Simbolismo: La espiral

La espiral, cuya formación natural es frecuente en el reino vegetal (viña, con vólvulo) y animal (caracol, conchas, etc.), evoca la evolución de una fuerza, de un estado.
1. En todas las culturas se encuentra esta figura cargada de significaciones simbólicas: «La espiral es un motivo simple: se trata de una línea que se enrolla sobre si misma, a imitación quizás de las numerosas espirales que se encuentran en la naturaleza, sobre las conchas por ejemplo. Es un motivo abierto y optimista: nada es más fácil, cuando se ha partido de una extremidad de esta espiral, que alcanzar la otra extremidad».
«Manifiesta la aparición del movimiento circular saliendo del punto original; este movimiento lo mantiene y lo prolonga indefinidamente: es el tipo de líneas sin fin que enlazan incesantemente las dos extremidades del devenir... (La espiral es y simboliza) emanación, extensión, desarrollo, continuidad cíclica pero en progreso, y rotación creacional».
La espiral se vincula al simbolismo cósmico de la luna, al simbolismo erótico de la vulva, al simbolismo acuático de la concha y al simbolismo de la fertilidad (doble voluta, cuernos, etc.); representa en suma los ritmos repetidos de la vida, el carácter cíclico de la evolución.

2. Se trata en efecto de la espiral helicoidal, pero el simbolismo en poco difiere del de la espiral plana. Esta se emparenta más bien con el laberinto, evolución a partir del centro, o involución, retorno al centro. La espiral doble simboliza simultáneamente los dos sentidos de este movimiento, el nacimiento y la muerte, kalpa y pralaya, o la muerte iniciática y el renacimiento en un ser transformado. Indica la acción en sentido inverso de la misma fuerza alrededor de los dos polos, en las dos mitades del huevo del mundo. La doble espiral es el trazado de la línea media del yin-yang, que separa las dos mitades, negra y blanca, de la figura. El ritmo alternativo del movimiento queda así expresado en ella con más precisión, lo mismo que en el antiguo carácter chen, que representa con una doble espiral la expansión alternante del yin y el yang.
La doble espiral es también la doble enroscadura de las serpientes alrededor del caduceo, la doble hélice alrededor del bastón brahmánico, el doble movimiento de las nadis alrededor de la arteria central sushumna: polariza y equilibrio de las dos corrientes cósmicas contrarias. El mismo símbolo puede así expresarse por la rotación alternativa de la espiral en ambos sentidos: así en la serpiente Vasiuki, estirada consecutivamente por los deva y los asura, en el mito hindú del batido del mar de Leche; así en el encendedor de arco, que se ha intenta do comparar con la doble espiral céltica y con las funciones de Júpiter como amo del fuego. En el Asia se utilizan todavía taladros de arco muy semejantes. Debe aquí señalar- se que la producción del fuego no difiere de la producción del amrita. Este es el resulta do de la alternancia y del equilibrio de las dos energías de sentido contrario. La doble espiral se emparenta además con ciertas figuraciones del dragón.
Por otra parte el dragón se enrolla en espiras helicoidales alrededor de las columnas de los templos. Y lo mismo la serpiente de la kundalini, alrededor del svayambhuva linga, en la base de la columna vertebral; pero la espiral es aquí no desarrollada, embrionaria. Y el yin-yang puede ser considerado como el rastro descriptivo, en el plano horizontal, de la hélice evolutiva. Esta hélice de paso infinitesimal simboliza el desarrollo y la continuidad de los estados de la existencia, o también de los grados iniciáticos, como ocurre en el uso simbólico de la escalera de caracol.
3. La espiral es un símbolo de fecundidad, acuática y lunar. Marcada sobre los ídolos femeninos paleolíticos, homologa todos los centros de vida y fertilidad. Vida por que indica el movimiento en una cierta unidad de orden o, inversamente, la permanencia del ser bajo su movilidad.
Aparece en todas las culturas. «La espiral es un leitmotiv constante... El simbolismo de la concha espiciforme es reforzado por especulaciones matemáticas, que ven en ella el signo del equilibrio en el desequilibrio, del orden del ser en el seno del cambio. La espiral, y especialmente la espiral logarítmica, posee esta notable propiedad de crecer de una manera terminal, sin modificar la forma de la figura total, y ser así permanente en su forma a pesar del crecimiento asimétrico. Las especulaciones aritmológicas sobre el “número de oro”, cifra de la figura logarítmica espiriforme, vienen naturalmente a completar la meditación matemática sobre la significación de la espiral. Por todas estas razones semánticas y por sus prolongaciones semiológica y matemática la forma helicoidal del caparazón del caracol o de la caracola es un glifo universal de la temporalidad, de la permanencia del ser a través de las fluctuaciones del cambio».
