El pensamiento positivo y el pesimismo: dos caras de la misma moneda

Hoy día corre por doquier la creencia del pensamiento positivo como una filosofía de vida que nos permite alcanzar la felicidad y el bienestar, apartando lo negativo de nuestras vidas. ¿Es idónea tal pretensión y actitud?

Como ya sabe el lector, este blog y el trabajo que aquí realizo va enfocado al autoconocimiento, al despertar de la Conciencia y a la participación en la realidad. Esto significa que las reflexiones que expongo van hacia una dirección muy concreta. Con esto quiero decir que una persona que desea vivir una vida cómoda, conformista y mantenedora de bienestar está en su pleno derecho de continuar con ello, y pensar positivamente apartándose de lo negativo es una buena forma de tener una vida más o menos estable, hasta cierto punto, dentro de los cánones de la vida común. Pero cuando hablamos del Camino del Conocimiento, estamos tratando con algo totalmente distinto. El primer tipo de vida que he comentado va en dirección al mantenimiento de la Ley General, y el Camino del Conocimiento nos conduce hacia la Ley de Excepción, siendo ambas diametralmente opuestas.

La dialéctica y las falacias lógicas

Si indagamos en la ciencia de la dialéctica y el discurso, la cual se centra en el estudio del razonamiento lógico, encontramos que hay varios métodos que nos ayudan a abordar las cuestiones intelectuales con solidez y exactitud. A lo largo del tiempo –teniendo a la sabiduría de la Antigua Grecia como columna vertebral de los estudios de la dialéctica-, el refinamiento de la argumentación lógica llevó a describir multitud de modos de defender una tesis que, aun pareciendo coherentes y sensatas, eran especulaciones con grandes fallas en su esencia, puesto que por una o varias razones contenían sesgos cognitivos que no analizaban la realidad tal y como es, sino cercenadamente. Este tipo de razonamientos son llamados sofismas o falacias lógicas.

Hay multitud de falacias lógicas, argumentos con un contenido carente de solidez. Son, consciente o inconscientemente, postulados creados con un interés que siempre va a favor de la persona que los expone, tomando direcciones que, más que ir hacia la verdad, van hacia el propio beneficio. También pueden ser proferidos por la ausencia de conocimiento y la ignorancia respecto a las dinámicas psicológicas en las que solemos navegar.

Sumergidos en la subjetividad, viviendo a través de los deseos, configuramos nuestra visión de las situaciones en base a las tendencias egoicas que nos dominan. Aprender a analizar los hechos desde todos los prismas posibles conlleva una apertura realista a cualquier tema que tratemos. Pero hay más que eso; lo veremos un poco más adelante.


El pensamiento positivo y el pesimismo

Como he comentado al principio del presente artículo, el pensamiento positivo está muy extendido en los círculos que se hacen llamar espirituales. Y así es: el pensamiento positivo es una falacia lógica. Es un modo de acomodar nuestras proyecciones mentales, nuestros deseos y pretensiones. Es una forma de cortar la vivencia de la totalidad, intentando atraer lo que al ego le parece bueno y expulsando lo que nos parece malo. ¿Y qué es bueno y qué es malo? Es una sumersión mayor en la dualidad, una caída en el posicionamiento de una razón u otra, es oponerse a otros aspectos de la realidad. Es acción del ego.

En dialéctica y psicología este fenómeno psicológico es conocido como pensamiento deseoso o wishful thinking. Ricardo García Damborenea, en su Diccionario de falacias lógicas, define el pensamiento deseoso concisamente:
Consiste en considerar exclusivamente las posibilidades favorables, menospreciando el resto de las alternativas. Quien incurre en esta falacia piensa que las cosas irán bien porque pueden ir bien. Es una forma de turbación afectiva de la inteligencia que nos lleva a confundir nuestros deseos con la realidad o, si usted prefiere, lo que es meramente posible con lo que es probable o seguro. […] Habitualmente encadenamos las ensoñaciones según el modelo popularizado en el cuento de La lechera, lo que nos lleva a construir argumentos basados en una serie de relaciones causa-efecto que concluye en un final remoto e innecesario, pero favorable.
Desgraciadamente, muchos se han olvidado de la sabiduría del cuento popular de la lechera…

Opuestamente, también hay una falacia conocida como pendiente resbaladiza, descrita así por Damborenea:
Consiste en una cadena de argumentos que conduce, desde un comienzo aparentemente inocuo, a un final manifiestamente indeseable. Para rechazar una proposición o desaconsejar una conducta apela a consecuencias remotas, hipotéticas y desagradables. […]La falacia consiste en dar por fundadas consecuencias que no son seguras y a veces ni siquiera probables.
Como se dice comúnmente, es verlo todo mal, como si cada acción emprendida nos condujera al fracaso.

Ambas falacias son dos caras de la misma moneda: alimentan al ego y sesgan la percepción del que las profiere, y también, en ocasiones, de los que están alrededor.

Ser consciente

Cuando nos ubicamos en la Conciencia hay integración de todo lo que existe, y por tanto desaparecen las barreras de lo positivo y lo negativo. En todo caso, de forma natural, se hace a un lado el ego y florece la Conciencia. La Conciencia no define las cosas como positivas o negativas, ni pretende irse solamente en una dirección. Todo lo abraza, sin distinción. El razonamiento lógico es útil, pero más allá de todo eso, es práctico si lo usamos conscientemente, sin sesgar la percepción de la realidad de forma interesada.


La forma en que nos ubicamos en la Conciencia no tiene nada de misterioso ni artificial. Poner atención en el día a día, estudiar, practicar meditación, dirigirse a su despertar. Y lo que cada uno descubra, ya que es la experiencia la que nos conduce hacia la comprensión.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario