamos deseando, y los demás ya no son ellos, sino nuestro deseo proyectado. 
Cuando no hay intencionalidad en lo que realizamos, desubicándonos de nuestra sensación de ser el centro de todo, y consideramos exteriormente a los demás, es como si nos alejáramos de todo lo que hacemos, porque no nos apegamos ni pretendemos sacar alimento psicológico, y si surge el impulso, nos damos cuenta de ello. Es en ése punto en el que, “alejados” por no codiciar acercarnos, estamos más cerca de los demás y de una real consecución de nuestras actividades, ya que apenas hay proyección, y la que pueda haber no tiene la importancia que antes le dábamos.
Este es un resumen de las diferencias entre una relación egoica y una consciente: una es intencionada y la otra desinteresada.

En este capítulo voy a tratar de profundizar más en las relaciones intencionadas, ya que si vemos más claramente lo que es una relación con intencionalidad seremos capaces de ver lo contrario, es decir, una relación desinteresada y solidaria.

Wen Tzu, 42: La estancia de los sabios

42
Lao Tse dijo:
Monumento a Lao-Tsé en Quanzhou (China).

Quienes son conocidas como verdaderas personas, están unidas esencialmente al Camino, así tienen talentos aunque aparentemente no tengan ninguno; están llenos aunque aparentemente estén vacíos.

Gobiernan lo interno, no lo externo. Claros y puros, esencialmente llanos, no planifican artificios, sino que retornan a la simplicidad.

Abarcando lo fundamental, aceptando el espíritu, vagan de este modo por las raíces del cielo y de la tierra, caminan más allá del polvo y de la suciedad, y viajan para trabajar en la no implicación. La inteligencia mecánica no carga sus mentes; observan lo que no es temporal y las cosas no les alteran.

Observando la evolución de los acontecimientos, se mantienen en la fuente. Su atención está enfocada en lo interno, y entienden la calamidad y la fortuna en el contexto de la unidad. Se sientan sin conciencia de hacer cosa alguna, caminan inconscientes de ir hacia algún lado.

Saben sin aprender, ven sin mirar, logran metas sin esforzarse, disciernen sin comparar.

Responden al sentimiento, actúan cuando están presionados, y se ponen en marcha cuando no hay elección, como el brillo de la luz, como la formación de una sombra. Toman el Camino como su guía; cuando hay alguna oposición, permanecen vacíos y abiertos, claros y tranquilos, y entonces desaparecen.

Las relaciones humanas: Introducción

"En la civilización occidental la vida interior del individuo -con toda su riqueza- se encuentra relegada al último plano de la existencia. El hombre está tan atrapado en el engranaje de la vida mecanizada que no le queda tiempo para hacer alto ni el poder de atención necesario para dirigir hacia sí mismo su mirada mental. El hombre pasa sus días absorbido por las circunstancias. La inmensa máquina que lo arrastra gira sin cesar y le impide detenerse, a riesgo de ser destrozado. Hoy como ayer y mañana como hoy, se agota el hombre en esa carrera desenfrenada, lanzado en una dirección que, en definitiva, no lo conduce a ninguna parte. La vida pasa casi desapercibida, rápida como un trazo de luz; después, siempre ausente de sí mismo, cae, devorado." - Boris Mouravieff

Esta afirmación, que encontramos prácticamente en el inicio de la obra de Mouravieff, refleja resumidamente la situación del ser humano. Es paradójico: vivimos desde y para sí mismos, pero a través del exterior. No solemos observar nuestra interioridad, convirtiéndonos en seres reaccionarios ante lo que ocurre exteriormente. “Esto me afecta, esto me es indiferente. Esto me agrada, esto me desagrada”.

Vivimos como seres mecánicos. No tenemos un real control y conocimiento de lo que nos sucede ni interior ni exteriormente. A veces tenemos la sensación de que todo está en su lugar –según nuestro criterio-, pero la realidad es que tal percepción, respecto a las personas y situaciones que forman parte de nuestra vida diaria, es la misma que la que tenemos del orden de nuestra casa. Si los objetos y disposición de nuestro hogar están como nos gusta, todo va bien, siempre que esté a nuestro antojo. Con las personas y aconteceres obramos de igual manera: si nuestros semejantes se comportan según lo que concebimos de ellas, y las situaciones son las que nos parecen soportables dentro de lo que consideramos llevadero, todo está correcto.

Así nuestra vida es una de posesión, de querer tener y no de Ser. Actuamos como si todo fuera nuestro, cuando la realidad es que siquiera nos pertenecemos a nosotros mismos.

Por este motivo iniciamos una nueva serie dedicada a las relaciones humanas y al entorno. El trabajo sobre sí mismo es irremediablemente extensible a nuestra vida exterior, a las relaciones y participación con el conjunto. Replantearnos la motivación, forma y rasgos de nuestras relaciones con los demás es esencial para la comprensión y abarcamiento de la Realidad. Es así cómo nuestras relaciones serán armónicas y conscientes. 

Como siempre, espero que las exposiciones y reflexiones que se abordarán en esta serie sean productivas y útiles para el lector. 

