Cuestiones sobre la Búsqueda II: El lenguaje y el significado de las palabras

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La Torre de Babel,  Brueghel El Viejo (Museo de Historia del
Arte de Viena. 
A priori es sutil, pero el significado que le damos a las palabras es determinante a la hora de relacionarnos con las demás personas. Y no es menos en el Camino del Conocimiento. Los errores de interpretación sobre las enseñanzas de todos los tiempos, venidos desde la profanidad, nos han llevado a tener un enfoque equivocado de la espiritualidad en términos generales. Quisiera poner algunos ejemplos, pero antes de hacerlo, voy a  matizar un poco más por qué cada cual le da un significado particular a las palabras.

P.D. Ouspensky escribió en la obra En busca de lo milagroso:
La gente no se da cuenta de cuán subjetivo es su lenguaje, de cuán diferentes son las cosas que dice, aun cuando todos usan las mismas palabras. No ven que cada uno de ellos habla su propia lengua sin comprender nada, o muy vagamente, la de los demás; sin tener la menor idea que el otro les habla siempre en una lengua que les es desconocida. La gente está absolutamente convencida de tener un lenguaje común y de comprenderse entre sí. De hecho, esta convicción no tiene el más mínimo fundamento. Las palabras que usan están adaptadas a las necesidades de la vida práctica. 

[…] A menudo, si no siempre, las personas creen comprenderse y en todo caso se imaginan que podrían comprenderse con sólo tomarse la molestia; se imaginan también comprender a los autores de los libros que leen, y no ser los únicos que son capaces de comprenderlos. […] Dos hombres pueden decir la misma cosa con profunda convicción, pero dándole nombres distintos, y discutir interminablemente sin sospechar que su pensamiento es exactamente el mismo. O bien, inversamente, dos hombres pueden usar las mismas palabras e imaginar que están de acuerdo, que se comprenden, mientras que en realidad dicen cosas absolutamente diferentes, y no se comprenden en lo más mínimo.
Nuestro condicionamiento y la experiencia adquirida a lo largo del tiempo determinan qué significan las palabras para cada cual. En cuanto al Camino, cada término tiene un significado muy concreto y dirigido a un lugar muy específico a la hora de formar el corpus de la enseñanza. En el momento en que alguien profano a los reales significados hace su propia valoración, subjetiva y personal, está distorsionándola, incluso tergiversándola, porque desconoce la esencia de lo que la Tradición enseña. Al desconocer el auténtico significado de las palabras, se le da la significación propia, y es así como se desvirtúan conceptos y prácticas, y se distorsionan las direcciones hacia el Camino.

Algunos ejemplos de palabras usadas en la Tradición y malinterpretadas en Occidente:

Despertar. Hoy día se equipara el descubrimiento de realidades conspiranoicas y la práctica de terapias con el despertar consciente. Buda, “el despierto”, que se sepa, no era un investigador de conspiraciones ni un practicante de terapias. Él despertó con la meditación, yendo más allá de las formas, decreciendo su personalidad –que no yendo en pos del “crecimiento personal”-, profundizando en el abismo de sí mismo, olvidándose de sí.

Amor. El Amor no es enamoramiento, ni ensimismamiento por algo o alguien. El Amor no es unipersonal, sino que todo lo abarca porque es participación, es Conocimiento. A más aprehensión de Conocimiento, más amorosos somos. Los sufís se hacen llamar a sí mismos los Amantes, y el Amado es Alá, que en el sufismo no es alguien, sino que es Todo. En relación al despertar y al olvido de sí, a la desaparición de sí mismo que produce el fundirse con el todo, dice el poema sufí:

"Tanto he pensado en Ti, que mi ser se ha cambiado por tu Ser, te has acercado paso a paso hacia mí, y poco a poco me he alejado de mí."

Quien entiende el Amor como amabilidad, sonrisas, bellas palabras y exacerbación emocional –que nada tiene que ver con el Corazón-, no está comprendiendo su real significado, sino que está conceptuando al Amor como algo muy concreto, con unas características que pueden ser enumeradas. El Amor no tiene forma porque Todo lo es; a nuestros egoicos ojos, a veces puede ser lo más bello, y en otras lo más terrible.

Felicidad. Hemos comentado más arriba que la búsqueda de la felicidad es causa de sufrimiento. ¿Pero qué es felicidad? Dejando aparte las concepciones filosóficas –aunque son artífices de la concepción mundana que perdura en Occidente-, generalmente la felicidad suele ser entendida como un estado de alegría emocional surgido por alcanzar una meta propuesta, por encontrarse en una situación deseada, etc. Pero tal como lo entendemos, el estado de felicidad es efímero y está supeditado a hechos, personas, objetos, pensamientos y cualquier otra cosa que se nos pueda ocurrir, ya que las satisfacciones son distintas para cada cual.

Lo que puede llamarse felicidad en el Camino es un estado de alegría superior surgida por nuestra conexión con la Divinidad, con la Conciencia, en el que participamos y amamos sin dirección, sin una satisfacción extraída de ningún lugar, sin condiciones, sin motivo alguno. Es estado consciente.

Estos tres ejemplos dan buena muestra de que los errores de conceptuación, o lo que es lo mismo en la actualidad, la occidentalización/profanación de lo sagrado, nos llevan a direcciones que nada tienen que ver con el autoconocimiento.

Es muy importante revisar profundamente nuestras conceptuaciones si verdaderamente optamos por una búsqueda Real. E igual de importante si cabe, deshacernos de los viejos conceptos y creencias –profanas- para dejar entrar a lo nuevo en nosotros. Vaciar la taza.


En el siguiente capítulo indagaremos en la naturaleza de lo sagrado y lo profano, puesto que así divisaremos con mayor claridad lo que nos separa de la Esencia y lo que nos une a ella. Un ejemplo ha sido el lenguaje, pero es nuestro modo de vivir lo que determina nuestra profanidad o el reconocimiento de lo sacro en toda existencia. 

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