Simbología: El arco

Extraído del Diccionario de Símbolos de Jean Chevalier.

Arco. El tiro con arco real, es a la vez función de cazador, real función de cazador y ejercicio espiritual.

1. Arma real, el arco está en todos los lugares; es un arma de caballero, de kshatriya y está asociada en consecuencia a las iniciaciones caballerescas. La iconografía puránica hace de ella un amplio uso y la designa expresamente como emblema real. Es el arma de Arjuna: el combate del Bhagavad Gita es entre arqueros. El tiro al arco es una disciplina esencial de la vía japonesa del Bushido. Junto con la conducción de carros es la principal de las artes liberales chinas; prueba los méritos del príncipe y manifiesta su Virtud. El guerrero de corazón puro alcanza la fama en el primer tiro. La flecha está destinada a tocar al enemigo, a abatir ritualmente el animal emblemático. La segunda acción apunta a establecer el orden del mundo, la primera a destruir las fuerzas tenebrosas y nefastas. Por ello el arco (más especialmente el arco de madera de melocotonero que utiliza flechas de artemisa o de espino) es arma de combate, y también arma de exorcismo o expulsión: se eliminan los poderes del mal tirando flechas hacia los cuatro puntos cardinales, hacia arriba y hacia abajo (al Cielo y a la Tierra). El Shinto tiene vanos rituales de purificación mediante tiros de flecha. En el Ram la ofrenda de las flechas de Parashu-r toma carácter de sacrificio.

2. La flecha se identifica con el relámpago, el rayo La de Apolo, que es un rayo solar, tiene la misma función que el vajra (rayo) de Indra. Yao, emperador solar, lanza saetas hacia el sol; pero las flechas lanzadas hacia el cielo por los soberanos indignos se vuelven contra ellos en forma de relámpagos. Se lanzaban también en la China antigua flechas serpenteantes, flechas rojas y portadoras de fuego, que representaban manifiestamente al rayo. Por la misma razón las saetas de los indios de América llevan una línea roja en zig-zag que figura el relámpago. Pero la flecha como relámpago —o como rayo solar— es el trazo de luz que perfora las tinieblas de la ignorancia: es pues un símbolo del conocimiento (como lo es la saeta del Matador de dragón védico la cual posee por otra parte, en la misma perspectiva, significación fálica, sobre la cual volveremos). De la misma forma los Upanishad hacen del monosílabo Om una flecha que, lanzada por el arco humano y atravesando la ignorancia, alcanza la suprema luz; Om (àAum) es también el arco que proyecta la saeta del yo hacia el aceitero, Brahma, al cual se une. Este simbolismo está particular mente desarrollado en Extremo Oriente y sobrevive hasta nuestros días en el Japón. El libro de Lie-tsé cita en varios lugares el ejemplo del tiro no intencional, que permite alcanzar el blanco con tal de no preocuparse ni del objetivo, ni del tiro: es la actitud espiritual inactiva de los taoístas. La eficacia del tiro es, por otra parte, tal que las flechas forman una línea continua desde el arco a la diana; lo que implica, además de la noción de continuidad del sujeto al objeto, la eficacia de la relación que establece el rey saeteando el cielo, ya que la cadena de flechas se identifica con el Eje del mundo.

3. ¿Quién dispara?, se pregunta uno en el arte japonés del tiro al arco. Algo dispara que no soy yo, sino la identificación perfecta del yo con la actividad inactiva del Cielo. ¿Cuál es el certero? Confucio decía ya que el flechador que falla la diana busca el origen del fracaso en sí mismo. Pero es en sí mismo también donde está el blanco. El carácter chino chong que designa el centro, representa una fama traspasada por la saeta. Lo que ésta alcanza es el centro del ser, es el Sí. Cuando consentimos en nombrar semejante blanco lo llamamos Buda, pues simboliza efectivamente el alcance de la Budeidad (hemos dicho anteriormente que era también Brahmá). La misma disciplina espiritual es conocida en el islam, donde el arco se identifica con el Poder divino y la flecha con su función de destrucción del mal y de la ignorancia. En toda circunstancia, alcanzar la Fama, que es la Perfección espiritual, la unión con lo Divino supone el rehilar de la saeta por las tinieblas que son las faltas, las imperfecciones del individuo.

4. En un plano diferente contemplamos en la Rueda de la Existencia búdica a un hombre con una saeta clavada en el ojo: símbolo de la sensación (vedanta) provocada por el contacto de los sentidos y de su objeto. El simbolismo de los sentidos se vuelve a encontrar en la India. En tanto que emblema de Vishnú, el arco representa el aspecto destructor desintegrante (tamas) que está en el origen de las percepciones de los sentidos. K el dios del amor, está representado por cinco flechas que son los cinco sentidos. Se puede aquí recordar el uso del arco y las saetas por Cupido. La flecha representa también a Shiva (armado por otra parte con un arco semejante al arco iris); ésta se identifica con el à linga de cinco rostros. Ahora bien, el linga es también luz. Así asociada al número cinco, la saeta es también, por derivación, símbolo de P encarnación de los cinco zativas o principios elementales pero sin duda también receptáculo de la flecha fálica de Shiva. La  tendencia desintegrante permite recordar además que la palabra GUNA tiene sentido original de cuerda de arco (cooH, COOÁ, DANA, EPET, GOVM, GRAD, GRAF, GUEC, GUES, HERS, HERZ, KALL, MALA, WIEC). P.G.

5. El arco significa la tensión de la que brotan nuestros deseos ligados a lo inconsciente. El Amor —el Sol— Dios posee su carcaj, su arco y sus saetas. La à flecha encierra siempre un sentido macho, ya que penetra. Flechando, el Amor, el Sol y Dios ejercen un papel de fecundación. También el arco, con sus saetas, es símbolo y atributo del amor y la tensión vital entre los japoneses, los griegos, o los magos chamánicos del Altar, así como en todas partes. En la base de este simbolismo se vuelve a encontrar el concepto de tensión dinamizante definida por Heraclito como la expresión de la fuerza vital, material y espiritual. El arco y las flechas de Apolo son la energía del Sol, sus rayos y sus poderes fertilizantes y purificantes. En Job, 29,19-20, simboliza la fuerza:

Mis raíces se extienden hasta las aguas, el rocío se deposita de noche, sobre mi follaje. Mi gloria conservará su lozanía, y en mi mano mi arco renovará su fuerza.
Una comparación muy próxima, colocan do el arco en la mano de Shiva, lo hace emblema del poder de Dios, a semejanza del linga.

El arco de Ulises simboliza el poder exclusivo del rey: ningún pretendiente lo puede tensar; él solo lo consigue y aniquila a todos los pretendientes.

6. Tensado hacia las alturas, el arco puede también ser símbolo de la sublimación de los deseos. Esto parece mostrar el signo zodiacal del Sagitario que figura un arquero apuntando la saeta en dirección del cielo. «Entre los antiguos samoyedos, el tambor llevaba el nombre de arco musical, arco de armonía, símbolo de la alianza entre los dos mundos, pero también arco de caza, que lanza al chamán como una flecha hacia el cielo» (SERH, 149).

Símbolo del poderío guerrero, incluso de la superioridad militar en el Veda, significa también el instrumento de las conquistas celestes. Este poema rico de símbolos evoca las rudas batallas, que son de orden espiritual:

¡Podamos con el arco conquistar las vacas y el botín, con el arco ganar batallas severas! el arco es el tormento del enemigo; ¡ganemos con el arco todas las regiones del espacio! (Rig Veda, 6,75.)

7. El arco es, por último, símbolo del destino. Imagen del arco iris, en el esoterismo religioso manifiesta la voluntad divina misma. También expresa entre los délficos, los hebreos y las poblaciones primitivas, la autoridad espiritual, el poder supremo de decisión. Se atribuye a los pastores de los pueblos, a los soberanos pontífices, a los de tentadores de poderes divinos. Un rey o un dios más poderoso que los otros rompe los arcos de sus adversarios: el enemigo no puede imponerle su ley.

Retoño de frutales es José, retoño de frutal junto a la fuente cuyos tallos rebasan el muro. Los arqueros lo han provocado, le han tirado y la han tomado con él.

Pero su arco ha sido quebrado por un poderoso, los nervios de sus brazos han sido rotos por las manos del Poderoso de Jacob, por el Nombre del Pastor, la Piedra de Israel, por el Dios de tu Padre que te auxilía (Gén 49,22-25).

Como Yahvéh sobre los enemigos de su pueblo y de sus elegidos, cuando lo quiere, el arquero Apolo hace reinar su ley sobre el Olimpo. El himno homérico que le está dedicado exalta así su poder:

Hablaré del arquero Apolo cuyos pasos en la mora da de Zeus hacen temblar a todos los dioses: todos se levantan de su asiento cuando él se acerca, cuando tensa su arco ilustre (HYMH, A Apolo. 1-5).

Con mayor razón, le serán sumisos los humanos. En tanto que arquero, es el señor de sus destinos. Homero lo llama en la Ilíada: «...el dios que lanza el óbito... Apolo de flecha inevitable. Mata con toda seguridad a los que apunta con sus aladas saetas.»

Igualmente, Anubis, el dios egipcio con cabeza de chacal, encargado de vigilar los procesos de los muertos y los vivos, se representa a menudo tirando del arco: actitud que simboliza el destino ineluctable, el encadenamiento de los actos. El rigor del destino es absoluto: incluso el infierno tiene sus leyes; incluso la libertad acarrea una cadena de reacciones irreversibles: «El primer acto es libre en nosotros, dice Mefistófeles; pero nosotros somos esclavos del segundo» (GOE THE, Fausto, primera parte).


8. -En arquitectura, el arco, descansando sobre las impostas se incorpora a la doble simbólica del à cuadrado y del à círculo, y reúne como el à nicho los volúmenes del cubo y de la à copa. Es en primer lugar una victoria sobre el acatamiento carnal. «El arco que eleva a lo alto su corona de piedra proclama la victoria perdurable del esfuerzo anagógico sobre la pesadez material.» Simboliza también «la estilización espontánea e inmediata de la silueta humana: moldea sus contornos y subraya el dinamismo de ascensión» (CHAS, 269).

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