De instante en instante, de acción en no-acción

Los seres humanos tenemos muy arraigada la noción de lo que es correcto o incorrecto. Solemos identificar cada acto y situación como buena o mala, idónea o inoportuna, alegre o desgraciada. Pero, ¿con qué baremo juzgamos las experiencias y el entorno?

Dentro de cada sociedad y religión, hay una línea muy marcada y definida de lo que es bueno o malo, siendo -en principio- necesario para que sea posible la convivencia con los demás. Pero el dogma, la norma moral, son síntomas de estancamiento colectivo e individual. Esto es así en tanto que cada situación requiere de una determinación y “resolución” diferentes, aunque haya acontecimientos que parezcan semejantes si lo comparamos entre sí.

Tendemos a jerarquizar, a tener marcos de referencia con los que vivir la vida, y creamos un espacio soportado por pilares que son nuestro dogma inquebrantable. Estos pilares inamovibles –asentados sobre barro en realidad- son motivo de sufrimiento y limitación porque nuestras vivencias las hemos supeditado a estas construcciones psicológicas con las que vivimos, repletas de moralina e inconsistencias.

Wu wei: es el instante, no el dogma

Es el instante y no la norma lo que determina la realidad de todo lo que ocurre. Ser consciente implica comprender la situación del instante y no de toda la envoltura psicológica que le añadimos. Lo que a veces puede ser lo idóneo en otras es inadecuado.

En la enseñanza taoísta, wu wei significa “no acción”. No hace referencia a no hacer nada, sino a no actuar desde la imposición egoica. Cuando actuamos siendo conscientes del instante, tan sólo hay instante; no hay norma o no-norma, únicamente es la necesidad del momento lo que cuenta.

De todo a nada, de nada a todo; San Juan de la Cruz

"Para venir a gustarlo todo,
no quieras tener gusto en nada ;
para venir a poseerlo todo,
no quieras poseer algo en nada ;
para venir a serlo todo,
no quieras ser algo en nada ;
para venir a saberlo todo,
no quieras saber algo en nada ;
para venir a lo que no gustas,
has de ir por donde no gustas ;
para venir a lo que no posees,
has de ir por donde no posees ;
para venir a lo que no eres,
has de ir por donde no eres.

Cuando reparas en algo,
dejas de arrojarte al todo ;
porque, para venir del todo al todo,
has de negarte del todo en todo ;
y cuando lo vengas del todo a tener,
has de tenerlo sin nada querer ;
porque, si quieres tener algo en todo,
no tienes puro en Dios tu tesoro."

El apego y la búsqueda de alimento emocional

Hay un aspecto dentro de nuestras dinámicas psicológicas que prácticamente está presente en todo momento: el apego.

El apego es una manera egoica de conectar con lo que consideramos que está fuera de nosotros y nos reporta un beneficio. Cuando me refiero a beneficio no hablo solo de algo que se considere bueno, como por ejemplo la relación con una persona con la que nos entendemos y compartimos afinidades, sino que también nos apegamos al sufrimiento, siendo esto algo más común de lo que imaginamos.

Aquello que nos proporciona una sensación de llenado emocional –por ejemplo, una persona que nos “da” seguridad-, al cabo del tiempo se convierte en objeto de nuestro apego. Lo convertimos en objeto, y los objetos, o son de nuestro agrado, o causan nuestro rechazo. Según experimentemos la sensación de llenado que nos suministra el objeto al que nos apegamos, querremos repetir más veces ésa sensación. Ya sea hacia una dirección u otra, las tendencias se acentúan. Y somos realmente repetitivos.

Buscamos llenarnos siempre de la misma manera; exteriormente puede que las formas cambien, pero internamente son las mismas. Solemos buscar el mismo tipo de alimento. Repetimos dinámicas una y otra vez porque somos mecánicos. Muchas veces, aunque nos demos cuenta, seguimos repitiendo, y nos alimentamos psicológicamente de una forma que se convierte en hábito.

