Animales de poder y el inconsciente colectivo: El Lobo



Marga Farró: Autora del libro "Animales de poder y el Inconsciente Colectivo".

Formadora en "Las 4 Vías de Ergasofía" 4VE

http://ergasofia.blogspot.com.es/ 

ergasofia.escuela@yahoo.es

Reseña del libro:

El arquetipo del héroe es un símbolo universal. Es el referente que nos ayuda a encontrar y desarrollar nuestra esencia a través del laberinto del Minotauro. Para ello el ser humano se sirve del signo, señal y símbolo que recibirá a lo largo de su vida para lograr recorrer y resolver ése camino al cuál fue llamado.

Las representaciones arcaicas de animales escenifican y muestran una acción vital de un comportamiento que transforma y perfecciona al hombre. Cada acción importante de la vida tiene un símbolo que la representa. Culturas ancestrales a través de sus observaciones, visiones y sueños, interpretaban el lenguaje y comportamiento animal como una guía para sus vidas. Ellos forman parte de nuestro tejido psicológico y su simbología nos muestra parte de la ruta a seguir. Los sueños son una de las diversas ventanas por las que el símbolo entra.

En esta obra encontraremos una guía que nos ayudará a comprender el simbolismo arquetípico de los animales para superar etapas y estadios internos, una simbología que yace en el inconsciente colectivo y que pertenece a la esencia del hombre. En su conjunto contribuirá a comprendernos y comprender el mundo que habitamos.

Primera Vía "El Cruce del Umbral": http://elsur-elcaminodelheroe.blogspot.com.es/ 

El sentido del río

Nacimiento del río Sil, La Cueta
El río fluye de forma natural, siguiendo su curso. Nunca se entretiene, no cesa en su movimiento eterno. Cuando ha de tomar fuerza para continuar su camino, la toma. Cuando ha de fluir suavemente, lo hace. Si surge un obstáculo que no le permite continuar por la dirección en la que iba, lo supera, ya sea pasando por encima de él o evadiéndolo. Lo importante para el río es no frenar jamás; sigue su curso. Así alimenta al mar y a otros ríos; da vida a plantas y animales, da energía a los molinos de agua.

Cuando nos damos cuenta de esto, vemos el sentido de la continuidad en las acciones y el correcto uso de las energías.

Siempre que nos obsesionamos nos estancamos. Cuando nos obsesionamos con cualquier cosa, quedamos prendados por el deseo de regocijarnos, hasta tal punto que ni siquiera es importante el objeto de nuestra ofuscación, sino que toma el relevo la idealización del objeto en el que hemos fijado nuestro deseo. Es decir, con la obsesión idealizamos las cosas y nos sumergimos en el deseo y la fantasía, apartándonos de la realidad. Para el agua y el sabio no existe preferencia hacia cosa alguna, y así continúan dentro del flujo natural de la existencia misma. 

Ocurre de igual manera en el momento en el que ponemos excesiva atención en un aspecto interno propio que consideramos que hemos de transmutar. Obsesionarnos con ello genera un círculo vicioso de alimentación-desgaste que nos aparta de la completitud de nuestra propia vida, y nos quedamos igual o peor de lo que estábamos, ya que en realidad lo que hacemos es añadir más ego al ego y, a su vez, dejar de lado otros aspectos que podemos trabajar. 

Las Cuatro Nobles Verdades y el Óctuple Sendero

Dentro del budismo destacan ciertos principios y constataciones que nos ayudan a comprender más claramente los procesos a considerar en nuestro camino de vida.
Las Cuatro Nobles Verdades son cuatro principios comunes a todos los seres. En el Mahāsatipaṭṭhāna Sutta —Gran discurso sobre los establecimientos de la atención consciente—, texto sagrado englobado en el Sutta Pitaka1, se nos definen.
La primera Noble Verdad es: el sufrimiento es común a todos los seres. En el texto budista mencionado, se define:
{387} "¿Y qué es, monjes, la noble verdad del sufrimiento? El nacimiento es sufrimiento, la vejez es sufrimiento, la muerte es sufrimiento; la pena, la lamentación, el dolor, la aflicción y la desesperanza es el sufrimiento. La asociación con algo que a uno no le gusta, es sufrimiento, la disociación con algo que a uno le gusta, es sufrimiento, no obtener lo que uno quiere es sufrimiento. En breve, los cinco cúmulos del apego son sufrimiento2.”
Es decir, los actos y consideraciones del ego nos llevan al sufrimiento, un sufrimiento inútil. 