Entre los indios pueblo de Zuni, en la gran fiesta del solsticio de invierno, que es también la fiesta del año nuevo, el primer día, y después de haber encendido sobre un altar el fuego del año nuevo, se entonan can tos-espirales y se danzan danzas-espirales. Esta costumbre podría dar la clave simbólica del origen de todas las danzas giratorias, entre las cuales la más famosa es la de los mevlevi o derviches-danzarines turcos: corno dice Gilbert Durand, «asegura la permanencia del ser a través de las fluctuaciones del cambio». El solsticio de invierno es en efecto, simbólicamente, el momento cero de la cosmología maya, y tiene la espiral por símbolo. Es el instante crítico en que debe asegurarse el nuevo inicio del ciclo anual, sin el cual ocurriría el fin del mundo. El terror provocado por esta amenaza debe relacionarse con los sacrificios humanos practicados por los aztecas para dar fuerza y sangre al sol, a fin de que recomenzase su re corrido.
La doble espiral de enroscadura opuesta (en S) es un símbolo de los cambios lunares y del trueno, mientras que la tormenta está a menudo asociada a los cambios de la luna. Es pues una expresión gráfica del simbolismo de la fecundidad asociado al complejo tormenta-trueno-relámpago. En este sentido puede representar el à trompo.
4. Para numerosos pueblos del África negra la espiral o la helicoide simbolizan la dinámica de la vida, el movimiento de las almas, en la creación y en la expansión del mundo. El glifo solar de los dogon y de los bambara es a este respecto revelador: está hecho de una vasija de barro (matriz original) rodeada por una espiral de cobre rojo que le da tres vueltas (símbolo de masculinidad); ésta simboliza el verbo original, la primera palabra del dios Amma, es decir el espíritu, semilla de la divinidad. Entre los bambara se representa al «monitor» Faro, señor de la palabra, con una espiral en el centro de los puntos cardinales. Se lo materializa con un sombrero de cestería de ocho espiras, cuyo uso estaba reservado antiguamente a los reyes. Según la espiral que ha emprendido al reorganizar el mundo, «Faro se desplaza cada cuatro siglos, para inspeccionar los confines, y luego vuelve al punto central, desde donde vigila y rige el universo». Del mismo modo, en el mecanismo de la procreación, el licor seminal del hombre y su palabra penetran a la mujer por el sexo, pero también por la oreja, que es otro sexo, enroscándose en espiral alrededor de la matriz para fecundar el germen, etc.
Más al sur, un simbolismo análogo rige el empleo de la espiral en el pensamiento cosmogónico de los lulúa y los baluba, tribus bantú del Kasai (Congo). El movimiento de las almas, los espíritus y los genios, entre los cuatro planos del universo, dibuja una espiral o una helicoide. En la glíptica de estos pueblos, una gran espiral blanqueada por dos más pequeñas representa al Dios supremo creando el sol y la luna. Una espiral sola representa la serpiente pitón adujada y abigarrada, imagen del Creador y del movimiento cíclico de la vida. Representa también el cielo, y hasta la peregrinación cíclica de las almas, sucesivamente encarnadas, des encarnadas y reencarnadas. Una espiral de espiras regularmente estriadas significa el movimiento de la vida del hombre, pasando alternativamente por el bien y por el mal. Por analogía, la à concha del gran caracol terrestre, igualmente espiriforme y estriada, «entra en la composición de medicinas de uso doble, benéfico y maléfico».
Dan, gran divinidad vudú, símbolo de continuidad, representado generalmente en Dahomey con la forma de la serpiente que se muerde la cola, asimilado por otra parte al arco iris, es considerado como un ser doble, bisexuado y gemelo en sí mismo, los dos en uno, «enrollados en espiral alrededor de la tierra, que preservan de la desintegración». La espiral toma aquí claramente su’ significación fundamental de movimiento original; es la vibración creadora de los dogon, que está en la base de toda creación, y Paul Mercier tiene esta frase impresionante: «Por sí mismo no hace nada; pero sin él nada puede ser hecho».
Gráficamente, los lulúa representan la tierra, la luna y el sol por series de círculos concéntricos o por espirales, que no se distinguen más que por su tamaño, siendo el más pequeño de estos signos el de la tierra, y el más grande el del sol, respectivamente dos espiras o círculos concéntricos para la tierra, tres para la luna y cuatro para el sol.
5. Con su doble significación de involución y de evolución, la espiral reúne el simbolismo de la à rueda, a la que iguala y supera por frecuencia en las representaciones figuradas o en los motivos ornamentales célticos (metalurgia, cerámica, monedas, etc.). La ciencia moderna ha pretendido ver en ella un equivalente del fulmen latino y un símbolo céltico del rayo, pero esta explicación es insuficiente, pues la espiral es de hecho un símbolo cósmico. Es un motivo que se encuentra a menudo grabado por los cehas sobre los dólmenes o los monumentos megalíticos.
6. La espiral simboliza también el viaje del alma después de la muerte, a lo largo de los caminos por ella desconocidos, pero conduciéndola por sus rodeos ordenados hacia el foco central del ser eterno: «Creo que en todas las civilizaciones primitivas en que se la encuentra, desde el cabo Norte hasta el cabo de Buena Esperanza, y en muchas civilizaciones de América y del Asia, e incluso también de la Polinesia, la espiral representa el viaje post mortem del alma del difunto, hasta su destino final».

7. Entre los germanos una espiral rodea el ojo del caballo que, subido sobre el carro solar, simboliza la fuente de la luz.

Fuente: Diccionario de símbolos, Jean Chevalier y Alain Gheerbrant

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