Dhammapada; La Atención


 CAPITULO II 

LA ATENCIÓN

1. En verdad, la atención es la senda
hacia la Inmortalidad; la negligencia nos
conduce a la muerte. Los que son atentos
jamás perecen, pero los que son negligentes
es como si ya estuviesen muertos.
2. Los que conocen esta verdad, y han
aprendido a estar atentos, se deleitan en la
vigilancia y siguen el Camino de los Santos.
3. A través de la meditación, de la
perseverancia, y con una infatigable energía,
los sabios logran la liberación de las ataduras
mundanas, el Supremo Nirvana.
4. La persona dotada de energía, atenta,
que se comporta con pureza y reflexión, que
controla sus sentidos y que actúa con
rectitud, irradia una gloriosa luz espiritual
para bien de todos quienes le rodean.
5. Por medio del esfuerzo sostenido, de
la atención, de la disciplina y del
autocontrol, el sabio puede llegar a ser como
una isla segura a la cual las aguas de la
ignorancia no pueden cubrir.
6. Hay quienes, en su error, descuidan la
atención. El sabio, en cambio, la protege
como si fuese su más grande tesoro.
7. Huye de la negligencia. Evita los
placeres sensuales. La vigilancia y la
meditación te otorgarán la verdadera
felicidad.
8. Cuando, gracias a la atención, el sabio
ha dejado de ser negligente, se eleva hasta el
Templo de la Sabiduría, y contempla
compasivamente a la gente que sufre en el
mundo de la ilusión, del mismo modo que
quien ha alcanzado la cumbre de una
montaña observa a aquellos que aún están en
el llano.
9. Atento en medio de los negligentes,
despierto entre los dormidos, el sabio avanza
dejando tras de sí a los que aún están
sumidos en la ignorancia, como un brioso
corcel que en su rápida carrera deja atrás a
los demás.
10. Es gracias a la atención que posee
Maghavan [Sinónimo de Sakka o Indra, el Rey de los Dioses o
Devas. El Maghamanavaka Jataka narra en una de sus
historias que en un pasado remoto un hombre
bondadoso pasó todo el tiempo de su vida haciendo el
bien a los demás con la ayuda de quienes le rodeaban.
Como resultado de estas acciones inegoístas nació
como Maghavan.] , que ha llegado al supremo rango
entre los Dioses. La atención siempre ha sido
loada por los sabios; la negligencia siempre
ha sido condenada.
11. El monje que se deleita en el cultivo
de la atención y que ve el peligro de la
negligencia, avanza como el fuego
quemando todos sus lazos mundanales, sean
éstos fuertes o débiles.
12. El monje que se deleita en el cultivo
de la atención y que ve el peligro de la
negligencia, difícilmente se apartará del
Camino; él, en verdad, se halla a las puertas
del Nirvana.

Aquí finaliza el Segundo Capítulo titulado:

La atención

Estar más lejos es estar más cerca

El espejo falso, René Magritte (1928)
Desde la perspectiva intelectual, que es analítica y discursiva, el Camino del Conocimiento es paradójico o contradictorio en muchas ocasiones, más de las que una mente muy racional desearía. Un aspecto de la realidad puede parecer en un momento dado una cosa, y luego su contraria. Esto es así porque el Camino no tiene forma definida, y los trazos que intentamos ponerle para comprenderlo y transitarlo se difuminan en la medida en que se profundiza en sus vericuetos.

El título de este artículo, Estar más lejos es estar más cerca, es una cuestión que presenta una paradoja en su inicio. En concreto, y siguiendo la línea de un artículo anterior, me refiero a las relaciones humanas.

En nuestras relaciones con los demás, generalmente, hay una intencionalidad, ya sea estar bien o cualquier estado que nos reporte un beneficio emocional, material o de otro tipo. Cualquier intencionalidad es del ego, puesto que cuando se es consciente solamente se Es, y no hay intencionalidad en nuestras relaciones. En origen, el acto intencionado tiene visión de futuro, porque se espera conseguir algo de ello. Cuando se es consciente, se vive de instante en instante, y entonces no hay intencionalidad. Cuando no hay intencionalidad desaparece el afán del logro, que nos lleva al sufrimiento, debido a que es deseo.

Pero la intencionalidad es casi implícita en nuestras relaciones. Hay una parte en nosotros que consigue algo de prácticamente cualquier interacción. Y esto es normal que ocurra, y es recomendable aceptarlo y no negar ni querer parecer puros, ya que nos estaríamos engañando a nosotros mismos.

Un llamado a la Conciencia II: Yo no me conozco, por Jeanne de Salzmann

Parte I

3.Yo no me conozco

Jeanne de Salzmann
¿Quién soy yo? Necesito saberlo. Si no lo sé, ¿qué sentido tiene mi vida? ¿Quién va a responder en mí a la vida? Entonces, debo tratar de responder. Mi cabeza trata de responder. Me aporta sugerencias sobre lo que soy: un ser humano que puede esto, que ha hecho eso, que posee aquello. Ofrece posibilidades de todo lo que conoce. Pero ella no me conoce, no conoce lo que soy en este momento. Y mi sentimiento ¿puede responder? Entre los centros es él quien podría responder mejor, pero no está libre. Está al servicio del que quiere ser el más fuerte, el más grande, el más poderoso y que sufre todo el tiempo por no ser el primero. Entonces no se atreve, tiene miedo, duda. ¿Cómo puede saber? Ciertamente hay una sensación, la sensación de mi cuerpo. Pero mi cuerpo ¿soy yo?

De hecho, no me conozco. No sé lo que soy. No conozco mis posibilidades ni mis limitaciones. Existo y, sin embargo, no sé cómo existo. Creo afirmar mi propia existencia y dirigirla en una dirección determinada. Pero respondo a la vida emocional o intelectual o físicamente. Nunca soy yo quien responde. Creo que yo puedo hacer, cuando en realidad “soy accionado”, movido por fuerzas de las que nada sé. Todo pasa en mí. Todo sucede. Los hilos son halados sin que me dé cuenta. No veo que soy como una marioneta, como una máquina puesta en movimiento por fuerzas exteriores.