Simbología: El arco

Extraído del Diccionario de Símbolos de Jean Chevalier.

Arco. El tiro con arco real, es a la vez función de cazador, real función de cazador y ejercicio espiritual.

1. Arma real, el arco está en todos los lugares; es un arma de caballero, de kshatriya y está asociada en consecuencia a las iniciaciones caballerescas. La iconografía puránica hace de ella un amplio uso y la designa expresamente como emblema real. Es el arma de Arjuna: el combate del Bhagavad Gita es entre arqueros. El tiro al arco es una disciplina esencial de la vía japonesa del Bushido. Junto con la conducción de carros es la principal de las artes liberales chinas; prueba los méritos del príncipe y manifiesta su Virtud. El guerrero de corazón puro alcanza la fama en el primer tiro. La flecha está destinada a tocar al enemigo, a abatir ritualmente el animal emblemático. La segunda acción apunta a establecer el orden del mundo, la primera a destruir las fuerzas tenebrosas y nefastas. Por ello el arco (más especialmente el arco de madera de melocotonero que utiliza flechas de artemisa o de espino) es arma de combate, y también arma de exorcismo o expulsión: se eliminan los poderes del mal tirando flechas hacia los cuatro puntos cardinales, hacia arriba y hacia abajo (al Cielo y a la Tierra). El Shinto tiene vanos rituales de purificación mediante tiros de flecha. En el Ram la ofrenda de las flechas de Parashu-r toma carácter de sacrificio.

2. La flecha se identifica con el relámpago, el rayo La de Apolo, que es un rayo solar, tiene la misma función que el vajra (rayo) de Indra. Yao, emperador solar, lanza saetas hacia el sol; pero las flechas lanzadas hacia el cielo por los soberanos indignos se vuelven contra ellos en forma de relámpagos. Se lanzaban también en la China antigua flechas serpenteantes, flechas rojas y portadoras de fuego, que representaban manifiestamente al rayo. Por la misma razón las saetas de los indios de América llevan una línea roja en zig-zag que figura el relámpago. Pero la flecha como relámpago —o como rayo solar— es el trazo de luz que perfora las tinieblas de la ignorancia: es pues un símbolo del conocimiento (como lo es la saeta del Matador de dragón védico la cual posee por otra parte, en la misma perspectiva, significación fálica, sobre la cual volveremos). De la misma forma los Upanishad hacen del monosílabo Om una flecha que, lanzada por el arco humano y atravesando la ignorancia, alcanza la suprema luz; Om (àAum) es también el arco que proyecta la saeta del yo hacia el aceitero, Brahma, al cual se une. Este simbolismo está particular mente desarrollado en Extremo Oriente y sobrevive hasta nuestros días en el Japón. El libro de Lie-tsé cita en varios lugares el ejemplo del tiro no intencional, que permite alcanzar el blanco con tal de no preocuparse ni del objetivo, ni del tiro: es la actitud espiritual inactiva de los taoístas. La eficacia del tiro es, por otra parte, tal que las flechas forman una línea continua desde el arco a la diana; lo que implica, además de la noción de continuidad del sujeto al objeto, la eficacia de la relación que establece el rey saeteando el cielo, ya que la cadena de flechas se identifica con el Eje del mundo.

Obsoletos programados

Hay una tendencia común en denunciar lo que hacen aquellos que detentan el poder sobre los pueblos, y se especula respecto a sus objetivos, intereses y fechorías. Eso es correcto, pero si lo analizamos detenidamente, en la mayoría de ocasiones no es otra cosa que una forma de culpabilizar lo que ocurre en el mundo a algo externo a nosotros. Vemos cómo la clase política se sube el sueldo mientras no apoya sectores con necesidades generales, o de qué manera se mantienen en posiciones de poder de forma constante. ¿Tiene una real utilidad mantenerse fijado en esta información? O en cambio,  ¿es una válvula de escape y desahogo al igual que para otros lo es el fútbol?

¿Obsoletos programados?

Probablemente habrá oído hablar de la obsolescencia programada. Es la manera en que las grandes corporaciones consiguen mantener sus beneficios produciendo bienes con una durabilidad limitada. De esta manera se aseguran ganancias continuadas porque el consumidor ha de sustituir el producto una vez se queda obsoleto.

¿Y nosotros, somos obsoletos programados?

Nuestras quejas, denuncias e intentos de cambio no terminan de ser útiles. Las guerras no cesan, cada vez somos más consumistas y tecno-dependientes, y nos aferramos a todo aquello que nos llena momentáneamente para que nuestras vidas tengan un poco de sentido. Los auténticos valores humanos brillan por su ausencia.

Sabemos, sin embargo, que las ideologías ya no sirven, que nuestra forma de vivir no nos lleva a ninguna parte, y el quejarse y culpar a los dirigentes de nuestros males no produce cambios. Todo eso ya no funciona, o no tiene la fuerza que pudo haber tenido en el pasado.

No voy a hablar aquí de cambio de paradigma, bucólicas palabras sin contenido, ya que cuando se habla de ello suele tener el arrastre del presente paradigma. Y en todo caso, se trata de una recuperación de algo que perdimos por el camino. De lo que estoy hablando es que, al igual que los productos de la actualidad se vuelven obsoletos en poco tiempo, nosotros también nos hemos quedado obsoletos.

Responsabilidad

“No busquemos solemnes definiciones de la libertad. Ella es sólo esto: Responsabilidad.”  - George Bernard Shaw

En tiempos anteriores el pueblo daba su confianza y fe a alguien o algo: a la religión, la curia, la ideología de turno, etc. Cedíamos la responsabilidad en el otro, y dejábamos que hiciera lo que parecía conveniente. Y ése fantasma nos persigue.

En un mundo como el de ahora –y en realidad, siempre-, es de vital importancia responsabilizarse de uno mismo y a su vez ser solidarios con los demás en lugar de ceder nuestro poder y desconfiar del prójimo, tal y como solemos hacer. Somos literalmente Participación, y al ser participantes del devenir de la sociedad, somos conductores de nuestro destino. Si somos esclavos de los actos de aquellos que supuestamente tienen más poder que nosotros, es porque así lo decidimos, y lo mismo ocurre en nuestro interior. Porque nosotros somos capaces de elegir que queremos tener elección. Es nuestra responsabilidad. 

Shobogenzo: Daigo, la Gran Iluminación. Maestro Dogen

DAIGO

“La Gran lluminación”

La verdadera Transmisión del Gran Camino, es entregada a través de la
experiencia y la práctica de la iluminación, que debe ser abandonada para lograr la libertad.

La Gran iluminación es la actividad cotidiana de los Budas y Patriarcas en la que no hay que pensar.

Los Budas pueden abrir la puerta de la iluminación con la llave de la completa
libertad.

Los seres humanos disponen de diferentes modos de realizar la iluminación.

Unos sobre el significado de la vida desde el nacimiento y son liberados en
varias etapas de su vida en el comienzo, el medio, y el final. Otros dominando
el verdadero significado del estudio de sí mismos, su piel, músculos, huesos y
médula. Otros trascendiendo el mundo de los opuestos. Otros en fin, ganan el
autoconocimiento sin frecuentar maestros, sutras, u otros medios; su verdadera
naturaleza se manifiesta por sí misma.

Diferentes tipos de personas tienen diferentes medios de realización y todos
poseen la habilidad de entender la verdadera función y significado de su propia
naturaleza.

Si todos poseen esta innata habilidad podemos decir que ya están iluminados,
han recibido el sello de la iluminación y practican el Camino de Buda.

Cuando Budas y Patriarcas están iluminados ellos están simplemente,
volviendo a su hogar original, la naturaleza original de Buda.

Convertirse en un Buda es tener la iluminación de Buda; dinámicamente,
viviendo la iluminación. Es innata, creciente, cubre los tres mundos y se
manifiesta por sí. Entonces podemos ver nuestra propia Gran Iluminación.
La Gran Iluminación no es solamente una ausencia de ilusión. Cuando hay
Gran Iluminación hay gran ilusión también.

No sólo un hombre de Gran Iluminación aumenta su iluminación sino también
un hombre de Gran Ilusión aumenta su iluminación.

¿Podemos deterrninar si un hombre de Gran Iluminación es posible que tenga
ilusiones, si cambia o la Iluminación lo cubre y abarca todo, o todo es ilusión?
El aumento de Iluminación podemos decir que es como aquel ladrón que
robando no era capaz de reconocer a su hijo y viceversa. Sin embargo la Gran
Iluminación reconoce a un ladrón como ladrón y a su hijo como a su hijo.